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Notas del archivo 'Libros infantiles' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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martes, 9 de septiembre de 2014

Un buen e instructivo relato, deudor de un episodio de El viaje de Nils, con unas ilustraciones sensacionales, que también, como el libro citado ayer y tantos otros, ahora se puede conseguir solo en bibliotecas: Historia del pequeño ganso que no era bastante rápido, de Hanna Johansen.

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martes, 1 de octubre de 2013

Un relato bonito, ya de hace años pero publicado ahora, sobre adopción: El zorrito perdido. La historia del pequeño zorro que encontró una madre, de Irina Korschunow. Argumento lineal, narración sencilla, excelentes ilustraciones realistas y un tono nada sentimental.

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miércoles, 31 de julio de 2013

Ya que hablé ayer de un autor checo, una obra histórica en ese idioma, que yo he leído en inglés, es The Chattertooth Eleven, de Eduard Bass. Se publicó en 1923 y una de sus singularidades es la de ser una novelita sobre fútbol aunque, por la ingenuidad de sus planteamientos, no creo que guste mucho a los aficionados actuales.
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martes, 30 de julio de 2013

Cuando preparé la primera edición de Bienvenidos a la fiesta (libro) busqué las obras publicadas en castellano de los autores que habían recibido el Premio Andersen. Del checo Bohumil Riha no había (y no hay) casi nada. La única que recuerdo y que puse allí fue Doctor Ping, simpática y amable.

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miércoles, 17 de julio de 2013

Dos libros infantiles, algo distintos a los habituales, del israelí David Grossman: Un niño y su papá, que son seis relatos cortos, y Duelo, sobre la amistad de un chico con dos ancianos.

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miércoles, 20 de febrero de 2013

Después de A favor y en contra, añado un comentario más a los libros de Geronimo y Tea Stilton después de haber leído últimamente dos libros de la serie: La llamada de la selva y El secreto del valor. El primero es una recreación infantil y ratonil de la historia de Jack London (que, si levantara la cabeza y lo viera, se volvería a su tumba y nadie tendría ya la más mínima duda sobre si su muerte fue o no un suicidio). El segundo es un relato donde Geronimo recibe un mensaje por el cual debe inmediatamente ir al castillo de la familia Tenebrax y vencer todos sus miedos.

Del primer relato, poco que decir, salvo que a mí no me gusta nada un texto con perlas como esta: Buck «se concentró, recurrió a todas sus energías y… ¡ÑACA! Le mordió con fiereza la mano al desconocido». Al niño que le guste algo así yo no le impediría su lectura, claro está, pero (si me correspondiera e insistentemente me pidieran una opinión) sí le diría cosas a quien se lo compra o se lo da. Entre las positivas, que los relatos del pasado nos ayudan a conocer los enfoques de otra gente, a la que comprendemos no tanto cuando los leemos en relatos escritos ahora como cuando los dejamos explicarse a ellos mismos con sus propias palabras.

El segundo libro yo lo recomendaría a los adultos para que vean por qué los libros de Stilton son tan eficaces: están bien hechos, tienen ilustraciones simpáticas, son multitud las bromas tipográficas, el relato se cuenta con planos de los lugares, hay juegos de descubrimientos de figuras ocultas en algunas ilustraciones a doble página, tiene golpes de humor magníficos (la cucaracha Kafka o el extraordinario álbum fotográfico de la familia Tenebrax con, entre otros, un animal ecológico y tan útil como Bazofio, que devora y digiere todo tipo de residuos), etc.

Además, un libro como este tiene interés para muchos lectores por los apéndices, llamémosles interactivos (como páginas en blanco encabezadas, por ejemplo, con un «¡Dibuja las cosas que te asustan!», o «¿Tienes pesadillas? Cuéntame una… ¡así te dará menos miedo!», etc.); y por los muchos, muchos consejos de «psicoliteratura» que se resaltan adecuadamente según avanza la historia («enfréntate a lo que te da miedo y verás cómo tu confianza aumenta»; «¡con un amigo cerca… es fácil recorrer el camino!», etc.); incluso, al final, hay una colección de «¡Frases valerosas!».

