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Notas del archivo 'Novelas de vida diaria' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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JimenezLozCarolina.jpg
viernes, 27 de enero de 2017

Se llamaba Carolina, de José Jiménez Lozano, se sitúa en un pueblo castellano poco después de terminada la Guerra civil española. Una compañía de artistas ambulantes prepara una representación de Hamlet y, por distintas razones, necesitan que actúen algunas personas del pueblo. En concreto, necesitan convencer a una joven maestra, Carolina, para que haga de Ofelia. La historia la narra uno de sus jóvenes alumnos y, al hilo de lo que va contando, surgen historias de amores y desamores en el pueblo que replican o recuerdan las de la obra de Shakespeare.

Igual que otros narradores de más novelas del autor, el de esta usa un tono coloquial y sencillo que, sin embargo, no le impide usar un vocabulario rico y hacer descripciones muy precisas. También, como es habitual en el autor, el modo expositivo conversacional puede hacer que muchos lectores no aprecien la enorme sofisticación narrativa de la novela ni su riqueza y profundidadad. Tal como explica con brillantez el largo prefacio, «Se llamaba Carolina es un prodigio de arquitectura, de densidad semiótica, de gracia y armonía; es el típico texto literario que se lee más de una vez y que en cada lectura descubre relaciones y sentidos nuevos».

Pero, eso sí, conviene hacer caso a lo que se indica: es un «Prefacio para leer entre la primera y la segunda lectura de Se llamaba Carolina». Así que se recomienda mucho leer la novela antes de abordar el prefacio, igual que también conviene conocer antes Hamlet, al menos básicamente o, como en la representación que se hará en el pueblo, aunque sea con textos recortados. Tal como le dice un personaje a Carolina: «Se trata de que la gente se encariñe tanto con los personajes de la literatura como con los santos, aprenda su lenguaje, y pensemos todos luego lo que dicen. Son amistades imprescindibles para la alegría y la seriedad del vivir, y más ahora que los españoles nos acabamos de matar unos a otros, y tenemos que purificarnos con la vergüenza y el pesar de haberlo hecho».

José Jiménez Lozano. Se llamaba Carolina (2016). Madrid: Encuentro, 2016; 240 pp.; col. Literaria; prefacio de María del Camen Bobes Naves; ISBN: 978-8490551400. [
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SosekiMinero.jpg
viernes, 2 de septiembre de 2016

El minero no parece ser una de las mejores novelas de Natsume Sōseki pero sí es una novela singular dentro de su producción. En el posfacio se cuenta su origen —que un chico desconocido le contó al autor la historia de su fuga de casa y luego él la ficcionó— y se hace referencia a su carácter experimental.

El relato, de lectura un tanto ardua, es un largo monólogo que da comienzo sin explicaciones del pasado: sabemos que el narrador es un universitario de Tokio que está huyendo, que pensó en suicidarse debido a un incidente amoroso, y nada más. Un tipo que encuentra en su camino le propone llevarle a trabajar a una mina y él accede. Trabaja un tiempo allí, en circunstancias muy lamentables, hasta que un día decide volver: ahí termina la narración que, según se afirma en su frase última, «jamás debería considerarse una novela».

Hay tramos que tienen algo de flujo de conciencia, confuso e incoherente. Otros recogen los lacónicos diálogos entre los personajes. En conjunto, la historia tiene tonos pesadillescos, se ve que por el interés del autor en distanciarse del naturalismo de moda en su época. Con todo, el relato tiene un punto de denuncia pues pone de manifiesto las duras condiciones de vida de los mineros. Lo que no tiene son acentos de novela de maduración: el protagonista es muy pasivo y nada de lo que le ocurre parece cambiarle significativamente.

Natsume Sōseki. El minero (Kŏfu, 1908). Madrid: Impedimenta, 2016; 187 pp.; trad. de Yoko Ogihara y de Fernando Cordobés; postfacio de Michiyo Kawano; ISBN: 978-84-16542-44-4. [
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GunnarsonAdviento.JPG
jueves, 24 de marzo de 2016

Tal como esperaba después de leer esta reseña, me ha parecido formidable Adviento en la montaña, una novela corta del islandés Gunnar Gunnarsson. Su argumento es sencillo: desde hace veintisiete años un pastor del norte de Islandia, Benedikt, se adentra en las montañas para ir en busca de las ovejas perdidas, las suyas y las de sus vecinos, justo antes de la Navidad y de que llegue lo más crudo del invierno. La novela cuenta esa expedición, de Benedikt, junto con su perro León y un carnero llamado Recio, que comienza con retraso por hacer unos servicios que le piden, lo que también implica que las condiciones climatológicas serán más duras. La narración sigue tanto el curso de los acontecimientos como el de los pensamientos del protagonista, un hombre bondadoso y poco hablador.

El narrador habla de que, para Benedikt, era «como si su vida se hubiera convertido en un Adviento. Porque, mirándolo bien, qué era su vida, qué era la vida de un hombre sino un servicio imperfecto, justificado por la esperanza en algo mejor, por la espera, por la preparación, por el convencimiento de que algo bueno tenía que llegar». En otro momento, al pensar en la escena de Jesucristo entrando en Jerusalén montado en un borrico, explica que «nada hay demasiado pequeño en el mundo que no pueda prestar un servicio, ni nada tan miserable que no pueda ser consagrado por medio del servicio. Ni demasiado grande. Incluso el Hijo de Dios. Y sólo por medio del servicio».

Abundan las frases sencillas y felices: «los imprevistos nunca eran causa de alegría, pero todo sucedía por algún motivo y así había que aceptarlo»; ante una enorme tormenta de viento y nieve, «de nada servía lamentarse. Si uno pone un pie delante del otro en la buena dirección, siempre se consigue avanzar»; cuando se plantea las dificultades de lo que está intentando, el curso de sus pensamientos vuelve al ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo: «¡Pero no deberíamos olvidarnos de lo que había hecho el Señor con cinco panes y dos peces! Había dado de comer a miles con esa cantidad. Con eso en mente, era difícil perder la esperanza», aunque, eso sí, también recuerda que «ninguno de los mandamientos prohíbe la cautela».

