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Notas del archivo 'Humor' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 13 de julio de 2016

Un relato tradicional, que me ha recordado esta reseña, y que no había puesto antes en la página: Háry János: las aventuras y embustes del famoso Húsar Húngaro, de Miklós Ronászegi. Trata sobre un húsar veterano que entretiene a sus oyentes, en la taberna del pueblo húngaro de Nagyabony, contándoles sus aventuras: cómo se alistó; cómo acabó siendo el hombre de confianza del emperador; cómo su caprichosa hija, María Luisa, antes de casarse con Napoleón, se enamoró de él.

Personaje y relato picaresco populares en Hungría y Centroeuropa. A partir de un poema humorístico escrito el siglo XIX por János Garay, el famoso compositor húngaro Zoltán Kodály compuso una ópera en 1926, y, en 1980, el escritor Miklos Ronászegi hizo una versión juvenil. Es una historia con acentos ingenuos y jactanciosos en la tradición de los cuentos de embustes como El barón de Munchausen, que tiene algo de reivindicación de las vidas campesinas y hogareñas frente a las urbanas y cortesanas, y un punto de crítica soterrada a los poderosos.

Miklós Ronászegi. Háry János: las aventuras y embustes del famoso Húsar Húngaro (Az a híres Háry János, 1980). Madrid: SM, 1986, 3ª ed.; 173 pp.; col. El barco de vapor; ilust. de Alfonso RUANO; trad. de Edith Sándor; ISBN: 8434813106. [Vista del libro en amazon.es]


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jueves, 12 de mayo de 2016

Marcelín, de Jean Jacques Sempé, es una narración que se cuenta con dibujos sucesivos en los que los personajes niños y, en general, humanos, aparecen en un tamaño muy pequeño, y con unos textos, muy breves, que figuran en la parte inferior de las páginas. Su protagonista principal es Marcelín Cerezo, un niño que se pone colorado con mucha facilidad, cuyo mejor amigo es Renato Piqueras, otro chico que, cada poco, estornuda fuertemente. Algunos diálogos de los personajes aparecen en globos al modo de los cómics.

Es excepcional la capacidad del autor para que sus mínimos personajes, individuales o en grupos, resulten expresivos, y para conseguir, con escasísimas líneas, sugerir los escenarios urbanos donde se mueven sus héroes. Esta forma de representación resulta muy apropiada para mostrar cómo se ven los niños en un mundo adulto que les resulta tan grande…, y también para indicarle al adulto lector su propia pequeñez, tan semejante a la del niño. Por otro lado, también es útil para presentar los conflictos o los complejos personales con buen humor y sin magnificarlos, con sus dimensiones reales.

Jean Jacques Sempé. Marcelín (Marcellin Caillou, 1969 y 1994). Barcelona: Blackie Books, 2016; 127 pp.; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-16290-74-1. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 31 de marzo de 2016

Los descazadores de especies perdidas es otro feliz relato, en la mejor tradición de las historias inglesas de nonsense, firmado por Diego Arboleda y Raúl Sagospe. Si el título ya indica el tono humorístico, el subtítulo, «Genios e ingenios de los años del vapor», hace pensar enseguida que la historia tendrá ciertos aires steampunk.

La narración tiene varios capítulos desconectados entre sí pero que, más o menos, al final confluirán. Después de un episodio de presentación, empieza en 1920, con la pequeña Minerva Vapour, «última descendiente de una familia de genios». Continúa, en 1916-1918, con el relato de la válvula del señor Bisiesto. Luego, en 1840, se narrará «el sueño de Victoria Vapour», una antepasada de Minerva. El siguiente tramo, entre 1867 y 1877, se ocupa de «la lechuza dorada de Iris Vapour», de la misma saga familiar. Después, entre 1870 y 1920, se presenta «El álbum fotográfico de William Aimer», un lord inglés. En 1920, aparece «Zazia, nieta de Zazel», una mujer bala, nada menos. Y en 1921, ya llegan «Los descazadores de especies perdidas», donde vuelven a escena Minerva, lord Aimer y otros.

