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Notas del archivo 'Navidad' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 25 de diciembre de 2015

Una cita más de Samuel Johnson apropiada para un día de Navidad:

«En este estado de incertidumbre universal, donde miles de peligros se ciernen sobre nosotros, y ninguno puede asegurar que el bien que persigue no es un mal disfrazado, o si el próximo paso le guiará a una existencia segura o a la destrucción, nada puede proporcionar ninguna tranquilidad racional, sino la convicción de que nada en realidad está gobernado por la casualidad, sino que el universo está bajo la perpetua superintendencia de quien lo creó; que nuestro ser está en manos de una bondad omnipotente, para quien lo que a nosotros nos parece casual está dirigido en última instancia por fines benévolos y misericordiosos; y que en última instancia nada puede dañar a quien no se excluye del favor divino».

Samuel Johnson. Ensayos literarios. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2015; 580 pp.; trad. de Gonzalo Torné de la Guardia, Antonio José Rodríguez Soria, Ernesto Castro Córdoba; edición y prólogo de Gonzalo Torné; ISBN: 978-84-15863-87-8. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 25 de diciembre de 2014

Ya que hoy es Navidad cuento una minianécdota que va bien con la fecha.

En una catedral gallega, hace pocos meses, vi de refilón y oí a mis espaldas cómo una chica joven hablaba con otra mayor preguntándole algo y, por lo que se ve, tratándola de usted, a lo que la señora contestó en voz bien alta lo siguiente: «Pero trátame de tú, filliña, trátame de tú. Yo siempre digo que si Dios es para mí lo más grande del mundo y yo siempre le trato de tú, y eso no es faltarle al respeto y a Él no le parece mal, cómo me van a tratar a mí de usted».

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miércoles, 25 de diciembre de 2013

José Jiménez Lozano: «En nuestra cultura europea, toda la vibrante vida de Belén ha ocupado la infancia, y destilando luego su memoria hasta el fin, en la vida de hombres y mujeres, gracias a construcciones de corcho, ríos de papel aluminio o de espejos, piedras revestidas de musgo, nieve figurada con harina, y figurillas de barro, que recrean la vida de aquella aldea a la pertenecía el establo; y a veces con sabrosos anacronismos. Y todo esto ha suministrado a muchas generaciones un consumado instrumento de juicio exacto de la realidad, desde el funcionamiento de los poderes públicos que hoy como ayer siguen sometiendo a los pueblos a la trashumancia en busca de trabajo, a los registros de tributación y disponibilidad pública, y hasta la vieja práctica del infanticidio.

Cualquier niño así instruido por el belén sabría luego quitarles las máscaras a los acontecimientos más brillantes y a los poderes más altos, y reconocer su fraude y la antigüedad de su violencia, y sobre todo guardaría en su corazón una profunda alegría. La misma que ha recorrido durante siglos las artes y las letras, regalando al mundo los más altos logros de belleza, y también ha entrado en la vida cotidiana, hasta en la cocina y la repostería, en la reunión familiar especial, y en la candidez de la nieve que se simula en los belenes con la inocente harina, o en las luces en medio de la noche como la esperanza del mundo.

Ciertamente también algunos de estos belenes han sido auténticas obras de arte y podemos admirarlos, o sonreírnos con sus añadidos costumbristas y folclóricos. Pero sin duda alguna lo más importante es la impronta que se deja en el belén que se hace en cada casa, en el colegio o en la pequeña iglesia. Y esa impronta de alegría, que nos evoca la que puso Francisco de Asís en su belén, nos ofrece su resplandor y nos torna en nuestros adentros».

José Jiménez Lozano. Revista de la Asociación Belenistas de Valladolid. Navidad, 2010.

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domingo, 22 de diciembre de 2013

Después de señalar cómo, en la época navideña, vemos a nuestro alrededor episodios grotescos que forman parte de «los vanos intentos en Europa de liquidar no ya la memoria religiosa sino también cultural de las fiestas navideñas», elogiaba José Jiménez Lozano, en un texto del año 2010, la costumbre de poner belenes.

Recordaba que, cuando san Francisco de Asís popularizó el belén, «lo que entonces sucedió, en un principio, fue que, mientras a muchos y a los más sencillos llenó de encanto esa representación del belén, en otros ambientes suscitó extrañeza y rechazo. Y esto por dos razones principales. La primera era porque no se entendía bien cómo era que los grandes de este mundo no ocupaban el lugar central que siempre ocupan, y que, en el belén, era ocupado por una pobre gente para pasar la noche, y quienes acudían a visitar al niño recién nacido también eran gentes del común, y ciertamente que no había ni hay en un belén nada contra nadie, sino que está todo él bañado por el aire de un misterio y luego de la simple y pura poesía escondida en la vida diaria. Pero los poderes de entonces no lo entendieron así, y los de ahora tampoco.