Este comentario explica bien el «estilo de la reticencia» que cultiva el prologuista para negar lo evidente.

Gunnar Gunnarsson. Adviento en la montaña (Advent, 1936). Madrid: Encuentro, 2015; 112 pp.; trad. de Teodoro Manrique Antón; prólogo de Jón Kalman; ISBN: 978-84-90551172. [Vista del libro en amazon.es]

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OgawaElefGato.JPG
viernes, 4 de marzo de 2016

A quien haya leído libros previos de Yoko Ogawa, no le sorprenderá que también Bailando con elefante y gato tenga como protagonista a un chico diferente, ni que la narración tenga una envidiable fluidez en la que las cosas más extrañas suceden con la mayor naturalidad.

Un niño que nace con los labios sellados, huérfano, que vive con sus abuelos y es extraordinariamente taciturno, tiene un mundo interior ocupado por dos personajes: una elefanta que vivió unos años en cautividad en un centro comercial, y alguien inexistente a quien llama la Momia, una chica de la que oyó decir que se había quedado atrapada entre las paredes de su casa. Un día conoce a un hombre muy gordo y muy amable, que vive en un autobús con su gato Peón, y le ofrece enseñarle a jugar al ajedrez. El chico aprende pero lo hace de una forma extraña: entre jugada y jugada se oculta debajo de la mesa, abrazado al gato. El niño se hace admirador de un antiguo campeón, Alexander Alekhine. Después de que, con once años, el chico gana por primera vez a quien siempre llama Maestro, este le lleva a un club de ajedrez en el que comienza una leyenda: la de Little Alekhine, un jugador que no se mostrará nunca pues estará oculto dentro de un autómata, moviendo las piezas con sus brazos mecánicos y ayudado por una joven a la que, en recuerdo de sus imaginaciones infantiles, llamará la Momia.

Libro para entusiastas del ajedrez: hay referencias a grandes jugadores, se narran con detalle algunas partidas, y hay muchas consideraciones sobre la «mística del ajedrez» —«el ajedrez es un instrumento musical interpretado a cuatro manos: el rival y uno mismo»—. El protagonista, cuyo comportamiento es siempre inocente, piensa que crecer es una tragedia y, en efecto, con el paso de los años no crece, algo que sucede así, sin más. Es notable la bondad de quienes le rodean: sus abuelos, su hermano pequeño, el Maestro, la chica que le ayuda, una señora que juega contra él… Los momentos de conflicto, que no faltan, se cuentan con acentos dolidos pero serenos, como si fueran un mal sueño. Estas cosas hacen que la historia atrape más por la curiosidad que todo provoca que por la empatía con los personajes.

Yoko Ogawa. Bailando con elefante y gato (Neko wo Daite Zó to Oyogu, 2009). Madrid: Funambulista, 2015; 421 pp.; trad. de Juan Francisco González Sánchez; ISBN: 978-84-944443-2-6. [Vista del libro en amazon.es]

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WagnerCosasN.JPG
viernes, 4 de diciembre de 2015

Cosas de niños,
de David Wagner, es un libro bien comentado en esta reseña. Es, como ahí se indica, una sucesión de escenas de la vida del narrador con su hija de unos pocos años, no siempre los mismos por lo que se deduce, y de recuerdos de infancia del narrador, de las relaciones que tuvo con sus padres. También hay algunas escenas contadas por mujeres, sin que se sepa bien qué relación tienen con el narrador y su hija, sobre relaciones entre madres e hijos.

Es un acierto el modo de relatar las cosas: sencillo, reflexivo, algo perplejo. También lo es la forma en la que van haciéndose algunos comentarios, siempre amables y nunca concluyentes, sobre los modos de ser y reaccionar de los hijos ante los padres y de los padres ante los hijos. Así, en uno del final, dice: «Desde que está aquí la niña, temo a la muerte. Tengo que cuidarme, claro, alguien me necesita. No, mentira. Desde que está aquí la niña, ya no temo más a la muerte. Sé positivamente que permaneceré».

Para quienes seguimos la LIJ son interesantes algunos textos a propósito de los cuentos de hadas —Rapunzel y Hansel y Gretel son el título de dos apartados— y de los libros para niños. En uno habla de una serie de libros sobre Conni, la niña modelo de la familia modelo: «para todas las situaciones de la vida, existe el librito pertinente. Sólo falta, lo he buscado, Los padres de Conni se divorcian. Uno de los títulos de la serie, que sí existe es Conni y la carta de amor. Conni tiene la regla, Conni se fuma su primer canuto y Conni repite curso por primera vez aún no se han publicado». Pero todo llegará, viene a decir el narrador, al que no parece gustarle la perspectiva, igual que tampoco le atrae nada tener que leerle a la niña, una y otra vez, Osos en el taller, un día en la vida de una osa motorista llamada Rosi.

David Wagner. Cosas de niños (Spricht das Kind, 2009). Madrid: Errata Naturae, 2015; 160 pp.; col. El Pasaje de los Panoramas; trad. de Esther Cruz Santaella; ISBN: 978-84-15217-98-5. [Vista del libro en amazon.es]

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MauriacNudoV.JPG
viernes, 6 de noviembre de 2015

Por recomendación de un amigo leí hace unas semanas Nudo de víboras, de François Mauriac, un autor del que no había leído nada.

