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Notas del archivo 'Novelas colegiales' :: bienvenidosalafiesta ::    
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PalomasUnHijo.JPG
jueves, 13 de agosto de 2015

Un hijo, de Alejandro Palomas, es un relato que, al modo de La lección de August, usa el recurso de que cada capítulo lo cuente alguno de los protagonistas y se titule con su nombre. El personaje principal es Guille, un niño de nueve años. Los otros son su profesora, Sonia, la orientadora del colegio, María, y el padre de Guille, Manuel. Además, tiene un papel importante Nazia, una compañera pakistaní de Guille. Guille se acaba de cambiar de colegio y Sonia se da cuenta de que algo raro pasa cuando, al preguntar a los chicos de su clase qué querrían ser de mayores, ve que Guille dice que querría ser Mary Poppins y, cuando Sonia le hace notar que Mary Poppins en un ser de fantasía, Guille le dice que no, que él la conoció en Londres. A partir de ahí se van poniendo de manifiesto las singularidades de Guille y aclarando el misterio familiar que ni él ni su padre confiesan claramente.

El despliegue de los enigmas del pasado podría estar más condensado: enseguida se ve venir cuál es la situación e incluso el lector puede preguntarse por qué la profesora y la orientadora no son capaces de hacer las gestiones necesarias para darse cuenta antes. Luego, algunos momentos de descubrimiento, por parte de las profesoras, parecen demasiado enfatizados. También, la historia de los problemas que tiene Nazia con su familia merecería más recorrido y su resolución queda un poco en el aire. Sea como sea, el relato está bien contado y construido, el modo de actuar y narrar de Sonia y María se corresponde bien con la realidad, y, como la personalidad y la voz de Guille son realmente notables, conseguirá conmover a muchos lectores.

Alejandro Palomas. Un hijo (2015). Barcelona: Bridge, 2015; 283 pp.; ISBN: 978-84-941857-5-5. [Vista del libro en amazon.es]

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SacharHoyos.JPG
jueves, 4 de diciembre de 2014

Un libro juvenil de hace tiempo, una novela colegial curiosa, que, por despiste, no había puesto aquí todavía: Hoyos, de Louis Sachar. Me lo recordó un amigo y, además, hace pocos días se publicó aquí otra reseña, en inglés.
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RichardsonElPrinSabid.JPG
viernes, 25 de julio de 2014

El principio de la sabiduría es una novela de 1910, firmada por Henry Handel Richardson, seudónimo de la escritora australiana Ethel Florence Richardson (1870-1946). En ella se cuentan los años que Laura, una chica de origen modesto, pasa en un internado de Melbourne, entre los 12 y los 17 años, en medio de compañeras de clase más alta que la suya. Todo se centra en los problemas que Laura tiene: en el trato con su madre y hermanas, y en las relaciones con las demás internas: por su insatisfacción interior, por su tendencia natural a meter la pata, por los métodos educativos y por la rigidez de los comportamientos, el suyo y el de quienes la rodean.

Es un relato bien escrito e históricamente interesante por la forma inusual, para la época, en que se aborda el tema. Aunque no pretenda ser infantil, por su tono, lo cierto es que se mantiene dentro de los relatos semejantes del género pero, eso sí, sin la más mínima concesión al buen humor. Es difícil sobreponerse a la sensación que deja de que es una historia descompensada: todo es demasiado serio y tenso, la narradora y protagonista vive en un agobio continuo, sus profesoras son casi siempre duras y distantes, y, salvo al final, ni siquiera entre sus compañeras encuentra un poco de apoyo y descanso. En cualquier caso tiene valor si la leemos como una narración más entre las muchas que presentan un itinerario formativo.

Henry Handel Richardson. El principio de la sabiduría (The Getting of Wisdom, 1910). Barcelona: Alba, 2014; 332 pp.; col. Rara Avis; trad. de Elena Bernardo Gil; ISBN: 978-84-8428-962-3. [Vista del libro en amazon.es]

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VasconcelosVamos.JPG
jueves, 22 de mayo de 2014

Nueva edición de Vamos a calentar el sol, la continuación de Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos, con una nueva traducción castellana. Aquí está una buena reseña: tal como en ella se dice, la novela continúa contando el crecimiento de Zezé, ya sin el encanto del primer relato, pero con calidez y situaciones conseguidas. Es, sobre todo, un relato en el que abundan muchos momentos de vida colegial; Zezé tiene ahora dos fantasiosos amigos que le aconsejan y consuelan, un sapo y un galán cinematográfico, y, en la vida real, sobre todo cuenta con un profesor de su colegio marista en el que confía y con el que se siente comprendido. La novela termina cuando tiene ya quince años, ha conocido a una chica, y sus amigos imaginarios han desaparecido ya de su vida.