Al fin y al cabo, el belén era lo que podíamos llamar en sentido muy serio —y no en el miserable sentido de los partidos e ideologías— “la política de Nochebuena”, o verdadera hermenéutica histórica de la realidad, y algo así como la prueba del nueve de una actitud intelectual y vital de cada uno de nosotros, según después lo haría en pleno siglo XX, Nadejda Mandelstam, subrayando que ese Belén que no se había permitido en la educación de los muchachos, allá en la URSS, dejaba en ellos un vacío de alegría, misericordia y esperanza que sería una tragedia».

José Jiménez Lozano. Revista de la Asociación Belenistas de Valladolid. Navidad, 2010.

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domingo, 26 de diciembre de 2010

Esta es la felicitación de navidad más sabiamente diseñada que he recibido este año.

Y este es su autor, el mismo de un libro tan original como inteligente: Título del libro.

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sábado, 5 de enero de 2008

Jiménez Lozano: «Ahora, cuando la educación de estos gobiernos científicos y desfanatizadores que hemos tenido (...) ya han convencido a los chavales de que no hay Reyes Magos, es cuando se monta la más fastuosa cabalgata de feria. Aquellos Magos se guiaban por una estrella e iban a Belén, y a éstos los dirige la policía municipal y no van a ningún sitio. Pero parece que hay prisa en hacer esta revelación suprema a los niños, esto es, la de que no vamos a ninguna parte, que sólo estamos haciendo una comedia más».

José Jiménez Lozano. Los cuadernos de letra pequeña (2003). Valencia: Pre-Textos, 2003; 248 pp.; col. Narrativa Contemporánea; ISBN: 84-8191-516-5.

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martes, 12 de diciembre de 2006

De nuevo Calvin y Hobbes:

Calvin: Navidad está a la vuelta de la esquina.
Calvin: ¿Qué mejor forma de celebrar unas vacaciones religiosas que con un mes de frenético consumismo?
Calvin: Recibir montones de regalos es una experiencia muy espiritual para mí.
Hobbes: Me sorprende que otras religiones no se hayan dado cuenta.

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sábado, 24 de diciembre de 2005


En un acto en el Hipódromo de Brooklyn, después de cantar un villancico polaco que, como Noche de Paz, habla de que Dios se hace hombre para bendecir a todos los hombres y las mujeres del mundo, Juan Pablo II dijo: «Ésta es una canción que nos ayuda a no tener miedo». Eso son los villancicos: canciones de esperanza, canciones familiares, canciones contra el miedo.

Una selección, preparada por Carlos Reviejo, está en Cantemos a la Navidad (2002); Madrid: SM, 2002; 219 pp.; col. Para padres y maestros; ISBN: 84-348-9006-2. En ella figuran muchos villancicos clásicos, también algunos de origen inglés o alemán, y algunos que proceden de, o son populares en distintas regiones de España. Se incluyen también aguinaldos, romances, poemas populares, nanas, y canciones navideñas de autor —unos clásicos como Lope de Vega, Santa Teresa de Jesús, Juan del Encina o Quevedo; y otros contemporáneos como Gerardo Diego, Luis Rosales, Gloria Fuertes o José García Nieto—.
 

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viernes, 23 de diciembre de 2005

«Cualquiera que hable de la Navidad no puede pasar por alto el progresivo debilitamiento de su presencia real en nuestra realidad y nuestra sociedad. Desde hace mucho, y quizás desde siempre, el núcleo religioso de la Navidad, que ilumina a todo el resto de la fiesta, se ha ido paulatinamente reduciendo y empequeñeciendo hasta no ser ya más que una llamita en medio de la populosa iluminación fluorescente de la secularización. Aquél fenómeno se ha dilatado y el niño de Belén es cada vez menos el verdadero centro de la Navidad». No para todos, cabe añadir, y en cualquier caso, sigue Claudio Magris, la Navidad ahí sigue «para renovar aquella promesa de paz sin embargo siempre desmentida, para recordar la exigencia de que el mundo se convierta en un pesebre».

Claudio Magris. «Feliz Navidad», en Utopía y desencanto.