Todo el libro es una larga carta que Louis, un abogado prestigioso, empieza dirigiendo a su mujer, Isa. En la primera parte repasa su vida —sus padres, su enamoramiento de Isa, sus tristes y distantes relaciones posteriores, su escaso apego a sus hijos, etc.—, poniendo de manifiesto todo el rencor acumulado y acariciando sus planes para dejarles, a sus hijos y nietos, lo mínimo posible de su gran fortuna. La primera parte termina cuando decide abandonar su casa por sorpresa, sin que lo sepa su familia, y marcharse a París, con la intención de resolver allí cómo disponer su herencia en favor de un hijo ilegítimo al que no conocía.

Narrativamente la obra está cuidada y conseguida. La doble intriga, la externa de saber qué ocurrirá con la herencia del protagonista, y la interna sobre cuál será el resultado de su feroz autoexamen, tiran con fuerza del lector. A la larga carta de Louis, que termina con una palabra decisiva truncada, se le añaden dos clarificadoras cartas más, una de su hijo comentando la carta de su padre, y otra de una nieta a su tío reclamándosela para leerla. Como suele ocurrir con este tipo de novelas, el contenido está bien armado para conducir los acontecimientos y las reflexiones hacia un final y unas conclusiones que, por supuesto, son posibles, pero a los que también cabría reprochar su artificiosidad.

El gran conflicto del protagonista está en su propia increencia —«he tardado sesenta años en componer este viejo que se muere de odio. … ¡Oh! Dios, Dios… ¡Si existieras!»—, que se alimenta también de su rechazo a la que le parece una religiosidad hueca, la de su mujer y sus hijos. El título del libro está tomado de unas lúcidas palabras suyas: «Conozco mi corazón, este corazón, este nudo de víboras: asfixiado por ellas, saturado de su veneno, sigue latiendo por debajo de este hormigueo. Este nudo de víboras que es imposible deshacer, que habría que cortar de un tajo con un cuchillo, con una espada: “No he venido a traer la paz sino la espada”».

Pero esa misma lucidez le hace ver su «fatal tendencia a simplificar a los demás» y constatar que, «a lo largo de medio siglo, no me había bastado con no conocer de mí más que lo que no era yo: había hecho otro tanto con los demás. Estaba fascinado por las miserables codicias que se reflejaban en los rostros de mis hijos», también ellos mismos otro nudo de víboras.

François Mauriac. Nudo de víboras (Noeud de vipères, 1932). Madrid: Homo Legens, 2007; 262 pp.; trad. de Almudena Montoro Picó; prólogo de Alejandro Caja; ISBN: 978-8493550615; en esta edición se contiene también el relato El beso al leproso (Le baiser au lépreux, 1922). [
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viernes, 21 de agosto de 2015

Nuestros ayeres,
de Natalia Ginzburg, ha sido una novela que he tenido en listas durante años y he leído hace poco. Al final, me ha interesado, como todo lo de la escritora italiana, pero debo indicar que me han gustado más otros libros suyos.

Se ambienta en una pequeña ciudad italiana, entre los años 1939 y 1944, y tiene como protagonistas a los miembros de dos familias vecinas más o menos acomodadas. La narración sigue sus vidas, prestando más atención a la menor de una de las familias, Anna, que se queda embarazada con 16 años y acepta la propuesta de casarse con un amigo de su padre a quien siempre todos han considerado un tío. Y llega la guerra mundial que lo cambia todo.

La historia discurre con fluidez, supongo que también debido a la buena traducción. El narrador trasmite bien modos de ser y reacciones de los personajes, en especial los femeninos. Hay una cierta melancolía de fondo pero no faltan los toques humorísticos. Además, incluso en los momentos más críticos, todo tiene acentos de normalidad que cabría llamar chéjovianos, es decir, que indican cómo la vida nos la jugamos en las menores decisiones cotidianas.

Natalia Ginzburg. Nuestros ayeres (Tutti i nostri ieri, 1952). Madrid: Debate, 1996; 343 pp.; versión castellana de Carmen Martín Gaite; ISBN: 84-7444-975-8. Nueva edición, titulada Todos nuestros ayeres, en Lumen, 2016; 360 pp.; ISBN: 978-8426418500. [Vista del libro en amazson.es]

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viernes, 14 de agosto de 2015

El final de Sancho Panza y otras suertes, de Andrés Trapiello, tiene gran calidad literaria, mucho buen humor, e inteligentes y abundantes toques metafictivos. Aquí hay una reseña extensa en la que se dan los antecedentes —la novela previa Al morir don Quijote—, se cuenta el argumento —el abandono del pueblo y la marcha a América del ama Quiteria, la sobrina de don Quijote, Antonia, su actual marido Sansón Carrasco y, sobre todo, Sancho Panza—, se apuntan los rasgos estilísticos buscadamente cervantinos de la narración, y se subraya lo que tiene la obra de gran homenaje a Cervantes.

Tal como se indica en la reseña que cito, es todo un logro el personaje de Sancho, el mismo que acompañó a don Quijote pero con mucha más experiencia de la vida. A quien le recrimina en la novela que no es el mismo, Sancho le da una buena réplica: «y para que vea una muestra de si soy o no el mismo, le digo que de casta le viene al galgo ser rabilargo, y quien tiene arte va por toda parte, y más vale saber que haber, y sí es verdad que entonces era, y ya no soy, pero tras un tiempo viene otro, y agradezco de vuestra merced tanto requiebro, pero no está ya el alcacel para zampoñas, y cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces…».

Y a quien ponga pegas a la imitación de Cervantes que hace el autor, la respuesta se la da el mismo Sansón Carrasco: «el más original es siempre aquel que mejor y más atinadamente acierta a imitar al más original, y cuanto más perfecta fuere la imitación, tanto mejor será el que la escribiere, pintare, esculpiere o concertare, y así ad infinitum. Y yo he visto que los tontos sólo se parecen a sí mismos, por lo que todos ellos son originales, cada uno a su manera».