Entre las recomendaciones de todo tipo para vencer el miedo a la oscuridad o al dentista, para superar la timidez o el pánico a volar, el temor a los insectos o a ir al hospital, etc., las más asombrosas son las que se dan para frenar en seco a los abusones: «Intenta decirle con tranquilidad y buenas maneras que podríais convertiros en amigos en lugar de ser enemigos»; «¡si te muestras decidido, verás cómo se va!»; «¡míralo fijamente a los ojos!»; «¡si alguien te agrede, no respondas a la violencia con más violencia!»; «el mejor modo de resolver los problemas es hablar de ellos tranquilamente»…

En fin, cuando encuentro libros infantiles que dicen cosas como estas reconozco que simpatizo muchísimo con los niños que de ninguna manera quieren leer y con los que, por lo bajo, se ríen de los adultos que les insisten en lo mucho que aprenderán y disfrutarán con la lectura.

Geronimo Stilton. La llamada de la selva (Il richiamo della foresta, 2012). Barcelona: Destino Infantil y Juvenil, 2012; 224 pp.; col. Grandes Historias Stilton; trad. de Miguel García; ISBN: 978-8408007470.
Geronimo Stilton. El secreto del valor (Il Segreto del Coraggio, 2004). Barcelona: Destino Infantil y Juvenil, 2012; 392 pp.; col. Libros especiales Stilton; trad. de Manel Martí; ISBN: 978-84-08-11138-2.

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martes, 19 de febrero de 2013

En su momento puse un comentario a los libros de Bat Pat titulado Temores infantiles con humor. Añado algo más ahora, después de haber leído dos libritos recientes: El gran gruñón de la selva y El misterio de la Atlántida. En la primera, los Silver, con Bat Pat, acuden a un concurso televisivo en una isla asiática y allí tratan con los indígenas y encuentran un gran gorila legendario. En la segunda, van con su tío a la isla de El Hierro donde descubren la Atlántida e incluso conocen a Poseidón. Como dije, jamás desanimaría a los lectores niños que los disfruten, pues son vistosos y tienen golpes de humor y de lenguaje simpáticos, pero me planteo dos cosas.

Una, que al ser tan políticamente correctos no es sólo que todo resulte de lo más previsible sino que, de tan educativos, acaban siendo estúpidos. Al menos a mí me parece ridículo que el gorila Kong sea superculto, magnífico lector, y fanático de la limpieza; e incoherente que los indígenas a los que al principio temen sean, naturalmente, los listos y buenos y, por supuesto, que los del reality en el que participan sean los tontos y malos (lo cual se tendría que aplicar a ellos mismos, que lo ven y concursan, ¿no?).

Otra cuestión es si conocer antiguas historias en un contexto como el de El misterio de la Atlántida no provocará un efecto que, para muchos, será contraproducente. Igual que a una pregunta de clase de si alguien ha leído tal libro hay quien responde que «bueno, he visto la película», habrá lectores de libritos como estos que, dentro un tiempo, dirán algo así como «claro que conozco esa historia, la leí en un libro de Bat Pat cuando era pequeño».

Roberto Pavanello. El gran gruñón de la selva (Il grande Kong, 2012). Barcelona: Montena, 2012; 112 pp.; col. Bat Pat; trad. de Ana Andrés Lleó; ilust. de ; ISBN: 978-8484419723
Roberto Pavanello. El misterio de la Atlántida (Il tesoro di Atlantide, 2012). Barcelona: Montena, 2012; 112 pp.; col. Exploradores del tiempo; trad. de Ana Andrés Lleó; ilust. de Ivan Bigarella; ISBN: 978-8484414629.

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martes, 12 de julio de 2011

Aunque no conozco edición española reciente, una colección de optimistas minirelatos de vida cotidiana para pequeños que vale la pena conocer: los de Mila y Yaco, de Annie Maria Schmidt.

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martes, 14 de junio de 2011

Si la fórmula de un libro funciona es lógico intentar una segunda parte, por más que algún dicho popular lo desaconseje.

Es el caso de La revancha del gallo, de Beatrice Rodríguez, un álbum que continúa la historia iniciada en Ladrón de gallinas. Cuando el oso, el conejo y el gallo se despiden del zorro y la gallina, naufragan en su viaje de regreso y, entre las muchas cosas que les pasan, acaban encontrando un extraño huevo. La historia tiene menos chispa y menos «lógica» que la primera pero la ilustradora tiene gran habilidad para narrar sólo con imágenes y atrapar el interés del lector.

Y es el caso de Se vende papá, de Care Santos, que tiene los mismos personajes de Se vende mamá, pero cambia de narrador: esta vez es Nora y no Óscar quien narra. El padre de Nora, presentador de televisión, ha ido al paro y ha decidido volver a casa y convertirse en el padre perfecto, cosa que Nora teme y, junto con Óscar, se pone a buscarle un trabajo. Es una historia divertida donde lo que cuenta es la simpatía de la narradora y el humor de algunas situaciones. Y, más todavía que el anterior, es un libro para niños de los que apuntan hacia los padres.

