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Notas del archivo 'Relatos cortos' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 18 de noviembre de 2016

Lecturas de los rehenes, de Yoko Ogawa, contiene varios relatos, muy distintos entre sí, a los que, un primer capítulo que se titula como el libro, les pone un marco: en un país extranjero fueron secuestrados un grupo de turistas japoneses y su intento de liberación terminó trágicamente; se descubrieron entonces unos textos escritos por ellos y, más adelante, apareció una cinta magnetofónica en la que se contenían esas historias leídas por los mismos rehenes —pues se habían logrado introducir micrófonos en la casa donde estaban, en el interior de los víveres y el botiquín que la Cruz Roja les había hecho llegar—; tiempo después se reprodujeron por radio.

Todos ellos son recuerdos de los narradores: un encuentro con una persona singular, una casualidad inexplicable, un suceso algo misterioso, un gesto de generosidad, un momento de reconocimiento, etc. En el último capítulo se añade un relato más, contado por un miembro del cuerpo de operaciones especiales del ejército que se había encargado de las escuchas, el único no japonés que, sin embargo, cuenta el primer encuentro que tuvo en su vida con un extranjero, precisamente un entomólogo japonés que investigaba «Las hormigas cortadoras de hojas».

En «El bastón», una diseñadora de interiores recuerda cómo, siendo niña, ayudó a una persona que trabajaba en una herrería cercana y había tenido un accidente, y cómo, años después, reapareció aquel herrero en su vida. Una profesora de repostería, que siendo joven trabajó en la fábrica de «Las galletas Eco», cuenta cómo, usando esas galletitas con forma de letras, intimó con la hosca señora que le alquilaba su piso. Un escritor habla de las curiosas reuniones, por ejemplo de interesados en conservar lenguas en extinción, que tenían lugar en «La sala B de reuniones» de un centro cultural. En «El lirón que hibernaba» un profesor de oftalmología rememora su relación, cuando era joven, con un vendedor de raros peluches al que vio en una parada de tranvía que frecuentaba. El director de una fábrica de maquinaria de precisión firma «La virtuosa del consomé», acerca de cuando, con ocho años, ayudó a una vecina a preparar un consomé para su madre enferma. La empleada de una empresa de importación recuerda unas horas de fascinación, que le sirvieron para rehacerse interiormente, contemplando el entrenamiento de «El joven lanzador de jabalina». «Te pareces mucho a mi difunta abuela» es el comienzo de «La abuela difunta», donde un ama de casa explica que, varias veces en su vida, le dijeron aquella frase. «El ramo de flores» que le regalaron, cuando era joven, al guía turístico de los rehenes, es su punto de partida para recordar varios asuntos y, al final, para usarlo como una forma de agradecimiento y de oración.

La lectura es reconfortante por la calidad y la originalidad de las diferentes narraciones, por la bondad que respiran los tipos humanos que se presentan, y porque no faltan momentos conmovedores. En el último relato, el del soldado, se dice lo siguiente: «Las lecturas no eran un simple modo de matar el tiempo en aquel lugar, en aquella casa abandonada en la que estaban prisioneros. Se trataba de una acción similar a la de orar, cuyo propósito era hacer llegar sus voces hasta un lugar mucho más lejano de lo que podían imaginar, donde habría alguien con quien no podían comunicarse por medio de las palabras. Como prueba de que aquellas oraciones alcanzaban su destino, voy a proceder a presentar mi propia historia»...

Yoko Ogawa. Lecturas de los rehenes (Hitojichi no Rôdokukai, 2011). Madrid: Funambulista, 2016; 253 pp.; col. Literatudura; trad. de Juan Francisco González Sánchez; ISBN: 978-84-945526-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de septiembre de 2015

Un relato antiguo leído hace poco: Brigitta, considerado uno de los mejores de Adalbert Stifter. El narrador es un joven que termina por aceptar la invitación de un militar, a quien había conocido tiempo atrás, para que pase un tiempo en su mansión, en Uwar, en las estepas húngaras. Una vez allí averigua, por fin, su pasado y el de una misteriosa vecina, Brigitta, con quien su anfitrión tiene una relación de gran admiración y amistad.

Como en otras novelas del autor, en esta las descripciones de paisajes y ambientes son calmosas y excepcionales, y se habla de hombres y mujeres de comportamiento noble, pero también orgulloso, a los que, sin embargo, las desgracias de la vida les hacen cambiar hacia comportamientos más comprensivos. El narrador tensa el argumento y conduce su relato a un final inesperado con el sencillo procedimiento de interrumpir el hilo de su discurso, en el que ha ido contando sus actividades en la hacienda del comandante, para detenerse a explicarle al lector el pasado de Brigitta. El prólogo, que hace notar la valía de Stifter resaltando que fue muy elogiado y admirado por los mayores literatos posteriores a él, facilita comprenderle algo mejor pero también deja la impresión de que se sobreinterpreta su vida.

