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Notas del archivo 'Fantasía' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 8 de junio de 2017

El árbol de las mentiras, de Frances Hardinge, es una novela bien escrita y construida que se resiente, sin embargo, de que hay en ella demasiados ingredientes: caserón de aires góticos, ambientes sociales asfixiantes, menor consideración social de las mujeres, revuelo entre clérigos por las doctrinas evolucionistas, rivalidades académicas furiosas, un asesinato intrigante, una planta misteriosa con poderes asombrosos…

Siglo XIX, Inglaterra. El clérigo y naturalista Erasmus Sunderly, junto con su familia, viaja a la isla de Vane para participar allí en unas excavaciones. También, según sabremos, está huyendo de algunas noticias que ponen en duda su integridad profesional. Todo se cuenta desde la perspectiva de su joven hija Faith, una chica exteriormente modosa pero con una gran ambición interior de ser científica. Enseguida comienzan los problemas para ellos pues los rumores han llegado a Vane. Además fallecerá Erasmus en circunstancias extrañas y, aunque la madre de Faith desea que se piense que ha sido un accidente, todo parece indicar que ha sido un suicidio —lo que impide que se le pueda enterrar cristianamente—, pero Faith está segura de que ha sido asesinado.

Se siguen con interés los incidentes de la historia, que avanza de revelación en revelación, aunque algunos pasos argumentales parezcan algo forzados y algunas maniobras de Faith sean demasiado laboriosas. Son eficaces las descripciones que ponen de manifiesto el mundo interior en ebullición de la heroína, cuya afirmación personal como científica es el punto central de la novela. Tienen fuerza varios personajes secundarios que bien podrían estar sacados de novelas de las Brontë. La novela cambia de tono cuando quedan claros los poderes, llamémosle sobrenaturales, de la planta que oculta el padre de Faith —«un árbol que desvelaba los secretos del mundo»—, y cuando los sueños que inducen sus frutos alucinógenos conducen a revelaciones decisivas. Esta irrupción tan fuerte de lo fantástico quita peso a los aspectos de intriga, de crítica social y de reconstrucción histórica que tiene la novela.

Por otro lado, en ella se vuelve a cuestiones muy tratadas ya, como con ánimo de rematar a quien ya está bien muerto. Por ejemplo, Faith se lamentará de que «su ropa era opresiva: no podía pasar por un camino polvoriento, ni desafiar la lluvia, ni sentarse sobre una silla de mimbre, ni apoyarse sobre una pared encalada sin estropear alguna parte del vestido, ensuciarlo, desgastarlo o darlo de sí»; a su hermano Howard le ponen la manga izquierda cosida para que tenga que usar la derecha y, cuando vaya al colegio, al cumplir los ocho años, no sea zurdo; un tipo, entusiasmado con la craneometría, sostiene que la inteligencia de las mujeres es menor porque su cráneo es más pequeño (no hace falta decir que recibirá su merecido)... Las ilustraciones grandes, algunas de página completa y otras presentes en los márgenes de muchas páginas, contribuyen al clima inquietante de la novela.

Frances Hardinge. El árbol de las mentiras (The Lie Tree, 2015). Barcelona: Bambú, 2017; 486 pp.; col. Exit; ilust. de Chris Riddell; trad. de Roser Vilagrassa; ISBN: 978-84-8343-514-4. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 24 de febrero de 2017

Diez años después de su última novela, Kazuo Ishiguro ha publicado El gigante enterrado, una obra diferente a las anteriores por su enfoque y por su ambiente.

Los hechos tienen lugar en una Inglaterra medieval, posterior al mundo artúrico, cuando aún están abiertas las heridas de los enfrentamientos entre sajones y britanos. Una pareja de ancianos britanos, Beatrice y Axl, algo desorientados porque no tienen ya buena memoria, deciden ir en busca de su hijo que, hace años, les abandonó. En el camino coinciden con un fiero guerrero sajón llamado Wistan y un chico de doce años que va con él, llamado Edwin y que tiene una herida misteriosa; con un anciano caballero de la corte de Arturo, sir Galwain, que anda en busca de la dragona Querig. Van encontrándose soldados, a los que burlan o con los que combaten, y monjes que les acogen, no siempre con buena voluntad.

La historia interesa pues está bien escrita y es intrigante. Son muchas las preguntas que se suscitan, sobre los objetivos tan distintos que tienen los personajes y cómo han terminado juntos en una trama tan improbable. Tantos interrogantes tiran del lector hacia delante pero, al mismo tiempo, no hacen la historia convincente pues la extrañeza de lo que sucede no facilita la cercanía con las emociones de los personajes. Es una gran imagen la de la niebla que se apodera del paisaje y que parece ser la causa de que a los ancianos, y parece que a todos, les haga olvidarse de cosas del pasado. Una y otra vez se plantea si, tanto personal como socialmente, no será mejor olvidar que recordar el pasado, el gigante enterrado, pues tal vez si se levantase de nuevo muchos lazos de afecto se romperían y los viejos agravios despertarían nuevos deseos de venganza y de conquista.