Ambos están bien: gustarán a quien haya disfrutado de la primera entrega.

Beatrice Rodríguez. La revancha del gallo (La revancha du coq, 2011). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2011; 25 pp.; ISBN: 978-84-92412-85-3.
Care Santos. Se vende papá (2011). Madrid: SM, 2011; 131 pp.; col. El barco de vapor; ilust. de Andrés Guerrero; ISBN: 978-84-675-475-11.


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martes, 12 de octubre de 2010

La serie de libros del pequeño murciélago Bat Pat, que firma Roberto Pavanello, es otro éxito de la misma editorial italiana en la que nacieron las de Gerónimo Stilton y Ulysses Moore. Como ellas, pero incluso bajando algo la edad de los lectores a los que gusta Stilton, se dirige a niños «contentos de ser niños» y no a los niños que ya comienzan a tener inquietudes más serias; y, como ellas también, los protagonistas tienen nombres británicos, un elemento no desdeñable para explicar la aceptación de los libros entre nosotros. He leído varios que me han gustado, porque son simpáticos y están bien hechos y, como ya comenté a propósito de Stilton, si a los niños les aportan diversión y una experiencia placentera de la lectura, pueden ser la puerta para otros libros.

En esta entrevista de hace unos meses con el autor, cuando le preguntan por la clave para el éxito viene a decir que es que son libros que presentan de modo humorístico los temores propios de los niños. Un ejemplo que tomo de La isla de las sirenas lo aclara: «¡¡¡Hola!!! Soy Bat Pat. Os voy a contar una historia que os pondrá los pelos de punta…. ¿Estáis preparados? ¿Qué es, para vosotros, lo más espeluznante del mundo? Dejadme que lo adivine: ¿una tarántula negra y peluda como un oso? ¿Un cementerio abandonado? ¿O tal vez una rata apestosa? Yo lo tengo claro: no hay nada peor que EL AGUA. Con solo acercarme a la ducha se me erizan los pelos y al pensar en el mar, ¡¡¡me tiemblan las alas!!! Pues ¿sabéis dónde quiere llevarme de vacaciones la familia Silver? Con mi mala suerte habitual, no hace falta ser muy listo para adivinarlo...»

En esa entrevista también se indica que, pronto, igual que Tea Stilton siguió a Geronimo Stilton, habrá libros de una «batpatina», otro ejemplo de algo dicho tiempo atrás y de que las niñas leen más y leen distinto que los niños.

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martes, 7 de septiembre de 2010

Me han preguntado algunas veces qué opino de los libros de Gerónimo Stilton y Tea Stilton.

La primera salvedad que hago es la de que no los he leído todos, sino sólo unos diez, por lo que mi comentario no puede ser completo. La segunda es que son libros que han de juzgarse como lo que son, como un producto cuyas pretensiones son comerciales, y en este sentido pocas pegas se les pueden poner: son un éxito arrollador. Esta forma de confeccionar historias es muy antiguo en la literatura popular y, por supuesto, en la literatura infantil y juvenil: el ejemplo más característico es el de las series que, a principios del siglo XX, puso en marcha Edward Stratemayer (en su juventud secretario de Horatio Alger, otro maestro de los libros infantiles de gran éxito popular), y que duran hoy todavía.

Dicho lo anterior, lo positivo que tienen los libros de Stilton es que son libros bien hechos, y que al lector niño le aportan diversión y una experiencia placentera de la lectura, por lo que pueden ser la puerta para otros libros. Esto es mucho y, por eso, merecen aplausos. Además, en los ejemplares que yo he leído no he tropezado con historias que tengan pasajes zafios (como algunos que sí vi en libros de Pablo Diablo).

Las razones para explicar por qué no me gustan del todo tienen que ver con mis propias preferencias y con lo que yo espero de los libros. Una es la misma por la que no me gusta comer en un MacDonald: dada mi edad y mi biografía prefiero otro tipo de establecimientos y otro tipo de comidas. Otra es la misma por la que no me gustan algunas versiones de cuentos clásicos de Disney: no por el hecho de que sean más o menos edulcoradas, que a eso todo el mundo tiene derecho, sino por lo que tienen de «saqueo» de relatos que merecerían ser tratados de otra manera, o que yo prefiero que lleguen a los lectores de otra manera. Y otra más, que los libros de Stilton comparten con muchos otros libros actuales, es la clara intención que tienen de presentar tantos buenos sentimientos enlatados (que, no lo voy a discutir, suelen ser mejores que los malos sentimientos enlatados), y que, por tanto, muchas veces suenan falsos.