Andrés Trapiello. El final de Sancho Panza y otras suertes (2014). Barcelona: Destino, 2014; 432 pp.; col. Áncora & Delfín; ISBN: 978-8423348671. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Tres actos y dos partes, de Giorgio Faletti, es una novela breve cuyo narrador y protagonista principal es Silvano Masoero, Silver, un viejo utillero de un equipo de fútbol de segunda división. Salvado que, al principio, es un poco más elíptico y poético de la cuenta, luego cuenta bien su relato: fue boxeador en su juventud y encarcelado en su momento por amañar apuestas; su mujer, con la que se casó al salir de la cárcel, fue la gran influencia de su vida y dejó en ella un gran hueco cuando falleció; es utillero en un equipo provinciano desde hace tiempo y, ahora, sólo falta un partido para confirmar o no el ascenso a primera división; además, la figura del equipo, después de una serie de vueltas y revueltas de la vida, es su propio hijo, con quien no se lleva bien...

Silver es un personaje conseguido, de los que transmite autenticidad: sus acentos se corresponden bien con lo vivido, su desgarro al narrar deja entrever calidad humana y bondad, y si afirma que no cree en Dios… también confiesa que sí reza a su mujer con frecuencia. La historia tiene una tensión creciente y, aunque se le podrían poner pegas a la forma en que todo se resuelve, también podemos aceptar sin problemas el desenlace tal como está. Al terminar la novela el escritor dice ser un ignorante sobre fútbol pero asegura que se documentó bien y habló con futbolistas como Del Piero y entrenadores como Zaccheroni. Lo cierto es que ha salvado esa ignorancia no sólo con buena documentación sino con un recurso brillante de buen escritor: el que cuente un partido de fútbol lleno de tensión alguien que prácticamente no lo ve.

Giorgio Faletti. Tres actos y dos partes (Tre atti e due tempi, 2011). Barcelona: Anagrama, 2014; 149 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona; ISBN: 978-84-339-7881-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 5 de junio de 2014

Una novela que, por su frescura y simpatía, me gustó mucho cuando la leí hace tiempo: Kamchatka, de Marcelo Figueras. Una parte de su impacto está en lo bien que captura y retrata muchos aspectos del mundo imaginativo de un niño en la década de los setenta.

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viernes, 9 de mayo de 2014

La traductora de Delhi no está lejos explica, en un prólogo, quién es su autor, Ruskin Bond —un escritor muy popular en India, con algunas obras infantiles y juveniles famosas, y escasamente conocido en España—. En el epílogo, el autor dice que escribió esta novela en los años 60, cuando dejó su pueblo para mudarse a Delhi, que luego abandonaría para instalarse en las montañas; y que, más adelante, la rehízo para publicarla en 1994 primero, y algo modificada de nuevo en 2004.

Su protagonista es un joven escritor de novelas de misterio, Arun, que sueña con dejar su pueblo, Pipalnagar, e irse a Delhi. Tiene algunos amigos muy singulares y, sobre todo, uno con el que vive: Suraj, un chico epiléptico de 18 años. También vive con los dos, por temporadas, una joven prostituta llamada Kamla. El relato no es más que una sucesión de incidentes y de personajes hasta que Arun, que es quien lo cuenta todo, tiene al fin la oportunidad de irse a Delhi.

Se comprende la falta de popularidad de Bond en muchos países pues tanto este libro como El camino del bazar —creo que es el único libro infantil suyo que se ha publicado en España, en SM, ya en el año 86— pintan un mundo con mucho colorido local, sí, pero distante y, por tanto, por el que sólo algunos tendrán curiosidad e interés. Delhi no está lejos es como un cuadro de costumbres y un conjunto de reflexiones acerca de la forma en que ve a la gente y las cosas el narrador.

Este pinta bien el enorme bullicio de su ciudad y al final resume su forma de hacer frente a la vida del siguiente modo: «quiero seguir viviendo, regocijándome como un pagano en todo lo que es físico» pero con la convicción firme de que esta vida terrena «no importa lo larga que sea, nunca podrá satisfacer mi corazón». Y no le falta el buen humor: «Nos encontramos con Pitamber bailando en medio de la carretera. Estaba muy contento y bastante borracho.
—¿Por qué estás bailando en la carretera? —le pregunté.
—Porque soy feliz. Por esto —dijo Pitamber.
—¿Y qué es lo que te hace tan feliz, amigo mío?
—Estar bailando en la carretera —contestó».

Ruskin Bond. Delhi no está lejos (Delhi es not far, 1960-1994). Madrid: Automática Editorial, 2012; 139 pp.; trad. y prólogo de María López González; ISBN: 978-84-15509-03-5.

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viernes, 24 de agosto de 2012

A orillas del lago, de Mary Lawson, es una buena narración de las que hace comprender que algunas opciones en la vida, que a ojos ajenos o al principio pueden parecer una lástima porque supuestamente se abandonan otras posibilidades que parecían más brillantes, de ningún modo son una desgracia y, con más perspectiva, incluso acaban siendo mucho mejores.

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jueves, 12 de abril de 2012

Katrina,
de la finlandesa Sally Salminen, es una novela con fuerza y una protagonista comparable con las de tantas novelas de Willa Cather. Cuenta la vida de una mujer de Österbotten, una región de Finlandia, que se deja deslumbrar por la simpatía de un marinero que un día llega a su pueblo, por lo que se casa y se marcha con él lejos, a Åland. Una vez allí, se da cuenta de que su marido, una buena persona, es el hazmerreír del pueblo por su palabrería y su afición a presumir, y que sus promesas eran completamente vanas. Pero hace frente a su nueva situación: trabaja duramente en distintas casas del pueblo, educa a sus hijos e incluso va viendo los aspectos buenos que tiene su marido. Y, llegado el momento, reivindica con entereza lo que se le debe: «una mujer debe hacerse valer tanto como un hombre y hasta más», dice Katrina al capitán Nordkvist cuando le reclama las deudas que ha contraído con ella.