La narración es simpática pero tiene un tono afectuoso y tierno que con frecuencia suena empalagoso. La emotividad a flor de piel del protagonista es excesiva, o al menos así suena. Por otro lado, el hecho de que la historia tenga su inspiración en la propia vida del autor no la mejora: son más fáciles de aceptar los autoelogios a la propia bondad y al buen corazón cuando se habla de un niño, como en Mi planta de naranja lima; pero resulta más costoso hacerlo cuando el protagonista es un adolescente inquieto que no para de hacer gansadas. Por otro lado, se ve que al narrador no le basta con ponernos delante los hechos sino que, además, hay terceros personajes que, una y otra vez, insisten en la gran generosidad, bondad, ternura, etc. de Zezé, y el mismo Zezé no deja de señalar con frecuencia que no ha tenido cariño en toda su vida cuando su propia narración lo desmiente a cada paso.

José Mauro de Vasconcelos. Vamos a calentar el sol (Vamos Aquecer o Sol, 1974). Barcelona: Libros del Asteroide, 2014; 325 pp.; trad. de Carlos Manzano; ISBN: 978-84-15625-74-2.

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SteadAlcances.JPG
jueves, 7 de febrero de 2013

Si no fuera porque su construcción gira totalmente alrededor de Una arruga en el tiempo, Cuando me alcances, de Rebecca Stead, para mí sería un libro magnífico. Se desarrolla en Nueva York, el año 1978. Miranda, una chica de doce años, es la narradora y protagonista. Es una entusiasta, igual que otros compañeros de clase, de la novela citada de Madeleine L'Engle. Su amigo y vecino Sal corta su relación con Miranda después de que un chico desconocido, que luego resultó ser un compañero de su mismo instituto, un día le dio un puñetazo en la calle. Luego, Miranda empieza a recibir notas misteriosas donde parece claro que alguien conoce su futuro y de donde se deduce que su vida está en peligro. En su entorno aparece muchas veces también un escurridizo mendigo.

La historia tiene una parte de misterio, una de vida cotidiana, y otra de maduración de la protagonista. La primera está vinculada con las notas que recibe Miranda: la narración está bien planificada para, por medio de sucesivas escenas en capítulos cortos —que la mayoría se titulan empezando igual: «Cosas que guardas en una caja», «Cosas que se pierden», «Cosas que escondes», etc.—, ir aumentando la curiosidad del lector y para que la resolución pueda ser más o menos prevista por quienes conocen la novela de Madeleine L’Engle. La segunda es una buenísima descripción, tanto de la vida urbana como de la vida escolar en el centro de Nueva York: esto se corresponde con los años de infancia y adolescencia de la misma escritora. La tercera se refiere, y muy bien, a cómo la protagonista va comprendiendo mejor en qué consiste la amistad; así, una vez en la que decide tomar la iniciativa para facilitarle las cosas a una chica de la que todos se burlan, comenta: «A veces nunca te sientes más mezquina que en el momento en que dejas de serlo. Es como encender una luz que te hace darte cuenta de lo oscura que estaba la habitación».

Rebecca Stead. Cuando me alcances (When you reach me, 2009). Barcelona: Molino, 2010; 205 pp.; trad. de Alicia Moreno Delgado; ISBN: 978-84-2720-034-0.

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miércoles, 16 de noviembre de 2011

En la tradición de las novelas más o menos colegiales de un chico simpático y revoltoso que se mete en líos, unos divertidos y otros no tanto, una novela del que tengo un muy buen recuerdo: El chico de la ciudad, de Herman Wouk. No está en el mercado español, que yo sepa. A la derecha, portada de una edición norteamericana.

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jueves, 6 de octubre de 2011

Una temporada para silbar
,
del norteamericano Ivan Doig, es una gran novela escolar ambientada en Montana, en 1909, con un encanto fuera de lo común.

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viernes, 10 de diciembre de 2010

Es frecuente que decepcione un segundo libro de un autor cuando el primero lo leíste como un bombazo. Es lo que me ha pasado con Un año de escuela en Trieste, de Giani Stuparich, después del gran impacto que me produjo La isla.