Es cierto que El gigante enterrado «permanece en el recuerdo mucho después de haberlo leído, negándose a irse y obligándonos a reflexionar una y otra vez sobre él», dice Neil Gaiman en la reseña que le hizo a este libro. Pero también, aunque la califique de novela excepcional —todo lo que toca Ishiguro tiene calidad—, reconoce que no ha sido capaz de enamorarse de ella tanto como le hubiese gustado: resulta imposible leer la novela sin la componente alegórica que tiene —la misma narración te hace leerla así—, pero a la vez lo que tiene de alegoría es como un confuso monstruo que se nos oculta en la niebla.

Kazuo Ishiguro. El gigante enterrado (The Buried Giant, 2015). Barcelona: Anagrama, 2016; 365 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Mauricio Bach; ISBN: 978-84-339-7966-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 17 de noviembre de 2016

Los secretos de los duendes, de William Alexander, un escritor experto en folclore y teatro, es una novela de hace tiempo que saqué de la biblioteca porque, al hojearla, vi que su originalidad había sido aplaudida por Peter Beagle, que estaba traducida por Verónica Murguía, y que había ganado un importante premio en los Estados Unidos. Ha cumplido ciertas expectativas —es un libro realmente original como dice Beagle y su versión castellana es fluida— pero no todas: no es fácil conectar emocionalmente ni con los personajes ni con el conflicto que se plantea.

Zombay, una ciudad en la que está prohibido el teatro —«los ciudadanos no pueden ser actores y no deben fingir que son lo que no son» dice un bando del alcalde—, salvo para una compañía de duendes que sí puede hacer representaciones —uno de ellos dice: «siempre usamos máscaras y pocos datos para encontrar la verdad, y cuando la encontramos, la moldeamos para que se vuelva más verdadera»—. El pequeño Rownie, pupilo de una vieja bruja llamada Graba —una rara gallina gigante con patas mecánicas, hermana de la famosa Baba Yaga—, huye de ella y se une a los duendes para intentar encontrar a su hermano mayor Rowan, desaparecido hace tiempo. Pero Graba le perseguirá de distintos modos y, además, Zombay se ve amenazada por una crecida del río.

Relato con referencias a viejas leyendas y cuentos —algunas se aclaran un poco en un glosario final—, con comentarios acerca del poder de las palabras, y un argumento que habla del importante papel de los comediantes. Pero, aunque sea interesante para lectores al tanto de las referencias al folclore, y capaces de seguir las insinuaciones que va dejando caer el narrador, es una lectura enredada y laboriosa. En unos escenarios poco familiares y con una mezcla de personajes de distinto tipo, ya de por sí difíciles de comprender del todo, hay también descripciones de representaciones teatrales, lo cual es pedirle al lector un triple o cuádruple salto mortal imaginativo. Con todo, a mí me ha interesado el libro, pues tiene altura, está bien escrito y apunta ideas valiosas..., pero, por lo dicho, no seguiré con la serie.

William Alexander. Los secretos de los duendes (Goblin Secrets, 2012). Barcelona: Océano, 2014; 268 pp.; col. Gran Travesía; trad. de Verónica Murguía; ISBN: 978-84-942582-5-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 22 de agosto de 2014

Navegantes del tiempo,
de Sjón, es una curiosa novela, distinta en tono y en construcción de las otras dos del autor que se han publicado en castellano, y lejos de la intensidad y de la potencia que tienen El zorro ártico y Maravillas del crepúsculo. Si pensamos en la singularidad de su argumento y en su mensaje final tan a tono con nuestro tiempo, se comprenden los elogios que ha recibido. Si pensamos en lo confusa y plomiza que resulta, ya no tanto.

Año 1949. El narrador principal es Valdimar Haraldsson, un pedante y aburrido erudito, experto en la influencia del pescado en el mundo nórdico. Cuenta que es invitado a realizar una travesía en un mercante danés y la sorpresa que se lleva cuando ve que el segundo de a bordo, Céneo, entretiene cada noche al capitán y a sus invitados con las travesías que realizó a bordo del Argo bajo el mando de Jasón. Céneo se detiene, sobre todo, en la estancia de Jasón y sus compañeros en Lemnos; y, más adelante, habla de su vida previa como mujer antes de ser convertida en hombre por Poseidón.