Todo se cuenta con paso tranquilo para meter al lector en el mundo interior de Katrina, toda una personalidad, que acaba ganándose a sus vecinos y, también, el respeto de los hombres más ricos del pueblo. Hay momentos tensos, como corresponde a la vida de pueblos marineros que viven inquietos por la suerte de quienes se han embarcado, y como es propio, también, de quienes han de hacer frente a situaciones climatológicas extremas. Al principio de la historia Katrina se propone ser feliz, llegar a vencer la miseria en la que vive, y demostrar «a todo el mundo que tenía fuerza para hacer florecer su dicha aún en el corazón de aquellas desnudas rocas», pero su historia se parece poco a los grandes novelones románticos pues los acentos amables de la narración no esconden la dureza en ningún momento.

Sally Salminen. Katrina (1936). Madrid: Palabra, 2012; 526 pp.; col. Roman; trad. de Francisco Torres Ferrer y L. Vegas López; ISBN: 978-84-9840-581-1.

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UrbinaCarromato.jpg
jueves, 22 de septiembre de 2011

Cuando, semanas atrás, puse Antón Retaco, recordé El carromato del circo, de Pedro Antonio Urbina, que trata sobre la misma cuestión. Es un libro que, cuando lo leí, lo fiché con intención de ponerlo en Bienvenidos a la fiesta (libro), cosa que al final no hice porque, ahora mismo, sólo hay cuatro ejemplares disponibles en la red de bibliotecas públicas españolas.

Cuenta la vida de una familia en la que los padres son payasos y los hijos también actúan en el circo. A lo largo de la historia, mientras viajan de ciudad en ciudad, van pasando cosas: nace un nuevo niño; se van yendo del carromato varios hijos, por razones profesionales o porque se casan...; y otros se quedan por distintos motivos: el mayor porque no es listo, el tercero porque al final es quien acaba soportando el peso de la familia, junto con la madre...

Las voces narrativas son las de los distintos miembros de la familia, que van contando momentos de la historia a la vez que dejan fluir sus pensamientos libremente. Incluso el mismo carromato tiene a veces la palabra. Aunque las separaciones indican quién habla, a veces hay irrupciones de los pensamientos de otro (en esas ocasiones se agradecería, por ejemplo, una línea en blanco para orientar al lector: es un caso en el que la complejidad resulta innecesaria). Este modo de contar es perfecto para lo que se busca: definir bien el mundo interior de cada personaje al tiempo que dar una imagen real de cómo se construye una vida familiar en la que conviven personas diferentes. Luego, el autor tiene un talento especial para dar con el tono coloquial justo en unos diálogos que respiran verosimilitud, y para mostrar con claridad los conflictos interiores y la misma confusión que inunda los pensamientos de sus personajes. Al final vemos una familia en la que unos ceden y otros se imponen, unos son generosos y otros egoístas, unos descubren las cualidades de los demás y otros parecen interesados sólo en lo propio.

La historia conserva sabor y fuerza debido a un lenguaje que a la vez es preciso y sencillo, con el modo de hablar repetitivo que se puede suponer en los narradores; y también a que deja el mismo sabor agridulce de la vida: cómo los hombres acaban llegando a un compromiso interior entre lo que ambicionan y lo que consiguen, cómo unos aceptan mal que bien las cadenas que les atan mientras que otros no hacen más que dar tirones intentando desasirse. Ciertamente, algunos lectores tropezarán con la dificultad de que los ambientes (del carromato del circo y del mundo de fuera), así como las relaciones entre hombres y mujeres que se dibujan, se corresponden a la España de los cincuenta y sesenta.

Pedro Antonio Urbina. El carromato del circo (1968). Ávila: La Muralla, 1968; 255 pp.; col. Literatura Año 2000; agotado.

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Por favor, cuida de mamá,
de la coreana Shin Kyong-Sook, es un bestseller que ha superado con creces mis expectativas.

Cuando, durante una visita a Seúl para ver a su hijo, una mujer mayor se pierde, sus hijos intentan encontrarla de nuevo y, en ese proceso, recuerdan la vida de su madre. La narración alterna los puntos de vista de varios hijos y de su marido, y los sucesivos narradores cuentan las cosas en segunda persona, dirigiéndose a quien focaliza el relato en cada momento, así: «caes en la cuenta de que solías pensar en mamá cuando algo no iba bien en tu vida porque cuando pensabas en ella era como si las cosas volvieran a encarrilarse, te sentías revigorizada».

Los puntos de interés de la historia son que tiene calor humano, que refleja con viveza unos modos de vida poco conocidos entre nosotros, que los retratos de los hijos y de la madre son verosímiles, y que tiene un desenlace muy poderoso. Uno de los muchos descubrimientos que las hijas y los hijos hacen sobre su madre se da cuando se plantean, y le preguntan si le gustaba o no estar siempre en la cocina: «Ni me gusta ni me disgusta. Cocinaba porque tenía que hacerlo. Tenía que estar en la cocina para que todos comierais y fuerais a la escuela. ¿Cómo vas a hacer solo lo que te gusta? Algunas cosas tienes que hacerlas tanto si te gustan como si no. —Pero su expresión decía: “¿Qué clase de pregunta es esta?” Y luego murmuró—: Si sólo haces lo que te gusta, ¿quién va a hacer lo que no te gusta?»

Shin Kyong-Sook. Por favor, cuida de mamá (Please Look After Mom, 2008). Barcelona: Grijalbo, 2011; 236 pp.; col. Narrativa; trad. de Aurora Echevarría; ISBN: 978-84-253-4625-5.