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domingo, 18 de diciembre de 2005

Se pregunta Claudio Magris cómo se puede hablar de la Navidad, o del año que acaba y comienza, sin sentir bochorno: «¿Es acaso posible hablar de la Navidad a esos niños sórdida y brutalmente esclavizados para fabricar, con unos costes de trabajo tan bajos que se les hace la boca agua a sus indefensos explotadores, juguetes navideños destinados obviamente a otros?». Y se responde: «Tal vez la única forma decente de hablar de la Navidad sea, como en muchos otros casos, contar, porque el relato no tiene edificantes pretensiones de enseñar o tranquilizar, sino que sólo aspira a dar testimonio de la verdad de una experiencia o una epifanía del mundo, que no presume de excluir a otras, pero tampoco acepta ser negada o borrada por otras distintas y opuestas.

También la Navidad es en primer lugar una historia y de ella deriva su fuerza imborrable, que se transmite y continúa épicamente a lo largo del tiempo: la historia de María (...); de una cueva en la que se encuentra refugio a la intemperie de la vida; de un niño que nace para un destino grandioso hasta lo inconcebible y a la vez para una vida de juegos de infancia; vagabundeos por las callejas de Galilea y ratos alegres con los amigos; de un borriquillo y un buey, cuyo cálido aliento resulta necesario para el proyecto de la redención del mundo; de una noche de pastores y del trayecto de unos sabios orientados por una estrella que ha seguido siendo durante siglos el símbolo de la verdadera vida y que inducía a un poeta, no por cierto pío como Rimbaud, a llamar "Navidad en la tierra" a esos momentos en que la existencia parece liberada, iluminada por un significado en el que no es posible distinguir la verdad del gozo».

Claudio Magris. Feliz Navidad, en Utopía y desencanto.

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miércoles, 7 de diciembre de 2005

Juan Pablo II: «De niños, todos esperábamos a San Nicolás por los regalos que nos traía. Los comunistas quisieron quitarle su santidad y por eso inventaron el "Abuelo Hielo". Por desgracia, también en Occidente se ha popularizado últimamente en un contexto consumista. Parece como si hoy se hubiera olvidado que su bondad y generosidad fueron sobre todo la medida de su santidad. Se distingue como obispo por su atención hacia los pobres y sus necesidades. Recuerdo que, cuando era niño, tenía con él una relación personal. Naturalmente, como todo niño, esperaba los regalos que me traería el 6 de diciembre. Sin embargo, esa espera tenía también una dimensión religiosa. Como mis coetáneos, sentía veneración por este santo que, de manera desinteresada, daba regalos a la gente y manifestaba así su amorosa solicitud por ella».

Juan Pablo II. ¡Levantaos! ¡Vamos! (Alzatevi, andiamo!, 2004). Barcelona: Plaza & Janés, 2004; 191 pp.; trad. de Pedro Antonio Urbina; ISBN: 84-01-30530-6.

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martes, 6 de diciembre de 2005

Papá Noel, «Father Christmas» en el mundo inglés y Santa Claus en el norteamericano, es San Nicolás, un santo del siglo IV del que se recuerda, en particular, que dio una generosa dote para las tres hijas de un hombre pobre. Durante siglos fue patrono de los niños en Holanda, donde era conocido como «Sinterklass», una corrupción de Sint Nikolaas, y tradicionalmente les traía regalos el día 6 de diciembre.

A partir de un poema publicado en Nueva York el año 1823, The Night Before Christmas, donde se lo describe por primera vez tal como lo conocemos hoy, alcanzó gran popularidad entre los numerosos habitantes de origen holandés que había en aquella ciudad. Comenzó entonces la costumbre de que trajera los regalos el día de Navidad.

En su Canción de Navidad, el año 1843, Charles Dickens lo representa como un anciano con barba y, también desde mediados del siglo XIX, el ilustrador norteamericano Thomas Nast lo dibuja con el aspecto que será ya inconfundible.

Estos son los antecedentes de que, a partir de mediados del diecinueve y mucho antes de la explotación comercial posterior, Papá Noel pasase a ser una figura popular que anuncia el nacimiento de Jesucristo como el gran regalo a la humanidad, y por eso hace regalos que son una figura de aquel primer regalo. Despojado de ese significado, para muchos se ha quedado en una representación física de una generosidad abundante.

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martes, 29 de noviembre de 2005

Para entrar en ambiente, aquí está una selección de libros sobre la Navidad que preparé hace tiempo y que ahora contiene algunos libros más.

Actualización de esa selección en la navidad de 2014.

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