La narración, como tal, es buena, por más que los acentos de Valdimar sean insufribles, que ningún personaje resulte amable o estimulante, y que tampoco el argumento tenga gran atractivo. De modo no siempre claro (para mí) hacen eco, unos en otros, relatos griegos mitológicos, antiguas eddas nórdicas, y las cosas que van ocurriendo en el barco. En el último y breve capítulo, titulado «vuelta a casa», se produce un cambio de tono en los acentos y el comportamiento del protagonista, mucho menos ortopédico en todo, también en cuestiones sexuales, como si su contacto con el mundo clásico antiguo le hubiera liberado.

Esto, que no sería necesario indicarlo en una reseña, es sin embargo subrayado por un «epílogo del autor». En él explica la equivalencia Céneo-Cronos y Valdimar-Kairós, aclara que ha pintado a Valdimar como una «marioneta de la iglesia comunitaria nórdica», y expone su esperanza de que, en nuestra época, sea mayor la influencia (se supone que benéfica) de los dioses antiguos.

Sjón. Navegantes del tiempo. El mito de Jasón y Céneo (Argóarflisin, 2005). Madrid: Nördica, 2014; 143pp.; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-16112-21-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

La maravillosa O, de James Thurber, es un relato tan especial como Los trece relojes. Los protagonistas iniciales son Littlejack, un tipo que tiene un mapa de un tesoro en una isla lejana, y Black, un pirata con un barco llamado Aeiu (debido a que odia la letra o). Se ponen de acuerdo para ir a buscarlo y, como no encuentran el tesoro por más que ponen la isla patas arriba, Black decide suprimir del todo la letra o. Entra en acción entonces Hyde, al que Black nombra fiscal y juez, para que regule todos los aspectos de la vida: decide que se pueden conservar los caballos si eran alazanes o cabalgaduras pero no si eran pencos, jamelgos o percherones…, etc. Estalla luego la rebelión, liderada por el joven Andreus y una chica llamada Andrea que es la que dice a los nativos que hay cuatro palabras con o que no deben perder: ilusión (hope, en inglés), amor, valor y… no recuerda la cuarta, que todos comienzan a buscar ansiosamente. De más está decir que la encuentran y que, al final, «de nuevo un hombre podía decir so a un caballo y distinguir entres soso y osos» y el niño de la casa «podía decir de nuevo en castellano como toda la vida: ¡Yo no lo he roto!”»

El argumento de la historia tiene, por sí mismo, poco interés. Tampoco, en este caso, lo fundamental es lo que tiene la narración de parábola que ridiculiza cualquier imposición arbitraria en el lenguaje por parte del poder. Lo que atrae más al lector adulto, y puede atraer a muchos lectores jóvenes, es la riqueza y el ingenio verbal que despliega el autor, verdaderamente notables. Debe ser también, pero esto no lo he contrastado, un texto con tramos muy aptos para leer en voz alta. También el trabajo de traducción y adaptación es destacable, pues todo encaja bastante bien, igual que, por supuesto, las ilustraciones originales de Marc Simont que acompañan la edición.

James Thurber. La maravillosa O (The Wonderful O, 1957). Barcelona: Ático de los libros, 2013; 103 pp.; ilust. de Marc SIMONT; trad. de Joan Eloi Roca; ISBN: 978-84-938295-6-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 8 de mayo de 2013

Como un galgo, de Roddy Doyle, es un relato construido con gran habilidad. En él se narran las vidas de cuatro mujeres. La principal es la pequeña, Mary, de doce años. Su abuela Emer está en el hospital, muriéndose. Su madre, Scarlett, y Mary van a verla de vez en cuando. Y un día Mary conoce a una señora en la calle llamada Tansey que… resulta ser el fantasma de su bisabuela. A través de los diálogos entre las cuatro, vivos e incisivos, el lector se hace cargo de cuáles fueron sus relaciones y cuál es el motivo por el que a la bisabuela se le ocurre aparecerse ahora. Es notable la fluidez narrativa que consigue Doyle para llevar y traer al lector del presente al pasado y vuelta, usando distintos narradores, y la chispa sarcástica pero amable que tienen los numerosos diálogos. Se habla, sí, de la muerte y de la pérdida, como ahora es frecuente: intentando paliar la pena, reconociendo las cosas buenas de lo vivido, con una esperanza de corto alcance que no se detiene a pensar si hay o no una inmortalidad detrás (aunque sí acepte que los muertos vuelvan para dejar cuentas arregladas antes de morirse del todo).

Roddy Doyle. Como un galgo (Greyhound of a Girl, 2011). Bambú, 2012; 176 pp.; col. Grandes Lectores; trad. de Roser Vilagrassa; ISBN: 978-84-8343-211-2.