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viernes, 12 de agosto de 2011

Hijo de ladrón
,
de Manuel Rojas, es una novela muy bien escrita que presenta una gran galería de tipos marginales —vagabundos, aventureros, delincuentes...—, y que intenta conducir al lector a la comprensión de ese tipo de hombres que van por la vida con heridas que no se ven.

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DaviesTempestad.jpg
viernes, 17 de junio de 2011

En A merced de la tempestad, la primera novela de Robertson Davies, una compañía de teatro de aficionados de la ciudad canadiense de Salterton, prepara una representación de La tempestad. La narración es excelente y logra meter al lector en la historia: los personajes van quedando retratados al hilo de los incidentes, los diálogos tienen viveza y los irónicos comentarios al paso son inteligentes, está conseguido el entretejido de la trama con la de la obra de Shakespeare. Pero, si como cuadro costumbrista es magnífico, como novela no se sostiene del todo: según avanza gana peso un personaje que no tiene tanta consistencia como para ser el principal o, tal vez, es que los embrollos que le ocurren al final suenan muy exagerados.

Con todo, los momentos graciosos son muchos. Así, se nos dice de un tipo que era un vendedor admirable pues «una de sus principales virtudes en tan competitivo trabajo era la facilidad que tenía para identificarse sinceramente con puntos de vista opuestos». Se describe una habitación y se apunta que contenía una silla que «era verdaderamente muy moderna y la evitaba todo el mundo, salvo los invitados más menudos». Es memorable la observación de que «el borborigmo o rugido de tripas no ha recibido ni de la ciencia ni del arte la atención que merece». Y un personaje señala que «tan nocivo es retener una evacuación natural de gozo como de cualquier otro humor corporal. Da estreñimiento espiritual; la alegría frustrada, reseca y dura, atasca».

Robertson Davies. A merced de la tempestad (Tempest-Tost, 1951). Barcelona: Libros del Asteroide, 2011; 342 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 978-84-92663-32-3.

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NemirovskiNieveO.jpg
jueves, 9 de junio de 2011

Nieve en otoño,
de Irene Nemirovski, es un relato breve, que se podría equiparar con los de Joseph Roth que hablan del desmoronamiento del mundo de entreguerras para muchos, y que, como dice con acierto la contraportada, tiene aires chéjovianos.

Comienza cuando los hijos mayores de la familia de la nobleza rusa en la que lleva sirviendo muchos años la protagonista, Tatiana Ivanovna, se marchan a la guerra. Luego, estalla la revolución. Termina cuando esa familia malvive en un piso de París, pobremente pero gracias a Tatiana, que no se acostumbra ni a la forma que tienen de vivir ni al nuevo clima.

El relato parece sencillo, y lo es, pero está bien construido y es intenso: aunque cuenta pocas cosas están bien elegidas y, en cada una, se presta atención a los detalles. Su objetivo es mostrar el sufrimiento y el desarraigo de la protagonista contra el telón de fondo de unos aristócratas al principio pudientes y siempre inconscientes. Pero, me parece a mí, el principal interés de la narradora está en mostrar cómo, al fin, son los humildes y compasivos quienes mantienen viva la humanidad.

Irene Nemirovski. Nieve en otoño (Les mouches d’automne, 1931). Barcelona: Salamandra, 2010; 93 pp.; trad. de José Antonio Soriano Marco; ISBN: 978-84-9838-310-2.

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jueves, 1 de octubre de 2009

Maria Chapdelaine,
de Louis Hémon, es un clásico franco-canadiense de comienzos del siglo XX. Su protagonista es la hija de una familia de colonos que tiene tres pretendientes que representan distintos modos de vida: el del trampero, el del comerciante y el del campesino. La novela narra, con paso tranquilo y de modo realista, la vida cotidiana en el campo y se recrea en las descripciones ambientales. Es un relato amable, una buena lectura para quien disfrute de la naturaleza y de la vida en el campo, y no tanto para gente apresurada o que deseen tensión y drama. Es también un elogio moderado y sensato del propio país y del propio modo de vida y de la propia lengua frente a otros.

Louis Hémon. Maria Chapdelaine (1916). La Coruña: Ediciones del Viento, 2008; 168 pp.; col. Viento simún; trad. de Alfonso Hernández Catá; ISBN: 978-84-96964-27-3.

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viernes, 24 de julio de 2009

Para dar más información sobre un maestro como Joseph Roth —después de hablar de sus Cartas y de obras de ambiente judío como Job y El Leviatán—, hablo ahora un poco de novelas en las que retrata el hundimiento del imperio austrohúngaro en las primeras décadas del siglo XX y sus consecuencias sociales y psicológicas. La principal sin duda es La marcha Radetzky, que tiene una especie de secuela en La cripta de los capuchinos, pero a mí me gustan mucho dos relatos cortos sobre lo mismo que son Fuga sin fin y El busto del emperador.

En la primera se cuenta la vida del oficial austríaco Franz Tunda, que cae en poder de los rusos en 1916 y es enviado a un campo de prisioneros a Irkutsk; luego huye de allí junto con un polaco y vive oculto unos años; más tarde se une a un grupo de revolucionarios soviéticos y obtiene un puesto en la nueva administración rusa; y cuando vuelve a Austria y allí se ve también desplazado, decide marcharse a París. En la segunda el protagonista es el conde Morstin, un hombre que no entiende ni acepta de buen grado la disolución del imperio austro-húngaro después de la Gran Guerra, y menos aún la consecuencia de que su pueblo de Galitzia se anexione a Polonia y deje de pertenecer al imperio; por eso pone un busto del viejo emperador Francisco José a la entrada de su casa y sigue saludándolo respetuosamente hasta que las nuevas autoridades le obligan a retirarlo.