Lo que atrae del libro es que todo se narra con ingenio y un buen uso del lenguaje. Es un gran personaje la pequeña Minerva y es un gran episodio el de Val de V, un lugar cuyos habitantes usan nombres que comienzan por «v». Por otro lado, aunque sea un hilo débil, lo cierto es que, como al comienzo de cada capítulo se da la ficha de alguna especie animal perdida, el lector también lee a la espera del momento en el que los hilos de la trama se anuden.

Tiene interés, al menos para mí, pensar en cómo una historia como esta suena bien no sólo cuando, como es el caso, está bien escrita y armada, sino cuando los nombres de los personajes y los escenarios se refieren a mundos como el francés o el inglés: es como si el género lo exigiera, como si, entre nosotros, este fuera un interruptor necesario para suspender la incredulidad.

Diego Arboleda. Los descazadores de especies perdidas (2015). Madrid: Anaya, 2015; 256 pp.; ilust. de Raúl Sagospe; ISBN: 978-84-678-7178-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 10 de marzo de 2016

Me parto total,
de James Patterson y Chris Grabenstein, es el tercer y (parece que) último libro sobre Jamie Grimm (después de Me parto y Me parto más). Los autores usan el mismo esquema de libros previos: esta vez Jamie participa en un concurso nacional televisado de monologuistas, en Hollywood, en la semifinal y en la final. El argumento se centra en cómo Jamie se envanece y trata mal a sus amigos primero y cómo se arrepiente y los recupera después. Se insiste mucho en el comportamiento de periodistas acosadores, de agentes artísticos que son como buitres, de fans enloquecidas, de rivales canallas e hipócritas... Abundan las bromas y juegos de palabras, y se citan de nuevo muchos humoristas famosos norteamericanos. Los chistes gráficos me han parecido mejores que los de los otros dos libros. Se reflejan bien las ansiedades propias del protagonista: el temor a quedarse en blanco y a hacerlo de pena; el temor a que le aplaudan y le premien por compasión; el deseo de triunfar y de ganar, más o menos normal en el caso de Jamie, completamente desquiciado en el caso de algunos de sus rivales.

James Patterson y Chris Grabenstein. Me parto total (I totally funniest, 2013). Barcelona: La Galera, 2015; 327 pp.; col. Novela Gráfica; ilust. de Laura Park; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-246-5456-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 6 de agosto de 2015

Me parto más, de James Patterson y Chris Grabenstein continúa las aventuras de Jamie Grimm. El andamiaje argumental es el mismo: el protagonista se prepara para nuevas competiciones entre monologuistas y, con más o menos dificultades, las va superando con éxito. De nuevo cumplen un papel importante sus amigos y su tío Frankie, que le hace estudiar cuando le cuesta —«hasta cuando estás soñando tienes que atender a tus principales responsabilidades, ¿estamos?» (no sé si citando el cuento famoso de Delmore Schwartz o su versión rock de Lou Reed)—.

El tono, las cualidades y los defectos, son los mismos del libro anterior. En lo positivo hay que destacar que la narración es buena, con toques descriptivos excelentes, y observaciones valiosas o, al menos, por encima de lo normal en este tipo de libros. Así, es destacable que el héroe se pare a pensar en la muerte —no puede perder de vista el fallecimiento de sus padres en un accidente de coche— y en el valor que puede tener el humor en los momentos difíciles de la vida —«he aprendido por las malas que la risa puede hacerte sentir bien incluso cuando no lo estás»—. En lo negativo, que los chistes gráficos que acompañan la historia no son especialmente buenos y, por tanto, su abundancia no mejora el libro.

James Patterson y Chris Grabenstein. Me parto más (I even funnier, 2013). Barcelona: La Galera, 2015; 354 pp.; ilust. de Laura Park; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-246-5454-2. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 6 de marzo de 2015

Los relatos cortos sobre tipos gallegos singulares que firmó Alvaro Cunqueiro —los contenidos en Escuela de curanderos, Xente de aquí e de acolá, Os outros feirantes— son, aparte de muy divertidos, un claro antecedente de muchos relatos posteriores infantiles y juveniles. Su tono amable y bromista, escéptico y zumbón, entre lo costumbrista y lo fantasioso, hace difícil categorizarlos.