Adalbert Stifter. Brigitta (1847). Madrid: Bartleby, 2008; 93 pp.; trad. y prólogo de Ibon Zubiaur; ISBN: 978-84-95408-74-7. [
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viernes, 19 de junio de 2015

Siempre nos quedará Paris contiene veintidós relatos inéditos de Ray Bradbury que no sorprenderán a quienes ya le conozcan. En ellos vuelve a temas conocidos —alguno sobre viajes espaciales, varios sobre muertos que vuelven a la vida, otros sobre recuerdos infantiles, algunos de vida cotidiana con acentos humorísticos…—, y su prosa tiene la concisión y el encanto habituales en sus obras.

No todas las historias son igualmente buenas pero hay algunas excelentes que hacen pensar, divierten y emocionan. Así, «Lejos de casa», que bien podría ser un capítulo de Crónicas marcianas, habla de cómo se remedia el enorme desamparo de unos jóvenes norteamericanos recién aterrizados en Marte. O, por ejemplo, «Encuentro literario» presenta varios diálogos de un hombre con su mujer que siguen la pauta de los libros que está leyendo el marido en cada momento: Del tiempo y el río, El halcón maltés, Vida de Alexander Pope, uno de Saroyan

Si tuviera que decir cuál me ha gustado más diría que fue «Veraniega pietà», un relato que podría estar incluido en El vino del estío. Trata sobre dos hermanos que van a ver un circo, trabajan también en él, y, después de todas las emociones, cuando el circo se va y el pequeño se queda solo con su padre, se desploma de agotamiento. Entonces, dice, «me alcanzó el cálido aroma a nicotina del aliento de mi padre», y percibe cómo unos brazos fuertes le sostienen y levantan en el aire…

Ray Bradbury. Siempre nos quedará Paris (We’ll always have Paris: stories). Barcelona: Minotauro, 2015; 206 pp.; trad. de Miguel Antón; ISBN: 978-84-450-0253-7. [Vista del libro en amazon.es]

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MunroMividaq.JPG
viernes, 30 de mayo de 2014

He leído Mi vida querida, una colección de relatos de Alice Munro. Es mi primer contacto con la autora y no creo que sea el último. Coincido con esta reseña, a la que añadiría que los toques sutiles que resuelven los relatos me han parecido sobresalientes. En particular, estoy muy de acuerdo con lo que allí se indica del buen sabor literario que dejan los textos autobiográficos del final. Dos momentos que me han gustado especialmente son: uno, en «El ojo», cuando la narradora señala el momento en el que la insistencia de su madre para dirigir sus sentimientos, siendo niña, logra justo el efecto contrario y empieza a «aceptar hasta qué punto las ideas que mi madre se hacía de mí podían distar de las mías»; otro, en «Vida querida», que repite una idea que también figura en otro lugar, cuando, al narrar un incidente, la escritora reflexiona y apunta: «Podría pensarse que fue demasiado. El negocio al traste, la salud de mi madre a peor. En la ficción no funcionaría».

Alice Munro. Mi vida querida (Dear Life, 2012). Barcelona: Lumen, 2013; 333 pp.; trad. de Eugenia Vázquez Nacarino; ISBN: 978-84-264-2139-5.

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jueves, 16 de enero de 2014

Especulación de Thomas Wolfe, es un relato corto de fecha, temas de fondo, imágenes y estilo semejantes a los de otros del autor. La edición en español dice que es de 1938 pero en la página de la Thomas Wolfe Society se indica que es de 1934.

El protagonista es John, un joven profesor de una universidad del este que, después de años de ausencia, vuelve al pueblo del sur donde nació y creció, y donde viven su madre y sus hermanos. Al llegar, encuentra que su ciudad está como enloquecida y que sus habitantes, empezando por su madre, viven en un frenesí de compra y venta de inmuebles. Los encuentros que va teniendo le hacen pensar que viven en una especie de «jolgorio demencial», «como si la energía galopante de una poderosa droga se hubiera apoderado de todos». El narrador hace notar lo exasperante de que tantos derrochen «las ganancias de toda una vida para hipotecar las de toda la generación venidera» y termina uno de sus capítulos señalando que «corría el mes de julio de 1929, el año fatal que trajo la ruina a millones de personas en todo el país»…