El relato cuenta lo que anuncia el título, un curso escolar, el último antes de ir a la universidad, marcado por la presencia de una única chica que se ha incorporado nueva ese año. Esto provoca que muchos chicos cambien de conducta, buscando agradar a la chica que, aunque intenta ser una más, ve que no es posible; al final se lamentará de que sus compañeros la hayan «obligado a seguir siendo mujer».

El narrador simplemente presenta la cuestión y no hace juicios sobre la ingenuidad de la protagonista, ni sobre la mezquindad o el histerismo de otros personajes. Me atrevo a decir que muchos autores de hoy no serían tan honrados y buscarían dirigir mucho más las opiniones del lector. A mi juicio ahí está el principal mérito del relato, junto con ser una buena pintura de ambientes y personajes, a la vez tan distintos y tan iguales a los de otras novelas escolares.

Giani Stuparich. Un año de escuela en Trieste (Un ano di scuola, 1929). Barcelona: Minúscula, 2010; 94 pp.; col. Paisajes narrados; trad. de Francesc Miravitlles; ISBN: 978-84-95587-69-5.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

Las antiparras del poeta burlón
es un relato corto de José María Merino, inteligentemente construido y muy bien escrito.

En su primera parte un conocido escritor redacta, como respuesta para un periodista que le preguntó por sus comienzos, unos recuerdos de juventud: su descubrimiento de quién fue Quevedo, gracias a su padre, y su actividad como autor anónimo de poemas satíricos contra compañeros de clase y profesores. En la segunda, el periodista comenta ese relato e incluye los poemas que se citan en él. En una breve tercera parte, José María Merino explica que, aunque todo se ambienta en los escenarios de su infancia, en León, eso lo hizo él para cubrir el anonimato del verdadero protagonista de la historia, un amigo suyo.

Al terminar resultan evidentes los propósitos del autor de acercar la figura de Quevedo a los escolares y, al mismo tiempo, de hablarles de honradez intelectual y de respeto a los demás. Pero, antes, es un buen relato del ambiente colegial de los años de adolescencia del autor, que resulta verosímil porque va derecho al núcleo de la anécdota y es escueto en la presentación de las emociones de los personajes; y, en particular, por no caer en la trampa de dulcificar la bajeza del protagonista para que terminara siendo más amable a los ojos del lector, en ese sentido igual que Quevedo.

José María Merino. Las antiparras del poeta burlón (2010). Madrid: Siruela, 2010; 126 pp.; col. Las Tres Edades; ISBN: 978-84-9841-391-5.

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PearsallTetraedro.jpg
miércoles, 29 de septiembre de 2010

El proyecto Tetraedro
,
de Shelley Pearsall, es una novelita escolar entretenida y bien hecha. Es un ejemplo de cómo una buena elección de lo que se cuenta y lo que se deja fuera, y el mismo hecho de optar por un relato más bien esquemático, hace que el lector pase por alto los defectos y acabe interesado en las historias y los motivos de los personajes.

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jueves, 15 de julio de 2010

Una novela de chicos campesinos franceses de principios del siglo XX: La guerra de los botones, de Louis Pergaud. Es una estupenda narración, que tiene fuerza, que hace comprender mejor algunos ambientes del pasado, y que presenta con verosimilitud algunos conflictos que siempre se han dado y se darán entre niños.

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martes, 8 de junio de 2010

Vice Versa or a Lesson to Fathers
,
de F. Anstey, fue una novela de finales del siglo XIX, al mismo tiempo de fantasía, por el recurso que desencadena la historia, y muy realista, por la forma en que presenta la vida colegial inglesa de la época. C. S. Lewis, que había pasado un tiempo en un colegio semejante, la elogió como la mejor novela escolar que había leído. Y sigue siendo amena para cualquiera e instructiva para padres, como pretendía su autor.

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miércoles, 14 de abril de 2010

Una novela importante de finales del siglo XIX, no publicada en España que yo sepa, dentro del género de las novelas colegiales: The Hoosier Schoolboy, de Edward Eggleston. Es amena, tiene personajes atractivos, presenta (y combate) los frecuentes castigos físicos en la escuela, describe juegos habituales entonces entre los chicos, y, junto con una novela previa del autor, The Hoosier Schoolmaster, contribuyó a incrementar la popularidad de los concursos de spelling en Estados Unidos.