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jueves, 18 de diciembre de 2014

Tiras cómicas, de Flannery O’Connor, es un libro que, debido a su edición cuidada y erudita, y sobre todo a su contenido singular, los dibujos cómico-satíricos que hizo la autora en sus años jóvenes para revistas escolares y universitarias, tiene mucho interés para los seguidores de la escritora pero poco, supongo, para una mayoría de lectores.

La introducción es un buen comentario sobre los méritos que tienen los dibujos, que son linograbados —ilustraciones dibujadas y recortadas al revés—, rápidos y algo toscos, pero que revelan la «innata comprensión del gesto» que tenía la autora. El extenso epílogo, con multitud de notas, se titula «El hábito del arte» y, aparte de aportar la información biográfica pertinente, se centra en el interés que O’Connor siempre tuvo por las artes plásticas —decía que «todo lo que ayude a ver, todo lo que ayude a mirar», como el dibujo, le ayudaba a escribir—, y se detiene a comentar los temas de sus caricaturas, la clase de ironía que ya practicaba entonces, las influencias en su sentido del humor que se detectan —como la de James Thurber—, etc.

Flannery O’Connor. Tiras cómicas (Flannery O’Connor: The Cartoons, 2014). Madrid: Nórdica, 2014; 132 pp.; col. Nórdicacómic; trad. de Íñigo Jáuregui; edición y epílogo de Kelly Gerald, introducción de Barry Moser; ISBN: 978-84-16112-36-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de julio de 2014

James Patterson, un conocido autor de best-sellers (de los que no he leído ninguno) publica desde hace tiempo libros infantiles. Leí, hace unos meses, uno de la serie Los peores años de mi vida, que no me atrajo mucho. He leído ahora Me parto, escrito conjuntamente con Chris Grabenstein, que sí me ha parecido un libro interesante: por su planteamiento y porque, aunque tenga muchas referencias a la cultura popular norteamericana, tiene buenos momentos de humor sin que falten otros de tristeza y dolor genuinos. No es una novela gráfica aunque tenga muchas ilustraciones —al comienzo de los capítulos, algunas que ocupan una o dos páginas, y muchas otras pequeñas— pues las imágenes, al margen de que añadan algún chiste, no aportan nada significativo.

El protagonista y narrador es Jamie Grimm, un chico que va en silla de ruedas, que vive con una familia de adopción desde que fallecieron sus padres en un accidente de tráfico, y que practica continuamente para llegar a ser humorista. Habla de las dificultades que tiene, muchas debidas a su minusvalía, y de cómo intenta llevarlas con buen humor. Tiene un tío que le comprende, y al que ayuda en su comercio —sus chistes atraen a los clientes—, dos buenos amigos en el colegio que le apoyan, y no falta un grandullón que le acosa, en clase y en su casa, pues es el hijo mayor del matrimonio que le adoptó. La narración se centra en que se Jamie se presenta, primero sin que se sepa, y luego ya con el apoyo de sus amigos, a unos concursos de jóvenes humoristas con eliminatorias sucesivas que terminan con una gran final en Nueva York. No falta la chica guapa que también se convierte en su aliada.

La narración incide mucho en que a Jamie le duele que no lo valoren por ser quien es y por lo que tiene que decir y, en cambio, lo juzguen con estándares más bajos y lo compadezcan por ir en silla de ruedas. Sin embargo, también hace notar que  «los neoyorquinos nos miran a mi silla de ruedas y a mí igual que miran al tipo de los ojos desencajados y la ropa harapienta que asegura que el mundo se acaba el martes que viene porque se lo ha dicho un duende que vive en su bolsillo. No nos hacen ni caso. Ni a él, ni a mí. Sí… en las aceras de la gran ciudad no abunda la compasión». También hay momentos en los que Jamie reflexiona sobre algunas formas de usar mal el humor, como la de reírse a costa de otros.