Roth muestra que hay momentos históricos en los que mucha gente siente que se queda sin tierra bajo los pies: lo vemos en Tunda, un hombre de treinta y dos años, sano y despierto, joven y fuerte, que se siente sin embargo completamente superfluo y fuera de sitio allá donde va; y en Morstin, un personaje idealista y estrafalario retratado con ternura e ironía, y cuya conducta y opiniones indican también una gran lucidez. Y sus novelas son un ejemplo de cómo presentar el pasado yendo más allá de la nostalgia: buscando las raíces de la mediocridad del presente y de los males que parece depararnos el futuro.

Joseph Roth. La marcha de Radetzky (Radetzkymarsch, 1932).Barcelona : Edhasa, 1989; 348 pp.; col. Narrativas Edhasa; trad. de Arturo Quintana; ISBN: 84-350-0542-9.
Joseph Roth. La cripta de los Capuchinos (Die Kapuzinergruft, 1938). Barcelona: El Acantilado, 2002; 219 pp.; col. Narrativa del Acantilado; trad. de Jesús Pardo; ISBN: 84-95359-74-X.
Joseph Roth. Fuga sin fin (Die Flucht onhe Ende, 1927). Barcelona: Acantilado, 2003; 167 pp.; col. Narrativa del Acantilado; trad. de J. L. Vernal revisada por José Vivar; ISBN: 84-96136-00-0.
Joseph Roth. El busto del emperador (Die büste des Kaisers, 1934). Barcelona: Acantilado, 2003; 59 pp.; col. Cuadernos del Acantilado; trad. de Isabel García Adánez; ISBN: 84-96136-19-1.

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viernes, 29 de mayo de 2009

Hacia otro verano
es un relato muy especial de Janet Framelo escribió en 1963 y lo guardó por considerarlo demasiado personal, aunque parece ser que lo dejó preparado con la intención de que fuera publicado tras su muerte.

Lo importante del libro es la descripción de la inseguridad interior y la torpeza para las relaciones con los demás de una escritora neozelandesa llamada Grace Cleeve, se deduce que la misma Frame. La primera parte, que actúa como presentación de la protagonista, son las horas previas a un viaje para pasar un fin de semana con un matrimonio amigo. La segunda parte, ya en la casa de sus amigos, son los pequeños sucesos de la convivencia con ellos y sus hijos pequeños junto con que, en algunos momentos, se produce un cambio de paso cuando se ve como inundada por recuerdos de infancia. Toda se cuenta en tercera persona pero desde dentro de la protagonista, con cambios a la primera persona en algunos tramos o párrafos de la segunda parte.

Al leerla recordaba un comentario del crítico alemán Marcel Reich-Ranicki cuando, para explicar por qué un crítico puede con frecuencia juzgar un libro mejor que el mismo escritor aunque no pueda ni de lejos imitar su trabajo, decía que un pájaro no tiene por qué saber ornitología y un ornitólogo normalmente no sabe volar. Una razón es porque Grace Cleeve se ve a sí misma como un pájaro migratorio, alguien fuera de sitio y que todo lo sobrevuela; y otra porque, al principio, se cuenta que un día le hacen una entrevista y, tal como le suele pasar, no sabe responder: «Suspiró, repitiendo Lo siento, Lo siento, en un susurro, mientras negaba con la cabeza. —No lo sé, no lo sé. ¿De qué tratan mis libros? ¿Por qué habría yo de saberlo? ¿Mi estilo? ¿Qué más da?».

El hilo conductor lo dan los acontecimientos cotidianos de una protagonista consciente de que no piensa bien del todo, pues sus experiencias pasadas condicionan su comprensión de las personas, y consciente de que, incluso cuando piensa bien, luego tropezará con un muro insalvable al intentar trasladar sus pensamientos a la vida real. Luego, una parte del relato se pasa en esas posibilidades no cumplidas en las que Grace adelanta con la imaginación diálogos o situaciones que nunca tendrán lugar. Y la otra tiene que ver con algo que describe así ella misma: «En mi mente fluye una sustancia de crecimiento rápido, un tipo de compuesto favorable a momentos descartados que florecen tan altos y subrepticiamente se convierten en árboles encantados; y antes de que pueda parpadear una o dos veces ya hay un bosque —pájaros, animales, gente, casas, todo surge de ese momento sin importancia; ocurre a toda velocidad y a cámara lenta».

Para los cánones habituales es una novela inesperada y con un encanto fuera de lo común. En ella son muchas las imágenes potentes y abunda un buen humor que acaba resultando conmovedor: «Cuando la gente se dirigía a ella, Grace solía salpicar las observaciones que le hacían con un Sí, sí, ya veo, sí, y a veces con un murmurado m-m-m-m. Nunca decía No, no, no. ¡Qué extrañados se quedarían ella y los demás si dijera No, no, no! ¡No, no lo veo, no lo comprendo! Pero sí, lo veía, lo comprendía, sí sí claro, m-m-m-m». Luego, si el lector no pierde de vista que tiene delante a una gran escritora y, por tanto, que la historia está más estructurada de lo que parece, recordará ese párrafo cuando, hacia el final, lea: «Sí: una afirmación fea y despojada; un tratamiento carcelario para las ideas que se agolpan tras de los barrotes».

Janet Frame. Hacia otro verano (Towards Another Summer, 1963). Barcelona: Seix Barral, 2009; 269 pp.; col. Biblioteca Formentor; trad. de Aleix Montoto; ISBN: 978-84-322-2840-7.

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viernes, 6 de marzo de 2009

Chéjov
es uno de los muy pocos escritores de los que me interesa todo, pues los personajes y los conflictos que narra siempre me parecen verdaderos. Por eso he leído con ganas y atención Cinco novelas cortas, historias todas ellas centradas en descubrimientos personales y giros vitales.