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FerrariKamil.jpg
martes, 17 de noviembre de 2009

El increíble Kamil,
de Andrea Ferrari, es un relato con dos líneas en paralelo que al final se juntan. Una, propia de historia escolar, es sobre un chico acomplejado por ser el pequeño entre sus hermanos y porque hay quienes abusan de él en el colegio, que se hace amigo de un chico llamado Kamil que no tiene miedo alguno: hace frente a los abusones y los ahuyenta y, luego, realiza distintas proezas; para el narrador es como Superman. En la otra, un médico, informado de que hay un chico de origen pakistaní que hace cosas increíbles en la ciudad, lo busca para intentar ayudarle. Resultan amenos algunos episodios de vida colegial y atrae también el núcleo del problema de Kamil, por lo que la historia como tal interesa, pero tal vez la construcción novelesca debería equilibrar mejor los dos acentos y los dos hilos argumentales.

Andrea Ferrari. El increíble Kamil (2009). Madrid: SM, 2009; 115 pp.; col. El Barco de Vapor; ISBN: 978-84-675-3625-6.

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HughesTomBrown.jpg
miércoles, 23 de septiembre de 2009

Tomás Brown en la escuela
,
de Thomas Hughes, es el primer glan clásico de las novelas colegiales. No conozco ninguna edición actual en castellano y la que yo leí era una edición de... 1923. Viene bien conocer algunos métodos pedagógicos del pasado, pero no sólo los que rechazamos —el protagonista dice que «una buena paliza en presencia de toda la clase» significó, para él, el punto de inflexión de su vida—, sino los que podríamos aprovechar.

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StaceHabGeo.jpg
viernes, 12 de diciembre de 2008

Habla con George,
de Wesley Stace, me ha parecido una novela original, bien escrita y bien ensamblada. Es la segunda de su autor, un cantante y compositor de música moderna cuyo nombre es John Wesley Harding.

En la primera parte un hilo narrativo sigue a George Fisher, un chico de once años en 1973 a quien envían interno a un colegio debido a que su madre Frankie, actriz, está de gira; George echa de menos, sobre todo, a su bisabuela, de 93 años, antigua ventrilocuista muy famosa conocida como Echo Ender. Otro hilo, situado varias décadas atrás, sigue las peripecias del hijo de Echo, Joe, también ventrilocuista, pero el narrador es George, el muñeco con el que actúa. En la segunda parte toma la palabra el primer George, ya un crecido adolescente dispuesto a descubrir y comprender los misterios familiares del pasado.

Un tramo de la historia tiene algo de novela escolar; otro se centra en la vida familiar un tanto agitada del protagonista, con su madre actriz y su abuela experta en espectáculos infantiles; otro, unido al anterior, trata de los entresijos de teatros y espectáculos y otro, en particular, cuenta cómo era tiempo atrás el mundo de los ventrílocuos; otro más se refiere al trabajo del protagonista en un estudio de «sonicatas» o «ruideros», quienes se ocupaban de poner el sonido a las películas; y se puede considerar otro bloque distinto el que narra la gira de Joe y George durante la segunda Guerra Mundial.

La novela, aunque por momentos es lenta y tal vez se alarga demasiado, se sigue con el interés de los melodramas donde, con el paso de las páginas, se ve que todo el mundo tiene secretos familiares, unos conocidos y otros desconocidos. A pesar de las muchas diferencias con el modelo, no es excesivo llamarla novela dickensiana pues es cierto que los personajes tienen encanto, que si hay ironía también hay calidez y bondad, y que no son pocas las coincidencias para que al final todo cuadre. A muchos lectores les gustará ver que abundan en el relato las referencias literarias, bastantes explícitas pues el protagonista es lector y encargado de la biblioteca en su colegio.

Al fondo está la idea de que la búsqueda de la propia voz que los distintos personajes emprenden viene a ser la misma búsqueda del padre que no tuvieron. También se puede ver al revés: una presencia femenina muy dominante durante la infancia —en el sentido de autoritaria, o en el de manipuladora, o en el de que abunden mucho las mujeres alrededor de un chico—, sin el contrapunto adecuado de una figura paterna, condiciona mucho la personalidad del niño.

Wesley Stace. Habla con George (By George, 2007). Barcelona: RBA, 2008; 416 pp.; trad. de Patricia Antón; ISBN 13: 978-84-9867-264-0.