Todo el texto está lleno de frases o bromas de conocidos cómicos norteamericanos, como Billy Cristal, y de personajes del cine o de la televisión, como los Simpson. Jamie también se aventura con chistes de su propia creación, algunos malos, como él mismo reconoce, y otros con gracia. En su narración a veces deja caer observaciones agudas: «¿Alguna vez os habéis dado cuenta de que los relojes que hay en clase son los relojes más lentos del mundo? Es como si la directora tuviese escondida en su despacho una herramienta secreta capaz de deformar el continuo espaciotemporal y de convertir los días de clase en años de perro». O, por ejemplo, al pensar en un monólogo basado en lo políticamente correcto, dice: «en lugar de referirte a la comida que sirven en el comedor del instituto como “bazofia”, podrías llamarla “de digestión complicada”. Del mismo modo, yo no soy un paralítico ni un discapacitado; soy de “aptitudes diferentes”» y en mi instituto «ya no hay ningún gordo; todos son “horizontalmente anchos”». Más adelante seguirá señalando que «en mi instituto (…) ya no nos tiramos pedos, solo “expulsamos combustibles alternativos”. En la guardería, a los niños ya no les cuentan el cuento de Jack y las habichuelas mágicas, sino el de Jack y el peligro de las semillas de habichuelas modificadas genéticamente».

James Patterson y Chris Grabenstein. Me parto (I Funny, 2012). Barcelona: La Galera, 2014; 309 pp.; col. Novela Gráfica; ilust. de Laura Park; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-246-5168-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de marzo de 2014

Prohibido leer a Lewis Carroll, de Diego Arboleda, y con ilustraciones de Raúl Sagospe, es un relato bien construido y bien contado, ingenioso y divertido, en el que te preguntas continuamente qué ocurrirá luego. En 1923, Eugéne Chignon, viaja desde Francia a Nueva York para cuidar de una niña, Alice, obsesionada con las obras de Lewis Carroll. Además, sus padres piden a Eugéne que la niña no sepa que Alice Liddell, la auténtica Alicia que inspiró a Lewis Carroll, visitará la ciudad esos días.

La historia es, lógicamente, muy deudora de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, con la doble consecuencia de que los lectores que no las conozcan puedan desanimarse, pues se les escaparán muchas referencias, mientras que los que sí las conozcan se verán animados a leerlas e incluso reforzará su entusiasmo por ellas. Esto también quiere decir que serán, normalmente, los lectores ya mayores los que captarán mejor muchos guiños y bromas. Con todo, el relato se sigue bien pues, aunque la narración y sus personajes sean extravagantes, como corresponde al género, todo se desarrolla con normalidad, con digresiones simpáticas y explicaciones amables, que se dan en un lenguaje común, con eficaces golpes de humor en las situaciones y en el lenguaje. Un ejemplito es el de un personaje llamado Timothy Stilt, que creó una empresa llamada Importaciones Importantes, pero como importó mucho «sin importarle qué productos importaba», es decir, «no le importaba lo que importaba, Importaciones Importantes se arruinó».

Diego Arboleda. Prohibido leer a Lewis Carroll (2013). Madrid: Anaya, 2013; 205 pp.; ilust. de Raúl Sagospe; ISBN: 978-84-678-4012-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 27 de febrero de 2014

En esta entrada de su blog, Adolfo Torrecilla explica el contenido de Dos gardenias para ti y otros relatos. No hay mucho que añadir, pues esos párrafos dicen todo lo que hay que saber, pero tal vez sí conviene subrayar que si todos los relatos son divertidos algunos, como el que da título al libro, son hilarantes. Habrá quien disfrute más con relatos como «Amores con colesterol» y su exhaustiva enumeración de pinchos, tapas y platos que se comen los protagonistas, pero habrá también, como es mi caso, a quienes se les salten las lágrimas de risa con «Camilo Troilo, en la distancia», la biografía de un escritor, o con el análisis narrativo de «Dos gardenias para ti».

Así, para dar idea del tono, en relación a la canción «Dos gardenias para ti» se dice que la interpretación de «Machín se queda en el punto justo, ni más ni menos: se planta en la puerta del engañoso plumaje del susurro almibarado y huye de la hierática interpretación mecánica. No es cierto que en esta canción, como dice Saussure en su Curso de Lingüística General, exista una relación arbitraria entre el significado y el significante —hay otros que opinan que esa relación es "no necesaria" o "convencional"». O este otro párrafo: «"Dos gardenias para ti", dice el verso 1. Encabezamiento directo y sentido, y también numérico y real. Podíamos preguntarnos, como hace Tinianov, ¿por qué esos principios tan abruptos? ¿Por qué dos gardenias y no tres, cuatro o cinco? ¿Por qué no un ramo? ¿Por qué gardenias y no rosas? ¿Por qué para ti? El profundo conocimiento de las culturas precolombinas, el innato indigenismo de estos autores, ayuda a comprender mejor el alcance de este verso».