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miércoles, 3 de abril de 2013

Un viaje de fantasía más, que destaca por su calidad literaria, es Los ojos de Amy, de Richard Kennedy. Se puede leer en bibliotecas.

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miércoles, 13 de marzo de 2013

Después de álbumes sobre un niño y su padre, como Mi papá o Compota de manzana, menciono ahora un relato de hace tiempo: Mi padre, de Toon Tellegen. Es una narración que presenta, con toques de fantasía surrealista, la forma en que un niño ve a su padre o, más bien, la forma en que un autor adulto representa la forma en que un niño ve a su padre... Como dije en relación a Compota de manzana, también a este libro lo veo como más que interesante para el adulto, además de útil para los estudiosos de la Teoría de la mente, pero no tengo claro hasta qué punto es para una mayoría de niños pues, me parece, por sí mismo les atrae poco.

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jueves, 29 de noviembre de 2012

Como leí aquí un comentario elogioso sobre Academia de Princesas, de Shannon Hale, decidí darle una oportunidad más a un subgénero que, a mis ojos, está muy desacreditado. Y tuve premio: esta vez la historia sí merece la pena.

La protagonista es Miri, una chica de 14 años huérfana de madre. Vive en Monte Eskel, un pueblo minero que es un territorio aislado de Danland y ni siquiera es una provincia pues no hay en la zona ninguna familia noble. Cuando los sacerdotes del reino dicen que la próxima princesa debe proceder de Monte Eskel, los gobernantes indican que todas las chicas candidatas a ser la futura esposa del príncipe heredero deben ir a una Academia. En ella, durante un curso, una tutora las preparará para la fiesta donde conocerán al príncipe, que no se sentirá obligado, sin embargo, a elegir a la primera de la Academia. Ese hilo argumental se anuda con otros —el resquemor de Miri hacia su padre, su amistad con un chico llamado Peder que teme por el futuro de Miri—, y luego se tensan todos con las rivalidades entre las chicas y con algunos singulares descubrimientos que hace Miri.

Un factor importante para el atractivo de la historia está en la personalidad de la encargada de preparar a las pueblerinas en candidatas a princesas. Profesora Olana, como se hace llamar, es inolvidablemente odiosa y autoritaria: las chicas de la Academia le tienen ganas desde que aparece y, lógicamente, igual les ocurre a los lectores. La narración habla bien de amabilidad hacia los demás, sean quienes sean: una de las chicas le dice a Miri que «no me gusta hablar de todo eso de los de mayor o menor rango. Se trata simplemente de buenos modales. Me parece que si quieres causar buena impresión, entonces deberías tratar a las personas como si fueran todas de una categoría superior, aunque Olana crea que no lo son». Como es propio del género, hay algunos dichos y lemas que guían a los personajes: unos interesantes como el «no dudes si sabes que está bien. Sólo muévete», de Miri; otros más propios de libros de autoayuda, o que podrían estar pegados en los vestuarios de los equipos de la NBA, del tipo «el pensar que es imposible hace que lo sea»… En cualquier caso, ni eso ni otras pegas que se le podrían poner a la historia —como la de que no es del todo convincente la forma casi telepática en que se comunican los habitantes de Monte Eskel— impiden que se lea con gusto.

Shannon Hale. Academia de Princesas (Princess Academy, 2005). Barcelona: Oniro, 2008; 268 pp.; col. La lámpara mágica; trad. de Noemí Risco; ISBN: 978-84-9754-315-6.

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martes, 27 de noviembre de 2012

No he leído, ni me interesa, Juego de tronos: esta reseña y varios comentarios de amigos son, para mí, más que suficientes. Pero me han preguntado por El dragón de hielo, un relato corto ilustrado que acaba de publicar su autor, George R. R. Martin, y que he visto elogiado en algunas noticias de prensa. Su protagonista es una niña encantadora que se llama Adara a la que, según afirma la primera línea, «le gustaba el invierno por encima de todas las cosas, pues cuando el mundo se enfriaba llegaba el dragón de hielo». La amistad que Adara entabla con el dragón de hielo, en el que monta en secreto por primera vez cuando tiene cinco años y al que temen todos en su pueblo, será decisiva cuando lleguen los enemigos del norte montados en dragones oscuros.