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martes, 3 de agosto de 2010

Maurice Druon
,
académico francés y autor de conocidas novelas históricas, escribió un relato infantil que, ahora mismo, creo que está descatalogado: Tistú el de los pulgares verdes, un libro pacifista de finales de los años cincuenta, que bien pudo ser una lectura infantil de algunos protagonistas posteriores del movimiento hippie. La portada de la edición francesa, que pongo a la derecha, va más con ese espíritu del libro que la de la edición española que figura en la reseña.

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martes, 23 de febrero de 2010

Las aventuras del caballero Trenk,
de Kirsten Boie, es una historia entretenida y bien contada, con acentos de cuento popular y de relato de aventuras, que se dirige a lectores niños.

Se sitúa en la Edad Media. Su protagonista es el joven Trenk que, como ve que su padre es azotado año tras año por no poder pagar unos impuestos injustos a su señor, decide huir llevándose a su cerdo Porquín. Encuentra primero a unos juglares y aprende algunas habilidades que le serán útiles. Después se hace pasar por sobrino del caballero Hans de Granhonor y recibe adiestramiento en su castillo para llegar a ser un caballero. Junto con la hija de Hans de Granhonor, Thekla, tendrá que hacer frente a un dragón.

A favor: el argumento está bien hilado, los personajes principales están bien dibujados, el tono de conjunto es divertido y optimista, la integración de texto e ilustraciones lo hacen un libro atractivo.

En contra: los acentos muy didácticos del narrador, que no sólo explica cosas sino que, además, hace notar al lector que seguramente no las sabe; y que no se conforma con mostrar lo que pasa sino que lo aclara una y otra vez para quien no sea capaz de darse cuenta por sí mismo.

Aunque ya desde la presentación de personajes, donde se dice que Thekla de Grandhonor «hace muchas cosas que entonces no podían hacer las chicas», el lector puede suponer lo que le aguarda, tal vez no esperara un párrafo así: «tal vez ignores que en esa lejana época las mujeres tenían prohibido ser actrices (¡sí, claro que era injusto!), por lo que se utilizaban a chicos jóvenes disfrazados de mujer o de jovencita para interpretar los papeles femeninos». Luego, varias veces el narrador hace notar cosas parecidas e insiste en que «afortunadamente esos tiempos han quedado atrás» (un claro ejemplo de lo señalado hace días).

Más aún: cuando el narrador afirma que «en esa época los hombres pensaban que las mujeres eran delicadas, débiles, miedosas y no demasiado útiles cuando había que luchar», debe tener en la cabeza a mujeres que no han hecho nada en la vida (y que por tanto sólo pueden ser de clase alta), pero no se le ocurre pensar que las mujeres campesinas y trabajadoras de la Edad Media (que eran la inmensa mayoría) no tenían nada de delicadas, y tendrían de débiles y de miedosas tanto como sus hermanos, sus maridos o sus hijos, ni más ni menos, y, si me guío por mi conocimiento de las mujeres campesinas de mi familia, seguramente menos. En fin, es también una falta de seriedad indicar en la contracubierta la «rigurosa ambientación histórica» del relato.

Kirsten Boie. Las aventuras del caballero Trenk (Der kleine Ritter Trenk, 2006). Barcelona: Salamandra, 2009; 288 pp.; trad. de José Antonio Soriano Marco; ISBN 13: 978-84-9838-226-6.

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martes, 3 de marzo de 2009

Hace pocos meses leí un buen comentario sobre Zapatos de fuego y Sandalias de viento, de Ursula Wölfel, un libro de los años sesenta cuyo encanto dura.

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jueves, 25 de octubre de 2007

El enigma del séptimo paso,
de Tonke Dragt, trata sobre un profesor que inventa historias para sus alumnos al que le comienzan a suceder cosas extrañas: entra en relación con personajes singulares y acaba en medio de una especie de antigua leyenda sobre un niño y un tesoro escondido; a todo esto, va contando a sus alumnos lo que le pasa y ellos intervienen.

Después de las novelas anteriores de la autora, Carta al Rey y Los secretos del Bosque Salvaje, comencé a leer con interés este relato pero me cansó enseguida. Sin duda está bien escrito y revela talento salir indemne de un argumento tan enredado: cada uno de los siete capítulos tiene tantos «pasos» como indica su número, y hay varios juegos más con el número siete, como el misterio de un cruce de caminos llamado el Séptimo paso pero al que sólo llegan seis caminos.