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viernes, 23 de agosto de 2013

Hace poco más de un mes vi un titular en el que un escritor argentino se quejaba de que, dentro de los thriller actuales, «predomina la pelotudez de Dan Brown». Esto viene a cuento de que también leí una ¿novela? desengrasante, titulada El naufragio de los enigmas, de Enrique Muñiz, que pretende llevar al extremo el modo «danbrownesco» de construir tramas policiales. Esta reseña indica bien los defectos y cualidades de la historia. Los primeros se adivinan en la misma presentación elaborada por la editorial o el autor cuando dice que «la trama a veces parece coherente, pero la impresión pasa rápido» y el lector pronto se da cuenta de que todo es delirante. De las cualidades la más obvia es el buen manejo del idioma del autor y el humor que lo empapa todo: un tipo de humor con el que algunos no engancharán pero que hará reír con ganas, en muchos momentos, a los que lo hagan. La mejor recomendación para saber si uno está en un caso o en otro es leer las páginas que aparecen en la vista previa del libro que ofrece Google.

Enrique Muñiz. El naufragio de los enigmas (2012). Madrid: BibliotecaOnline, 2012; edición electrónica; ISBN: 978-84-15599-69-2.

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jueves, 25 de julio de 2013

El subtítulo de ¡Abajo el colejio!, de Geoffrey Willans y Ronald Searle, es «Un manual de instrucciones para la vida escolar destinado a alumnos y padres». Y, en la misma portadilla de presentación, bajo la palabra Contenidos, se dice: «Información privilegiada sobre colejios, empollones, chibatos, canallas, direztores, criquet, guarros, habusones, padres, profesores, hartistas del engaño, malas llerbas en jeneral, bromitas de dormitorio y desastres diversos… En realidad… EL TINGLADO AL COMPLETO». El narrador es nigel molesworth (con minúsculas) y el colegio del que habla es San Custodio, «un sitio húmedo y cutre», un «balle de lágrimas».

Como corresponde a textos e imágenes publicadas, hace décadas, en la revista Punch, los destinatarios naturales del relato no son tanto los niños como los adultos (igual que si fueran textos publicados en España en La Codorniz en los años cincuenta y sesenta). Aunque, lógicamente, para comprender el libro, o por qué es posible un libro así, hace falta pensar en antecedentes como Tomás Brown, Vice Versa, Stalky & Cia, The Pothunters..., lo cierto es que un protagonista como nigel no es comparable con los de aquellos libros o con los de, por ejemplo, Guillermo Brown o El pequeño Nicolás: aquí no hay piedad para nadie, ya que ningún profesor ni padre se salva, ni el mismo narrador tiene afán alguno de presentar una versión mejorada de sí mismo. Son formidables los dibujos y caricaturas de Searle, y es sensacional el trabajo de traducción-adaptación al castellano. Más información, aquí.

Geoffrey Willans y Ronald Searle. ¡Abajo el colejio! (Down with skool!, 1953). Madrid: Impedimenta, 2013; 110 pp.; trad. de Jon Bilbao; ISBN: 978-84-15578-35-2.

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viernes, 5 de julio de 2013

En el postfacio a Enterrado en vida se cuenta que Arnold Bennett (1867-1931), un novelista inglés muy prolífico y popular en su tiempo, perdió relieve debido al enfrentamiento que tuvo con Virginia Woolf y el círculo de Bloomsbury. La principal razón es que a Bennett no le interesaba entrar en las interioridades de sus personajes sino, principalmente, ganar dinero y lograr buenas tramas que entretuvieran al lector: «si alguien piensa que mi objetivo es el arte por el arte siento decirle que está tremendamente equivocado», decía. No es extraño que se le acusase de «ser un mercenario de la sintaxis, un mercader del párrafo y un fariseo de la literatura».