La narración tiene, como gran problema, que si ya muchas novelas de fantasía y ciencia-ficción ponen en juego emociones artificiales, el hecho de que una niña de seis o siete años libre combates a muerte montada en su dragón es algo rarísimo (aceptando ya lo raras que ya son tantas historias de dragones). Aparte, tampoco la historia en sí misma funciona bien: los personajes no resultan convincentes, las descripciones son planas, el hilo argumental no tiene tirón —supongo que salvo para ciertos adictos a los historias de dragones, pero yo no lo soy—. Las imágenes, grandes dibujos en blanco y negro, añaden vistosidad a la edición pero..., ya puestos, los entusiastas de los dragones pueden compararlas con las de un álbum de hace algún tiempo titulado Y tu dragón, ¿cómo es?, de Jackie Morris.

George R. R. Martin. El dragón de hielo (The Ice Dragon, 1980). Barcelona: Montena, 2012; 72 pp.; ilust. de Verónica Casas; trad. de Ignacio Gómez Calvo; ISBN: 978-84-8441-994-5.
Jackie Morris. Y tu dragón ¿cómo es? (Tell Me a Dragon, 2009). Barcelona: Thule, 2009; 28 pp.; trad. de Alvar Zaid; ISBN: 978-84-92595-21-1.

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miércoles, 8 de febrero de 2012

Un libro magnífico: Luka y el Fuego de la Vida, de Salman Rushdie. Como Harún y el Mar de las Historias, es un viaje a un mundo de fantasía que un hijo debe hacer para salvar a su padre. Pero nadie debería pensar que es un libro más de fantasía infantil o juvenil: en muchos sentidos se puede decir que Rushdie juega en otra división.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Los gondoleros silenciosos,
es un relato de hace unos años de William Goldman, el autor de novelas como  Marathon Man y La Princesa Prometida (de 1973), y el guionista de películas como Dos hombres y un destino, Todos los hombres del presidente, Un puente muy lejano, y La Princesa Prometida (de 1983).

Su argumento es que un escritor llamado S. Morgenstern —según parece un seudónimo de Goldman en el pasado y, también, un escritor que tiene carácter de personaje dentro de la novela La Princesa Prometida—, cuenta que, siendo niño, escuchó cantar a los gondoleros, cuando en todo el mundo se sabía que nadie cantaba tan bien como ellos. Para ilustrar esto recuerda el episodio de cuando el gran Enrico Caruso se marchó avergonzado de Venecia después de oír cantar al gondolero que ocupaba el quincuagésimotercer puesto de la clasificación interna de los gondoleros. Pues bien, siendo eso así, ¿por qué un día dejaron de cantar los gondoleros de Venecia? Y el narrador cuenta su investigación, que le lleva a la historia de Luigi, un jovencito aspirante a gondolero y con un talento fuera de lo común para guiar una góndola, pero que como cantante era una desgracia.

La narración habla del poder de los grandes sueños, de que los grandes sueños no mueren nunca y esas cosas, pero su fuerza no está en eso sino en que, como todo lo que toca Goldman, funciona bien. Es disparatada, sí, pero gusta porque, a pesar de que el narrador se hace demasiado presente al principio con incisos y comentarios colaterales —aunque resulta un poco menos plasta que el de la novela de La Princesa prometida—, logra interesar al lector: le hace pasar las páginas preguntándose qué pasará y logra transmitirle afecto hacia sus personajes.

William Goldman. Los gondoleros silenciosos (The Silent Gondolers, 1983). Barcelona: Ático de los Libros, 2010; 157 pp.; trad. de Mercedes Herrera; ISBN: 978-84-937809-9-9.

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jueves, 21 de octubre de 2010

Nación,
la última novela de Terry Pratchett, está hilada con su soltura narrativa característica pero no tiene la chispa de sus otros libros, aunque su eco momentáneo puede ser mayor si el musical basado en ella funciona bien. Tiene algunos momentos que intentan ser emotivos pero no lo son —al menos para un lector como yo, pero en cualquier caso creo que la forma condiciona el fondo—, y no tiene casi momentos graciosos —salvo algún chispazo aislado que difícilmente dejará satisfecho a los lectores habituales de Pratchett, como es mi caso—.

El protagonista principal es Mau, el único superviviente de su pueblo después de que una ola gigantesca lo destruya todo. Aparecen luego una chica y un loro, únicos supervivientes de un barco al que también les pilló la ola. Luego, al modo arbitrario propio de Pratchett, van apareciendo personajes singulares y ocurriendo cosas imprevisibles. Las nuevas circunstancias propician que Mau se haga preguntas acerca de las creencias de su pueblo, representadas en un viejo sacerdote más bien torpe a cuyo lado a ningún lector con sentido común le gustaría estar.

