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Notas del archivo 'Raíces' :: bienvenidosalafiesta ::    
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domingo, 20 de febrero de 2011

Siguiendo con la idea comentada en Prestar atención, en este libro se indica que, hablando sobre lo que quería decir con la expresión la «banalidad del mal» en su obra Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt señalaba que «el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la “banalidad”. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical».

Y el entonces cardenal Ratzinger decía: «El mal no es —en contra de lo que Goethe quiere mostrarnos en el Fausto— una faceta del todo, de la que tenemos necesidad, sino que es la destrucción del ser. El mal no puede presentarse precisamente, como el Mefistófeles del Fausto, con las palabras: yo soy “una parte de aquella fuerza que quiere siempre el mal y crea siempre el bien”. Entonces el bien tendría necesidad del mal, y el mal no sería, ni mucho menos, realmente malo, sino que sería una parte necesaria de la dialéctica del mundo. Con esta filosofía se han justificado las víctimas del comunismo, que se edificó sobre la dialéctica de Hegel, aplicada por Marx a la praxis política. No, el mal no pertenece a la dialéctica del ser, sino que lo ataca siempre en su raíz».

Joseph Ratzinger. Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo (Glaube, Warheit, Toleranz. Das Christentum und die Weltreligionen, 2003). Salamanca: Sígueme, 2006, 6ª ed..; 237 pp.; trad. de Constantino Ruiz Garrido; ISBN: 84-301-1519-6.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

Un texto de Etienne Gilson: «Hay un problema ético en la raíz de nuestras dificultades filosóficas; los hombres somos muy aficionados a buscar la verdad, pero muy reacios a aceptarla. No nos gusta que la evidencia racional nos acorrale, e incluso cuando la verdad está ahí, en su impersonal e imperiosa objetividad, sigue en pie nuestra mayor dificultad: para mí, el someterme a ella a pesar de no ser exclusivamente mía; para usted, el acatarla aunque no sea exclusivamente suya. En resumen, hallar la verdad no es difícil; lo difícil es no huir de la verdad una vez que se la ha hallado. Aunque no sea un “sí, pero...”, con frecuencia nuestro sí es un “si, y...” (...). Los más grandes filósofos son aquellos que no titubean en presencia de la verdad, sino que le dan la bienvenida con estas simples palabras: Sí, amén».

Etienne Gilson. La unidad de la experiencia filosófica (The unity of philosophical experience, 1936-1937). Madrid: Rialp, 1998, 4ª ed.; 280 pp.; col. Biblioteca del Cincuentenario; trad. de Carlos Amable Baliñas; ISBN: 84-321-3210-1.

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domingo, 30 de diciembre de 2007

Dos citas de Stevenson, apropiadas para un final de año:

—«Vamos avanzando en años, a la manera como un ejército invasor se va apoderando de tierras yermas. La edad que hemos alcanzado la sostenemos, como si dijéramos, con una avanzadilla, pero seguimos teniendo comunicación abierta con la extrema retaguardia y con las primeras iniciaciones de la marcha. Allí está nuestra verdadera base. Allí está no sólo el origen, sino también la fuente perenne de nuestras facultades».

—Con los años, «lo que perdemos en generosidad de impulso lo ganamos con mucho en el hábito de observar generosamente a los demás; y la capacidad para gozar de Shakespeare bien puede contrabalancear la perdida aptitud para jugar a los soldados. Además, el terror se ha apartado de nuestra vida; ya no vemos al demonio en las cortinas de la cama ni permanecemos despiertos escuchando el silbido del viento».

Mmm...

R. L. Stevenson. Virginibus puerisque y otros ensayos.

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domingo, 18 de febrero de 2007

Cualquier progreso hacia un mayor conocimiento exige ir desprendiéndose de los modelos imaginativos que un día cumplieron su función: si alguien se atasca en la imagen del átomo como unas bolitas que dan vueltas alrededor de una bolita mayor se queda incapacitado para entender la estructura de la materia; si en la mente de un estudiante arraiga la secuencia de dibujos en los que se ve como un mono va irguiéndose progresivamente hasta llegar a ser un hombre, nunca podrá estudiar seriamente la evolución; si un niño se queda con la imagen del diablo que le transmiten algunos cuentos no comprenderá nada de la presencia del mal en el mundo cuando sea mayor...

Para ilustrar esto último se puede recordar una anécdota, cuya versión original y fecha exacta no conozco, protagonizada por el cardenal de París, Jean-Marie Lustiger, judío converso y cuya madre falleció en Auschwitz en 1943. En una ocasión fue entrevistado en televisión «por un periodista, que le preguntó:

—Señor Cardenal, ¿cree usted en la existencia del demonio?
—Sí, si creo.
—Pero en una época de tantos progresos científicos y tecnológicos, ¿usted sigue creyendo en la existencia del demonio?
—Sí, sigo creyendo en él.
—¿Ha visto al demonio?
—Sí, lo he visto.
—¿Dónde?
—¡En Dachau, en Auschwitz, en Birkenau!
Entonces el periodista enmudeció».

F. X. Nguyen van Thuan. Testigos de esperanza (Testimoni della speranza, 2000). Madrid: Ciudad Nueva, 2000, 4ª ed.; 249 pp.; trad. de Juan Gil Aguilar; ISBN: 84-89651-8-2.

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domingo, 8 de enero de 2006

«Si "religión" significa lo que el hombre dice de Dios, y no lo que Dios hace en el hombre, el Panteísmo "es" casi religión. Y "religión" en este sentido se enfrenta a la larga con sólo un formidable oponente: el Cristianismo». Por eso, indica el mismo autor en una nota, «Si un Ministro de Educación afirma que valora la religión y al mismo tiempo toma medidas para suprimir el Cristianismo, no se sigue necesariamente que sea hipócrita o siquiera necio (...). Quizá desee sinceramente más "religión" y vea acertadamente que la supresión del Cristianismo es una necesidad preliminar para realizar su intención».

C. S. Lewis. Los milagros (Miracles, 1947). Barcelona: Encuentro, 1996; 276 pp.; col. Libros de bolsillo; trad. de Jorge de la Cueva; ISBN: 84-7490-278-9.

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viernes, 6 de mayo de 2005

Explica José Jiménez Lozano que la educación antigua «no ocultaba su carácter de "doma"» mientras que la «nueva educación habla del respeto al desarrollo autónomo del niño, pero se lo modela mucho más profundamente incluso conforme a un esquema de oveja sumisa a los estereotipos del tiempo». En particular, se le «oculta todo el universo dantesco que el mundo ha sido y es. Y todo resulta como si se tratara de fabricar un rebaño de ovejas inconscientes y felices. Nosotros sabíamos que existía el mal, y que podíamos ser malos; y a lo mejor eso era traumático, pero era puro realismo».

José Jiménez Lozano. Una estancia holandesa. Conversación. Barcelona: Anthropos, 1998; 152 pp.; ISBN: 84-7658-547-0.

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miércoles, 27 de abril de 2005

A quienes desean a toda costa racionalizar el mundo les viene bien leer, entre otras obras, El señor de las moscas, de William Golding. Yendo más allá del comentario que una vez oí, que con este relato se da la razón a quienes piensan que un pesimista no es más que un optimista bien informado, lo cierto es que Golding revela lo evidente: hay una raíz interior del mal e ignorarlo sólo trae consecuencias terribles.

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jueves, 10 de febrero de 2005

Don Quijote: «¡Oh, envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias».

Don Quijote de la Mancha. Capítulo VIII, 2ª parte.

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