Bien, pues para comprobar su valía es una buena recomendación Enterrado en vida, que su mismo autor consideraba la mejor de sus novelas humorísticas y satíricas. Su protagonista es un afamado pintor patológicamente tímido y asocial llamado Priam Farll. La historia comienza cuando su criado para todo, Henry Leek, enferma y muere, y Farll, arrastrado por los acontecimientos, toma el nombre y la identidad de su secretario, con lo que asiste así a su propio funeral. Lo echan también de su casa y conoce a una mujer, Alice Challice, con la que Leek había concertado una cita a través de una agencia matrimonial. Farll le cae bien y ella coge las riendas de su vida: se casan e instalan en un barrio londinense popular que, para Farll, resulta un enorme descubrimiento. Y los embrollos continúan.

El relato se puede colocar en la tradición de aquellos que presentan confusiones entre personajes, no al modo de algunos melodramáticos de Dickens o Wilkie Collins, sino con aires de comedia ligera. Se lee con gusto, primero porque interesa saber qué ocurrirá y porque algunas escenas son muy divertidas, pero también porque muchos diálogos y descripciones son excelentes y porque las observaciones irónicas del narrador aciertan en su crítica social y al mercado del arte. En efecto, el autor no pone gran interés en perfilar a los personajes salvo, en la medida que lo requieren los acontecimientos, a Farll y Alice, una mujer directa y con muchos recursos de la que, se afirma, «era comprensiva porque quería ser comprensiva. Y cuando no podía comprender las cosas, se engañaba a sí misma haciendo como que las comprendía, lo cual viene a ser poco más o menos lo mismo».

Arnold Bennett. Enterrado en vida (Buried Alive: A Tale of These Days, 1908). Madrid: Impedimenta, 2013; 299 pp.; trad. de Vicente Vera; edición de José C. Vales; ISBN: 978-84-15578-49-9.

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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Para quien no los conozca, los Cuentos infantiles políticamente correctos y sus secuelas, de James Finn Garner, pueden ser un buen descubrimiento. También enseña lecciones útiles. Por ejemplo: aunque «para la cigarra, la existencia ideal consistía en disfrutar de la naturaleza de un modo desestructurado y lúdicamente experimental», la hormiga le advierte que «el único lugar en el que el éxito viene antes que el trabajo es el diccionario». Ese es el tono.

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martes, 17 de julio de 2012

Hay relatos que vienen como anillo al dedo a determinados ambientes y modos de actuar. Es lo que ocurre con Cosas de Ramón Lamote, de Paco Martín, una historia genuinamente gallega.

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miércoles, 24 de agosto de 2011

Los primeros libros de P. G. Wodehouse fueron novelas escolares. El primero y el tercero, The Pothunters y Tales of St. Austin’s, se ambientan en el mismo colegio. No son excepcionales pero tienen ya los rasgos del gran prosista y humorista que fue el autor y, por supuesto, escenas y golpes memorables. Además, tanto esos como más libros semejantes, están accesibles a todos en la red. En la página Sociedad de Fomento Los Zánganos está traducido el primer capítulo de The Pothunters, Los cazadores de cacharros, así como muchos otros textos de Wodehouse.

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viernes, 5 de agosto de 2011

Leídos ahora, los libros sobre Don Camilo, de Giovanni Guareschi, están fuera del contexto social que los hizo tan populares, en Italia y en muchos otros países. Pero siguen siendo libros agudos y divertidos, que presentan bien la posibilidad de una amistad por encima de cualquier barrera ideológica.

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martes, 5 de abril de 2011

José Luis Garfer
y Concha Fernández, autores de recopilaciones extensas de adivinanzas y acertijos sobre distintos temas y procedentes de diversas regiones, han publicado hace poco un Acertijero antológico español donde agrupan una selección de acertijos, o chistes en muchos casos, en distintos bloques: «Preguntas lógicas», «Definiciones jocosas», «Colmos», «Definiciones sofisticadas», «Tantanes», «Queledijos», «Problemas de ingenio», «Parecidos», «Leperadas», «Telones», «Cuentos de acertijos», «Juegos de acertijos». Se pasa un buen y largo rato leyéndolos. Tal vez, en futuras ediciones, se podría añadir un capítulo de preguntas sin respuesta tales como «¿por qué “todo junto” se escribe separado y “separado” se escribe todo junto?»