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jueves, 21 de febrero de 2008

Inventando a Elliot
es un relato colegial firmado por Graham Gardner, con aires de thriller psicológico como La guerra del chocolate (o Subversión en la escuela, en otra edición anterior) de Robert Cormier, pero que no tiene ni su categoría literaria ni su intensidad emocional. También queda lejos de la potencia de Nuestro frustrado héroe, de Mun Yol-Yi, pero hace pensar algo en cómo los chicos necesitan referencias de autoridad verdadera en sus profesores y en sus padres, alguien que defienda la libertad de los más débiles y les facilite afianzar su personalidad.

Elliot, de catorce años, está en una situación familiar difícil y ha sufrido abusos y burlas en los colegios por los que ha pasado. Al llegar a una nueva escuela toda su obsesión es pasar inadvertido. Por cobardía calla cuando un chico es maltratado en su presencia y luego encubre lo sucedido. Más tarde, para su sorpresa, es elegido para formar parte de una especie de sociedad secreta llamada Los Guardianes que atemorizan y controlan a todos los chicos del colegio. Y, por temor, accede.

Se presentan bien el mundo interior confuso y la inseguridad del protagonista; sus dificultades familiares y  los patéticos esfuerzos de su madre y de una profesora para intentar ayudarle; el modo tímido en que se relaciona con un compañero y con una chica de la que se enamora. Sin embargo, el comienzo es muy efectista; en ocasiones se usan expresiones más propias de una novela de acción que de un relato así; el recurso a la novela 1984 de Orwell para explicar las tácticas de control de los Guardianes, y su mismo comportamiento, está sobrecargado y no resulta verosímil.

Graham Gardner. Inventando a Elliot (Inventing Elliot, 2003). Barcelona: Belacqua, 2007; 180 pp.; trad. de Santiago Ochoa; ISBN: 978-84-96694-63-7.

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jueves, 23 de agosto de 2007

En el pasado cité un comentario acerca del interés de Rudyard Kipling en escribir sobre gente real, sobre gente de verdad. Eso se nota bien en una novela escolar que, para la mente políticamente correcta de algunos resulta incómoda, pero que es representativa de un ambiente y una época, que es un ejemplo sobresaliente de novela escolar, y que además es muy divertida: Stalky & Cia. En ella se cuenta, entre otras cosas, la llegada de un político que, dirigiéndose a la escuela, indica el narrador, «les habló de objetivos brillantes que quedaron tiznados por la huella de sus dedos». Y, si esa escena es de ayer y de hoy, igualmente lo es la del enfrentamiento de rugby entre los chicos de la escuela con un equipo de antiguos alumnos, delante de las familias, de la que se nos cuenta que «la técnica exhibida en el partido pertenece a una época muy superada: las riñas fueron fuertes y largas; las patadas, directas y voluntarias; y alrededor del campo de batalla la escuela en pleno gritaba: “¡Bajad la cabeza y empujad!”. Al final, todos perdieron completamente el recato y las madres de los externos que se acercaron demasiado al borde del campo tuvieron la ocasión de oír expresiones que no figuraban en el programa».

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martes, 4 de julio de 2006

Las novelitas escolares para primeros lectores son, por su misma lógica, limitadas. Los problemas que se plantean son siempre los mismos, las anécdotas que suceden son parecidas, las conclusiones que se obtienen casi no varían entre uno u otro relato. Por tanto, a mi modo de ver, un autor debe ser consciente de lo que importa en ellas: la naturalidad y la cercanía (pero sin caer en la ordinariez), que tengan gracia (pero que no intenten tener demasiada), que estén bien escritas (pero sin pretensiones poéticas o estructurales fuera de lugar), que transmitan algo positivo (pero sin énfasis ni lecciones sobreañadidas)... Y debería ser consciente de que, al menos a un lector adulto como yo, le provocan una gran desconfianza e incluso irritación que haga chistes fáciles o que caiga en ciertas complicidades con el niño (al ponerse demagógicamente de su parte), o con el adulto (al decirle justo lo que desea oír para que desee comprar el libro al chico).

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viernes, 2 de junio de 2006

Desde hace tiempo tenía The prime of Miss Jean Brodie en mi lista de libros pendientes de leer, y decidí remediarlo al llegarme la noticia del fallecimiento de su autora, Muriel Spark, y sin esperar más a una edición en castellano (sí hay en catalán). Me ha parecido una novela valiosa, interesante también porque a nuestro lado ahí siguen políticos y educadores iluminados que piensan e incluso afirman lo mismo que Miss Brodie: «Give me a girl at an impressionable age and she will be mine for life».