Así como en otras novelas, uno de los aspectos más interesantes de los comentarios de Pratchett —igual que dice sobre el zen en Brujerías (Wyrd Sisters, 1988)—, es «la formulación de preguntas, aparentemente sin sentido, con el objetivo de ampliar los márgenes de la percepción», esta vez no es así. Determinadas cosas tienen su propia lógica en una narración declaradamente bromista, pero no la tienen en una narración con argumento disparatado y personajes marionetas: si uno quiere hablar de cuestiones serias es mejor hacerlo seriamente, siempre y cuando uno quiera que lo tomen en serio, claro está.

Terry Pratchett. Nación (Nation, 2008). Barcelona: Timunmas, 2010; 453 pp.; col. Biblioteca Terry Pratchett; trad. de Miguel Antón; ISBN: 978-84-480-3838-0.

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jueves, 23 de septiembre de 2010

Los 13 relojes
,
de James Thurber, es un buen relato que, sin embargo, llega en una edición con demasiados o, mejor, con impropios y desmedidos elogios. Ni las comparaciones de la contracubierta —con Grimm, La Fontaine, Tolkien— son correctas, ni le hace un favor el prólogo de Neil Gaiman indicando que, probablemente, es «el mejor libro del mundo» (aunque, ciertamente, los seguidores de Gaiman entenderán fácilmente por qué lo dice).

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miércoles, 28 de julio de 2010

Hace poco tiempo falleció la australiana Patricia Wrightson. Cuando comencé a preparar Bienvenidos a la Fiesta (libro) leí varios libros suyos, igual que hice de todos los autores que habían obtenido el premio Andersen. Me pareció una buena escritora, centrada en un mundo propio —el de los aborígenes australianos, el de los conflictos entre los hombres y la naturaleza— con el que yo no conecté mucho. Elegí entonces una de sus novelas, Luna nueva, que creo que da idea de ambas cosas, de su calidad y de sus preocupaciones.

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viernes, 12 de febrero de 2010

El maestro de las Burujas
es una novela imposible de resumir, como puede imaginar quien haya leído las anteriores novelas de Walter Moers. Su título completo es El maestro de las Burujas: alquimia y arte culinario en una mágica novela de Zamonia. Novela gastronómica de Zamonia de Gofid Letterkerl, recontada por Hildegunst von Mythenmetz, traducida del zamonio e ilustrada por Walter Moers.

Al principio el narrador nos sitúa en Sledwaya, la ciudad más enferma de toda Zamonia, y presenta a los protagonistas: Eco, un grato —un gato que tiene la capacidad de hablar con cualquier ser vivo—, está muriéndose de hambre después de la muerte de su dueña y accede al trato que le propone Eisspin, el Maestre de Burujas —toda ciudad de Zamonia tiene un Maestre de Burujas que regula todos los asuntos locales y es el verdadero amo—. El trato es ser cebado con los alimentos más exquisitos y tratado a cuerpo de rey durante un año para que luego Eisspin pueda usar su manteca y sus órganos en experimentos alquímicos.

Abundan los personajes singulares, como el vúo —un búho de un ojo solo—, o los muscílagos —parientes zamonios de los murciélagos—; y los comentarios graciosos, algunos muy elaborados —como cuando Eco entra en la casa de Eisspin y observa «tres figuras aterradoras: un segador gris, una bruja de avellano y una momia de cíclope. Eran tres de las criaturas más peligrosas de Zamonia, y la probabilidad de encontrárselas en el mismo lugar era tan elevada como, por ejemplo, la de ser alcanzado por un rayo, un meteorito y una cagada de pájaro al mismo tiempo»—. Aunque no es lo más importante, porque el atractivo del libro para sus lectores naturales son las muchísimas digresiones y derivaciones, el argumento tiene cierta tensión: ¿se librará Eco del diabólico Eisspin?

Como suele pasar, y como cabe esperar de un narrador como el creado por Moers, cualquier consideración seria se despeja enseguida con una broma. Por ejemplo, Eisspin le dice al grato:

«—(...) Al joven alquimista se le enseña a valorar la responsabilidad formidable que recae sobre él. Si investiga lo pequeño, acaso llegue a descubrir algo muy grande. Una fuerza más poderosa que cualquier otra conocida. Y entonces debería meditar a fondo si la libera de verdad.
—Claro, claro —replicó Eco—. Pero si un alquimista investiga durante toda su vida en busca de esa fuerza y un buen día da con ella..., ¿cómo podrá resistir la tentación de liberarla?
—Con tu pregunta has puesto la patita en la llaga eternamente supurante de la alquimia —respondió Eisspin—. Eso constituye un problema. ¿Qué te parecería un desayuno opíparo?».