En Una historia aburrida, un prestigioso catedrático de medicina que aguarda su muerte y no se siente comprendido por nadie, se da cuenta de que tampoco él comprende a quienes viven a su lado. En El duelo, Laievski, un funcionario quejoso en el Cáucaso, cansado de la mujer con la que vive y pensando sólo en escapar de la vida que lleva, cambia por completo después de ser desafiado a un duelo por un zoólogo darwinista llamado von Koren. En La sala número seis un médico de un psiquiátrico acaba siendo ingresado él mismo. En Relato de un desconocido, un revolucionario tuberculoso se hace sirviente de una casa noble con vistas a obtener información importante, pero acaba enamorándose de la mujer a la que su señor desprecia. En Tres años, después de una boda y una vida matrimonial triste, ambos cónyuges van reconduciendo sus vidas de un modo más esperanzador.

Una de las mejores cosas de Chéjov es cómo sabe captar el sufrimiento interior de sus personajes y cómo sabe luego mostrarlo en todo su patetismo para llevarnos a comprender mejor incluso aquellas conductas que no aprobamos o que (nos parece que) nosotros nunca tendríamos. Puede hacerlo, sobre todo, gracias a su talento para, en boca de unos u otros, desvelar debilidades humanas: en El duelo, el zoólogo Von Koren, un hombre duro que también acaba reconociendo la injusticia con la que a veces razona, arremete contra un débil diácono: «su juicio está tan pervertido por esa filosofía de seminario que ve niebla por todas partes»; o critica ferozmente a Laievski delante del médico Samóilenko: «Esos lujuriosos deben de tener en la cabeza una excrecencia peculiar, una especie de sarcoma que les oprime el cerebro y condiciona toda su psicología».

Antón Chéjov. Cinco novelas cortas. Son: Una historia aburrida (Skuchnaia istoria, 1889), El Duelo (Duel,1891), La sala número seis (Palata nomer 6, 1892), Relato de un desconocido (Rasskaz neizvestnogo cheloveka, 1893) y Tres años (Tri goda, 1895). Barcelona: Alba, 2008; 440 pp.; col. Alba Maior; introducción y trad. de Víctor Gallego; ISBN 13: 978-84-8428-388-1.

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viernes, 13 de febrero de 2009

Al acabar En el café de la juventud perdida, repasé mis notas para comprobar cuántas obras de Patrick Modiano he leído a lo largo de los años: Una juventud (Une jeunesse, 1980), Tan buenos chicos (De si braves garçons, 1982), Los mundos de Catalina (Catherine Certitude, 1988) —novela publicada en una colección de literatura infantil—, El rincón de los niños (Vestiaire de l´enfance, 1989), Dora Bruder (1997), Las desconocidas (Des inconnues, 1999), Joyita (Le petite bijou, 2001).

Es curioso porque todas me han gustado y al mismo tiempo se podría decir que «leída una, leídas todas»: todas tienen en común un estilo escueto, todas miran al pasado y tienen lugar en la Francia posterior a la segunda Guerra Mundial, todos y todas sus protagonistas son seres silenciosos como sombras que llevan unas vidas grises, más o menos todas novelan de modo compasivo y elegante (¿demasiado elegante?) unos mundos un tanto turbios e incluso sórdidos.

Los temas que importan a Modiano son el de la «supervivencia de las personas que han desaparecido», el de «la esperanza de volver a encontrar algún día a quienes se perdieron en el pasado» y, con ella, la posibilidad de que «no ha sucedido lo irreparable y todo podrá empezar como antes», por usar frases de una de sus criaturas de ficción. Novela tras novela, Modiano va sumando argumentos que componen un paisaje de conjunto con luces inalterables de melancolía y fatalismo, de ternura entristecida y falta de remedios para la soledad. Esas frases, que preparé tiempo atrás para una reseña de Joyita, sirven para comentar En el café de la juventud perdida, un relato que sigue a una chica misteriosa llamada Louki y en la que varios personajes que la conocieron más o menos de cerca, recomponen lo que pueden de su vida.

Patrick Modiano. En el café de la juventud perdida (Dans le café de la jeunesse perdue, 2007). Barcelona: Anagrama, 2008; 131 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de María Teresa Gallego Urrutia; ISBN: 978-84-339-7486-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 24 de noviembre de 2006

Me gusta el mundo propio, cordial y bienhumorado, de las tres novelas publicadas hasta el momento por Unai Elorriaga. Me caen bien sus extravagantes personajes adultos (que me recuerdan muchísimo a Sapo y Sepo, de Arnold Lobel), y me admira cómo el autor consigue que todo encaje con naturalidad, una naturalidad que parece laboriosamente trabajada frase a frase y párrafo a párrafo.

La que me parece mejor es la última, Vredaman: su entramado de historias está más logrado y, sobre todo, la voz narrativa brilla especialmente cuando el narrador es un niño como Tomas (sin acento): «Nosotros vemos todos los colores. Por esto tenemos ropas de todos los colores. Igual habrá un color que no veamos, pero pocos. Un color o dos, pero todos los demás yo creo que sí los vemos. Por eso tenemos ropas de todos los colores y canicas de todos los colores y jerseys de todos los colores. Pero los peces y los perros no ven todos los colores. En esto somos diferentes las personas y los perros. También los peces. Luego hay personas que no tienen gafas. Los peces no tienen gafas, pero las personas que tienen gafas y los peces son parecidos, porque los dos ven mal. Creo que las cosas son así».

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miércoles, 4 de octubre de 2006

Una medida del excepcional nivel literario de Selma Lagerlöf se puede apreciar leyendo Jerusalén, una extensa novela inspirada en la expedición real a Jerusalén de un grupo de campesinos suecos a finales del siglo XIX: una gran historia, un lenguaje rico, unos escenarios únicos, y unos personajes poderosos cuyos conflictos interiores se narran con viveza y verosimilitud.

Selma Lagerlöf. Jerusalén (Jerusalem, 1902). Barcelona: Ediciones B, 2005; 470 pp.; trad. de Caterina Pascual Söderbaum; ISBN: 84-666-1980-1.

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