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HiassenSOS.jpg
miércoles, 22 de febrero de 2006

Aunque suelo hablar de libros buenos, de vez en cuando es útil poner algún ejemplo de libro patético, sobre todo si, como es el caso, a principios de febrero lleva ya 87 semanas en una de las listas de libros más vendidos del The New York Times (la de libros infantiles editados en rústica). Se trata de S.O.S., Hoot es el título inglés original, de Carl Hiaasen, una historia caricaturesca-cursi-hollywoodiense que, al menos desde mi punto de vista, tiene muchos aspectos que dan verdadera grima.

El protagonista es Roy, un chico de doce años con un sentido de la ironía formidable; la chica con la que se alía es una futbolista que vence físicamente a cualquier chico (en el mercado norteamericano esto es básico y, bueno, ser hija de un antiguo jugador NBA también lo explica); hay un chico misterioso, empeñado en una «cruzada» personal en favor de la vida natural de Florida; los malos son un matón de clase y unos empresarios especuladores, todos ellos con menos luces que un barco pirata; los demás personajes (padres, profesores, policías, compañeros) se conmueven y se indignan cuando piensan en los pequeños búhos cuyos nidos se destruirán al construir una nueva «crepería»; hay momentos peliculeros como el de todos los chicos de la escuela cantando «this is your land» delante de las excavadoras...

El policía se siente abrumado por un pesar doloroso e inconsolable al pensar en el destino de los buhítos, se nos dice. A mí también me abruma (no hasta ese punto, ciertamente) que un libro así se promocione y venda tanto.

Carl Hiassen. S.O.S.: la odisea de los búhos (Hoot, 2003). Barcelona: Random House Mondadori, 2003; 282 pp.; col. Serie Infinita; trad. de Laura Rius Calahorra; ISBN: 84-8441-220-2.

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LozanoSiete.jpg
martes, 21 de febrero de 2006

Es difícil dar un aprobado literario a un libro para pequeños con un narrador-niño en primera persona: resulta problemático hacerlo creíble y, además, los autores suelen pasarse de graciosillos, de poéticos, de irónicos, de «colegas»... De todos modos, hay quienes, sin lograr la cuadratura del círculo que significaría resolver lo primero, sí saben evitar lo segundo. Es decir, ocupar su sitio y escribir una historia simpática, que atrae al lector pequeño y le transmite vocabulario e ideas y actitudes vitales positivas, y que rinde al lector adulto al provocarle un interior ¿por qué no?...

Es el caso de Pilar Lozano con Siete reporteros y un periódico: el narrador, doce años, funda un periódico escolar al que se apuntan como reporteros varios compañeros de clase; después de las incidencias de la puesta en marcha, el conserje les informa de un plan especulativo-urbanístico que hace peligrar el futuro del colegio. Con todo, e insistiendo en que el relato está bien, debo indicar tres cosas. Una, que me cansa que los malvados de las ficciones infantiles sean siempre los mismos. Otra, que no me creo que sean los niños quienes puedan resolver algo así, y que son multitud los argumentos en los que los niños acaban siendo los salvadores. Y una tercera, la más importante, que nunca tendrá mi simpatía un adulto (como el conserje) que se oculta y recurre a unos niños como punta de lanza de su denuncia..., y a quien se nos presenta como un tipo «legal».

Pilar Lozano. Siete reporteros y un periódico (2005). Madrid: SM, 2005; 137 pp.; col. El barco de vapor, serie naranja; ilust. de Juan Ramón Alonso; ISBN: 84-348-448-6.

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martes, 17 de mayo de 2005

Uno de los libros que marcan un antes y un después en la historia de la literatura juvenil es Una paz solo nuestra, de John Knowles, una novela colegial de finales de los cincuenta que aborda temas de fondo con seriedad moral y altura literaria. Editada en 1959 y agotada desde hace muchos años ha vuelto ahora en la colección de libros de bolsillo de Alianza.

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jueves, 17 de febrero de 2005

Una novela escolar tan extraña como interesante como difícil de conseguir: Nuestro frustrado héroe, del coreano Mun Yol Yi. La cuestión de fondo en la que nos hace pensar es en qué medios son legítimos para formar futuros ciudadanos libres y capaces de defender la convivencia democrática, en que si la libertad puede ser destruida en nombre de la libertad y, en consecuencia, educar para la libertad no es lo mismo que educar por medio de la libertad, ¿de verdad sabemos de qué hablamos cuando hablamos de libertad?

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