Al margen, a propósito de que el relato menciona varias veces la quema de «burujas» de la Edad Media y se condenan ese y otros «disparates medievales», se puede hacer la consideración de que resulta gracioso que un autor tan irónico no vea la ironía de fondo de que una novela tan disparatada condene los disparates. Pero esto es típico: tampoco los autores de Avatar pillan la ironía de gastar casi trescientos millones de dólares en las tecnologías más avanzadas para fabricar un producto que nos explica que los avances tecnológicos son malvados.

Walter Moers. El maestro de las Burujas: alquimia y arte culinario en una mágica novela de Zamonia (Die Schrecksenmeister, 2007). Madrid: Maeva, 2009; 383 pp.; trad. de Rosa Pilar Blanco; ISBN: 978-84-92695-11-9.

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viernes, 5 de febrero de 2010

Desde que me deslumbró con El legado del rey Tsongor, he ido leyendo las demás novelas de Laurent Gaudé. Ahora le ha tocado el turno a La puerta de los infiernos, un relato con resonancias míticas y que habla de oportunidades desaprovechadas en las relaciones entre padres e hijos que sólo se aprecian cuando ya no es posible o es muy difícil aprovecharlas.

La historia se desarrolla en Nápoles. Comienza con algo que parece un ajuste de cuentas y luego cambia de dirección y toma derroteros sorprendentes: se cuentan las vidas del padre y la madre de un chico, Pippo, que muere cuando tiene seis años en un tiroteo callejero; pero también conocemos la vida de Pippo con veintipocos años a la busca de sus padres; además, aparecen unos personajes estrafalarios que propician una visita de Pippo al mundo de los muertos.

En una entrevista con el autor se menciona una de las razones por las que, a mi juicio, no es una historia conseguida: el comienzo de la novela en el mundo real y el giro posterior hacia lo mitológico es desconcertante y, al final, ambas partes no encajan bien; se podría decir que cambiar de género en medio de una novela es siempre un ejercicio arriesgado. Otra es que los guías de Pippo, que se tratan con una simpatía y condescendencia que yo llamaría frívola, no resultan creíbles: ni el anciano cura, ni la prostituta transexual, ni mucho menos el catedrático pederasta (por muchas resonancias de la Grecia clásica que pueda tener esto).

Aunque admire la capacidad narrativa y constructiva del autor, y que intente argumentos novelescos serios y tan distintos, me ha dejado la impresión de que la historia habría necesitado más elaboración.

Laurent Gaudé. La puerta de los infiernos (La porte des enfers, 2008). Barcelona: Salamandra, 2009; 247 pp.; trad. de Teresa Clavel Lledó; ISBN: 978-84-9838-245-7.

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miércoles, 27 de enero de 2010

El nonsense como género es de origen inglés pero en su evolución hay obras clave que no lo son. Por ejemplo, El tablero ante el espejo, de Massimo Bontempelli.

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Neil Gaiman
es un escritor que se mueve con una naturalidad asombrosa dentro de algunos mundos de fantasía y que se dirige principalmente a quienes están ya familiarizados con las muchas referencias que maneja. Esa misma soltura, sin embargo, a no pocos lectores les deja la impresión de que sus obras son sobresalientes ejercicios de habilidad narrativa y dominio de los recursos del género pero, también, de que son relatos artificiales y fríos, propios de quien tiene siempre a mano los trucos que le hacen falta para salir del paso (aunque también cabría pensar que no hay manera de poner mucha más alma en obras así, o en que yo no tengo particular querencia por ellas, no lo sé, supongo que todo cuenta). Esta es también mi impresión acerca del último de sus libros, El libro del Cementerio, aunque me ha gustado más que Stardust, Los hijos de Anansi, y Coraline).

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miércoles, 17 de junio de 2009

He citado ya varias veces El ratón y su hijo, de Russel Hoban, una obra muy elogiada por la crítica, por su calidad literaria y su contenido reflexivo-intelectual a la vez que bromista, pero con una más que comprensible poca aceptación entre niños y jóvenes, a quienes muchas bromas existencialistas del autor se les escapan. En cualquier caso no hay que perderlo de vista dentro de los libros sobre juguetes que cobran vida y sobre ratones que salen a descubrir el mundo (El ratón Manx, Guillermo ratón de biblioteca, etc.). A la derecha una ilustración de la obra original, de Lillian Hoban.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

La ventana maldita y otras historias de una época mágica,
de Tonke Dragt, son seis cuentos fantásticos en ambientes paramedievales donde los distintos protagonistas se las han de ver con difíciles encantamientos y poderes misteriosos. Personalmente no me convencen este tipo de cuentos de hadas adultos —me parece que se necesita una elaboración mucho mayor para que relatos así puedan ser realmente adultos—, y pienso que el mejor registro de la autora es el de aventura juvenil caballeresca que utilizó en Carta al Rey y Los secretos del Bosque Salvaje. Pero, dicho eso, que tiene que ver con mis preferencias, hay que añadir que los relatos están bien, pues las narraciones son claras, las historias son intrigantes, y, aunque muchos pasos suenan conocidos, tienen originalidad.