José Luis Garfer y Concha Fernández. Acertijero antológico español (2010). Madrid: Anaya, 2010; 229 pp.; ilust. de Pablo Auladell; ISBN: 978-84-667-7691-2.

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StoSinPies.jpg
martes, 2 de noviembre de 2010

Sin pies ni cabeza
,
de Sto, es un clásico de fantasía italiano de los años veinte que contiene varios relatos disparatados de corte surrealista.

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martes, 27 de abril de 2010

La cara oculta de (la llegada del hombre a la luna,
con ilustraciones de Roger Elm (Roger Olmos) y texto de Lewis York (Lluís Llort), es un álbum que cuenta una historia bromista que conecta bien con algunos lectores (como yo mismo) y no tan bien con otros (por más jóvenes o por el tipo de humor).

En él se nos habla del primer viaje a la Luna y se cuentan entrevistas con personajes que niegan que aquello fuera verdad o que dicen conocer cosas que se nos escamotearon. Entre ellos están el profesor Hilario García Pozos (H. G. Pozos), el director de cine Estanislao Cubric y otros incluso más raros.

Esta clase de bromas y referencias más o menos cultas en el texto y en las imágenes, y otras con un toque gamberro, dan idea de que no son los niños los destinatarios de la historia. Las ilustraciones, con estética propia de los años de aquel viaje, atraen también porque contienen detalles chistosos para fijarse.

Roger Elm. La cara oculta de (la llegada del hombre a) la luna (2009). Texto de Lewis York. Barcelona: Lumen, 2009; 30 pp.; ISBN: 978-84-488-2874-5.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Uno de los mejores relatos humorístico-irónicos contra los excesos de las novelas de aventuras y contra los lectores (o espectadores) que vibran en exceso con esa clase de ficciones fue, y es, Tartarín de Tarascón, de Alphonse Daudet.

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martes, 26 de mayo de 2009

A veces, muy pocas veces, uno tropieza con libros infantiles que, desde las primeras páginas, uno ve que se sitúan muy muy por encima de otros semejantes: es el caso de Cosmic, de Frank Cottrell Boyce. Inteligente, para lectores de cualquier edad a pesar de las apariencias e incluso más para padres que para hijos. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con un libro infantil-juvenil.

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jueves, 29 de enero de 2009

Me han preguntado mi opinión sobre la serie de Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico y sus secuelas. He leído sólo la primera novela y he hojeado un poco las otras, y he tenido suficiente. Me ha pasado lo mismo, pero mucho antes porque me han parecido inferiores, que con los libros del Mundodisco de Terry Pratchett. Me divierten y admiro el ingenio del autor pero, pasado el centenar de páginas, no veo que me aporten nada nuevo, salvo que conecto bien con bromas del estilo que un hombre grite un día «¿Tiene alguna importancia, cósmicamente hablando, si no me levanto para ir a trabajar?»; o con comentarios sabrosos como el de que «todas las civilizaciones pasan por tres etapas diferentes y reconocibles, Supervivencia, Indagación, Refinamiento, que popularmente son conocidas como las fases del Cómo, Por qué y Dónde: ¿Cómo podemos comer?, ¿Por qué comemos? ¿Dónde vamos a almorzar hoy?». O, en otro libro, con una disquisición del tipo «Lo primero que hay que entender de los universos paralelos (...), es que no son paralelos. También es importante comprender que, estrictamente hablando, tampoco son universos, pero eso resulta más fácil si se trata de entenderlo un poco después, cuando se haya comprendido que todo lo que se ha entendido hasta ese momento no es cierto». Quizá la cuestión es que acepto el disparate si llega en dosis pequeñas pero me resulta cargante cuando me provoca la sensación de que el autor es gracioso y lo sabe y además intenta demostrármelo continuamente.

Douglas Adams. Guía del autoestopista galáctico (The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, 1979). Barcelona: Anagrama, 2005, 7ª ed.; 289 pp.; epílogo de Robbie Stamp; trad. de Benito Gómez Ibáñez; ISBN: 84-339-1247-X.
Douglas Adams. Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva (Mostly Harmless, 1992). Barcelona: Anagrama, 2005, 2ª ed.; 265 pp.; trad. de Benito Gómez Ibáñez; ISBN: 978-84-339-2350-1.