Supongo que la decepción tiene que ver con las expectativas del comienzo, o tal vez con mi idea de que los acertijos han de ser cortos y no largos. En cualquier caso me parece que la historia pide demasiado tiempo y atención para la recompensa que se obtiene.

Tonke Dragt. El enigma del séptimo paso (De Zevensprong, 1967). Madrid: Siruela, 2007; 315 pp.; col. Las tres edades; ilust. de la autora; trad. de María Lerma; ISBN: 978-84-9841-051-8.

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miércoles, 4 de abril de 2007

En la línea de recordar relatos antiguos de autores de prestigio, como el de ayer o los citados la semana pasada de Virginia Woolf y de Henri Bosco, otro del que por ahora no se ha hecho una nueva edición, es Reventones y alambretes, de André Maurois. Este simpático relato, escrito poco después de la segunda Guerra Mundial, habla con buen humor de la fuerza de los prejuicios, y de las tonterías en las que a veces se basa la animadversión entre los pueblos y que desencadenan conflictos que luego todos lamentamos.

Los protagonistas son los hermanos Doble, Edmundo y Teodorico, de nueve y diez años. El primero es muy gordo y entusiasta de las comidas, como la madre, y el segundo es muy delgado, como el padre. Se pelean continuamente pero se quieren mucho. En una excursión al campo descienden por una misteriosa escalera y llegan a un mundo dividido en gente de dos tipos, los Reventones y los Alambretes, cuyas diferencias son irreconciliables y están en conflicto debido a la isla de Revembrete: sería peligroso para los Alambretes si perteneciese a los Reventones y al revés; además, unos quieren que se llame Alanventón y otros que se llame Revembrete.

Con la misma intención que tuviera Erich Kästner cuando escribió por las mismas fechas La conferencia de los animales, Maurois intentó enviar un mensaje de paz y convivencia, elogiar la diversidad de los modos de ser y actuar, y formular su esperanza de que una nueva generación fuera más sensata.

André Maurois. Reventones y alambretes (Patapoufs et Filifers, 1948). Barcelona: Labor, 1986, 4ª ed.; 134 pp.; col. Labor Bolsillo Juvenil; ilust. de Fritz Wegner; trad. de Inocencio Tejedor; ISBN: 8433584138.

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miércoles, 28 de marzo de 2007

Otro relato recuperado por Gádir es El niño y el río, de Henri Bosco.

Ambientado en Provenza, el narrador es un chico llamado Pascal que vive con sus padres en el campo. Su padre le deja libertad para todo menos para tomar el camino del río, con lo que sus deseos de ir allí van en aumento. Hasta que, al fin, va al río cuando sus padres están fuera unos días y él se ha quedado solo con su tía Martina. Pero las cosas se complican: ayuda a un chico llamado Gatzo a escapar de unos gitanos y acaba viviendo con él unos diez días en las cercanías del río. Finalmente vuelve a su casa y se averigua la historia de Gatzo.

La historia tiene un excelente arranque: la tentación de marcharse del protagonista está reflejada con acierto y se transmite una tensión y expectación crecientes. El relato encalla luego un poco: algunos pasos posteriores del argumento parecen poco creíbles; la descripción de paisajes y el asombro que la naturaleza provoca en Pascal, a base de frases muy cortas, está conseguida muchas veces, pero también hay escenas contadas con un lirismo un tanto artificial. Con todo, está bien: es un relato que me ha interesado conocer.

Henri Bosco. El niño y el río (L’enfant et la riviere, 1945). Madrid: Gádir, 2006; 127 pp.; ilust. de Concha F. Montesinos; trad. de José Luis Rivas; ISBN: 84-935237-6-3.

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miércoles, 22 de noviembre de 2006

De las novelas infantiles de Susanna Tamaro la que me parece mejor es Tobías y el ángel. El humor de la historia no deforma (demasiado) la figura del ángel protagonista y, además, en ella se vuelve a la imagen que usara George MacDonald muchos años antes: «El destino es una especie de largo ovillo de lana. Este ovillo poco a poco se desenrolla y construye la vida. A veces corre liso, a veces forma nudos. Lo importante es tener siempre el extremo en la mano. Un cabo de la madeja está en el puño del hombre y el otro está allá arriba, apretado en la mano infinita del Creador».

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martes, 5 de septiembre de 2006

Dentro de la historia de la literatura infantil han tenido un importante papel algunos editores concretos, que han tenido alguna idea genial, que han sido los impulsores de autores decisivos... Algunos del pasado fueron: John Newbery, Jules Hetzel, Edmund Evans, Saturnino Calleja...

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