Tonke Dragt. La ventana maldita y otras historias de una época mágica (Das unheimliche Fenster... und andere Geschichten, 1979). Madrid: Siruela, 2008; 193 pp.; col. Las Tres Edades; ilust. de la autora; trad. del alemán de María Falcón Quintana; ISBN: 978-84-9841-243-7.

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miércoles, 25 de febrero de 2009

Otro libro más que podemos llamar heredero de Los incursores: Los pequeños hombres libres, de Terry Pratchett. Se puede considerar literatura infantil-juvenil debido a la edad de la protagonista y al argumento, aunque se diferencia poco de otros libros del autor salvo, tal vez, en que son menos las bromas de tipo intelectual.

En su centro está Tiffany Dolorido, una decidida chica de nueve años que vive con sus padres y hermanos en una granja. La señorita Lento, una bruja de los alrededores, descubre a Tiffany que también ella es bruja y parece tener grandes poderes. Más adelante, cuando su hermano pequeño Wentworth desaparece, Tiffany ha de salir en su busca. Van con ella un sapo consejero (un abogado antes de su transformación en sapo), enviado por la señorita Lento, y los pequeños hombres libres, los Nac Mac Feegles, unos seres de quince centímetros, con el pelo rojo y la piel azul, quizás debido a que llevan el cuerpo completamente tatuado, que hablan con un dialecto especial que, por escrito, se manifiesta en que usan tres erres donde nosotros usamos una.

El humor característico del autor se apoya en juegos de palabras, en inversiones bromistas de conocidos cuentos de hadas, en toques burlescos como el de que Tiffany no lleve una espada mágica sino una sartén, en sus ironías continuas con frecuentes «caídas» finales, bien en boca de algunos protagonistas —el sapo dice a Tiffany: «Nunca enojes a una mujer con una estrella pinchada en un palo, jovencita; tienen un pronto muy peligroso»—, o, sobre todo, en boca del narrador: «Tiffany era, en general, una persona bastante sincera, pero le parecía que algunas veces las cosas no se dividían fácilmente en verdades y mentiras, sino que había “hechos que la gente tiene que saber en estos momentos” y “hechos que no tienen por qué saber en estos momentos”. Además, no estaba segura de qué sabía en aquellos momentos».

Terry Pratchett. Los pequeños hombres libres (The Wee Free Men, 2003). Córdoba: Toromítico, 2008; 300 pp.; ilust. de Paul Kidby; trad. de Pilar Ramírez Tello; ISBN: 978-84-96947-59-7.

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miércoles, 8 de marzo de 2006

Algunos relatos de fantasía (y de autoayuda) de hoy tienen una deuda clara con el popularísimo relato de los sesenta y setenta titulado Juan Salvador Gaviota, de Richard BACH, todo un prototipo de las historias que, al tiempo que realizan sugerentes invocaciones —a la libertad, al amor, a la felicidad, etc.—, dejan de lado otros aspectos básicos de las mismas realidades —la responsabilidad, la fidelidad, el esfuerzo, etc.—. Aunque contenía propuestas vitales de interés, además de sus planteamientos incompletos, era un relato caracterizado por contener una buena porrada de lemas vacíos que animan mucho pero no dicen nada, de juegos de ingenio verbal que condensan los juicios en forma de sentencias enigmáticas que dejan a la mente dando vueltas durante un rato. Por cierto, recuerdo que cuando vi a Forrest Gump correr y hacer correr a otros detrás suyo sin que ni él ni ellos supieran a dónde iban, me vino a la mente esta historia.

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martes, 24 de enero de 2006

Ha llegado hace poco al mercado español un inteligente libro de Norton Juster, titulado La recta y el punto: «Tú eres el principio y el fin, el núcleo y la quintaesencia», le dice la recta al frívolo punto. Pero más importante y jugoso aún es La cabina mágica, un relato excepcional.

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martes, 1 de febrero de 2005

Entre las recuperaciones del 2004 están dos obras de Dino Buzzati: El secreto del Bosque Viejo, una novedad en el mercado español, y La gran invasión de Sicilia por los osos, que ha vuelto con una edición en color realmente apetitosa. Ambas pertenecen por derecho propio al subgénero que podríamos llamar «fantasía inteligente». Aunque algo por debajo, en esa misma categoría podrían incluirse los libros de Reiner Zimnik, del que también ha vuelto al mercado este año Jonás el pescador.

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