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domingo, 21 de enero de 2007

Popular (negocios): «Business is business» o «La pela es la pela» (de momento, al menos, «El euro es el euro» no suena igual).
Popular (ejército): «Las órdenes son las órdenes».
Frank Stella: «What you see is what you see».
Gertrude Stein (y Mecano): «Una rosa es una rosa».
Vujadin Boskov: «Fútbol es fútbol».
Iker Casillas: «I am what I am».
Joanne K. Rowling: «Human nature is human nature».
Un amigo mío (que prefiere seguir en el anonimato): «Un huerto es un huerto».

De todos modos, lo importante es el momento y la cara con que lo dices.

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miércoles, 6 de diciembre de 2006

Sólo en el mundo de habla inglesa, en donde han proliferado hasta el infinito las aventuras fantásticas, ha podido surgir un escritor tan singular como Terry Pratchett: alguien que domina el género totalmente y que se dirige a un público igualmente conocedor y cómplice con su talante bromista. No he leído todos sus libros de la serie del MUNDODISCO, pero sí muchos, aunque reconozco que, después de los dos primeros, a los demás sólo les eché un vistazo rápido para pillar las observaciones ingeniosas que salpican las historias. Aquí se aplica en parte aquello de «visto uno, vistos todos». Me gustaron más, y revelan igualmente tanto la inteligencia de Pratchett como su estilo irónico contra todo lo que se mueve, los tres relatos de la trilogía El éxodo de los gnomos, que sí tienen un hilo conductor algo más coherente.

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sábado, 8 de abril de 2006

Días atrás titulé una nota como «aprender a conversar». Que la gente joven no aprenda es lógico, cuando el ejemplo de diálogo que ven a diario en tantos sitios y en los medios de comunicación continuamente les recuerda el chiste judío que cuenta Steiner en Lecciones de los maestros: «¡No me hables mientras te estoy interrumpiendo!».

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jueves, 2 de marzo de 2006

Cuenta Thor Heyerdahl en La expedición de la Kon Tiki, que «ni un cielo tormentoso con baja presión, ni los vientos huracanados habrían sido más amenazadores para nosotros que el peligro de una tormenta psíquica entre seis hombres encerrados juntos durante meses en una balsa a la deriva. En tales circunstancias, un buen chiste podía ser tan valioso como un chaleco salvavidas».

Además, dice Chesterton, «un buen chiste es la única cosa sagrada y definitiva que no puede ser criticada. Nuestras relaciones con un buen chiste son directas y casi divinas. Hablamos de “verle la gracia” a un chiste exactamente igual que hablamos de “ver” a un fantasma o a una visión».

G. K. Chesterton. «Los papeles de Pickwick», Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2. El artículo original está en Appreciations and Criticisms of the Works of Charles Dickens.

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martes, 28 de febrero de 2006

Calvin a Hobbes: —Toma, hazme una foto, ¿vale?
Hobbes: —Vale.
Calvin: —Me sentaré con este libro tan gordo en actitud pensativa.
Hobbes: —¿Para qué quieres una foto así?
Calvin: —En la remota posibilidad de que decida hacer algo responsable en mi vida, necesito crear una infancia ficticia.

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martes, 10 de enero de 2006

«—Es inútil lloriquear, Nicolás —dijo papá—. Mañana te quedarás en casa haciendo ejercicios de gramática. No quiero tener un hijo ignorante que no sea nada de nada. Más adelante me lo agradecerás.
—Si me das dinero, te lo agradeceré enseguida —dije yo».

Al leer las nuevas aventuras de El pequeño Nicolás, de René Goscinny, he visto los parecidos que tiene con Calvin, de Bill Watterson.

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miércoles, 12 de octubre de 2005

Se ve que Frank Cottrell Boyce, ganador del último premio Carnegie por Lluvia de millones, es un bromista nato (quizá influya lo de ser padre de siete hijos). Cuando le preguntaron cuál es su santo favorito dijo que San Piro, a quien también cita el pequeño Damian en el libro, un santo galés al que encontraron con una borrachera de muerte en el fondo de un pozo pero al que hicieron santo por un error administrativo. Un santo así, dice, nos da esperanza a todos.

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