Pero, aparte del interés particular que tienen las semejanzas de aquella situación con otras que conocemos de cerca, la historia sirve también de introducción a una de las imágenes favoritas de Wolfe para inundar sus narraciones de nostalgia. Al principio del relato, cuando está llegando a su pueblo, recuerda, «como escuchara otras diez mil veces en su infancia, la rueda de la locomotora, el tañido de la campana, el silbato del tren. Remoto, tenue y solitario como un sueño, aquel ruido lo alcanzó una vez más a través del inmenso conjuro del tiempo, el silencio y la tierra, evocando, como siempre, la muda profecía de la vida, su secreto y salvaje grito de gozo y de dolor y sus intolerables promesas de nuevos territorios, una mañana, el esplendor de una ciudad». Y al final, casi al terminar su relato, cuando está ya cansado de su familia y el deseo de marcharse va ganando intensidad en su interior, «ya muy lejos, casi a punto de desaparecer en la noche, pudo oír por última vez el silbato del tren, como un grito postrero, con su profecía salvaje y secreta, con el dolor de las partidas y, a la vez, su triunfante promesa de nuevos territorios».

Thomas Wolfe. Especulación (Boom Town, 1938). Cáceres: Periférica, 2013; 91 pp.; col. Largo recorrido; trad. de Juan Sebastián Cárdenas; ISBN: 978-84-92865-83-3. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 11 de octubre de 2013

Del color de la leche, de Nell Leyshon, es un intenso relato corto. Es difícil no sentirse cautivado por la voz narrativa, en muchos aspectos conseguida y conmovedora, y también no quedarse abrumado por la tristeza con regusto vengativo que acaba destilando la historia.

Un pueblo inglés, en 1831. Una criada llamada Mary que, por lo que sabremos, ha aprendido a leer y escribir hace poco, narra cosas de su vida en un texto sin mayúsculas, con escasa puntuación, y con una redacción elemental (aparentemente). Cuenta que, con 14 años, trabajaba con sus padres y sus hermanas mayores en la granja pero que, al cabo de un tiempo, el vicario le pidió a su padre que viviera en su casa para cuidar de su mujer, muy enferma. Ella no lo desea, a pesar de que las condiciones de vida son muchísimo mejores, pero ha de acceder y, además, su aspereza y sinceridad la hacen muy divertida, y su eficacia y buena disposición la hacen muy útil. Más adelante llega un momento en el que el vicario se ofrece a enseñarle a leer y escribir.

Los personajes son creíbles y su lenguaje y comportamiento bronco, el de la familia de Mary, encaja bien con la dureza de sus vidas. La capacidad descriptiva de la narradora, convenientemente limitada a las cosas que ve y conoce de primera mano, es certera, como cuando dice que «mi lengua es rápida como la lengua del gato cuando se bebe a lametones la leche del cubo»; o cuando afirma que «la gente nunca ve lo malo, dije yo, cuando lo tienen tan cerca. como la cerda cuando se tumba encima de su propia mierda».

Dicho lo anterior, si alguien tiene interés en este libro, le aconsejaría vivamente no empezarlo por las observaciones de la prologuista que, por lo que se ve, son también las intenciones de la escritora. No es que no sean ciertas las cosas que dice ni las denuncias que hace sino que, ante un relato así, lo mejor es confiar en su fuerza y en la capacidad del lector, y no ponerle un marco que condicione y dirija la lectura. En mi opinión un libro así debería ser editado sin explicaciones o, en último caso, el prólogo debería ser un  epílogo.

Nell Leyshon. Del color de la leche (The Colour of Milk, 2012). Madrid: Sexto Piso, 2013; 174 pp.; prólogo de Valeria Luiselli; trad. de Mariano Peyrou; ISBN: 978-84-15601-34-0.

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jueves, 26 de septiembre de 2013

Tamango, de Prosper Mérimee, trata sobre un guerrero negro que captura hombres en el interior de África para venderlos como esclavos. El famoso capitán Ledoux, antes de abandonar su oficio, emprende un último viaje a las costas de África para cargar esclavos. Tamango se los suministra y, bebido, en el acuerdo al que llega con Ledoux incluye entregarle también una de sus esposas. Cuando, a la mañana siguiente, se da cuenta de lo que ha hecho, va en busca de Ledoux para reclamarla. El destino cambia entonces para todos.

Escrito en 1829, este es un corto y eficaz relato de denuncia. Ya desde los comienzos de la historia se pone de manifiesto la fuerte ironía del narrador contra el tráfico esclavista y contra las autoridades francesas que lo toleraban. Tienen viveza, tanto las descripciones de la forma en que actuaban los mercaderes como las de la posterior travesía y la rebelión. Las ilustraciones, a veces poco más que siluetas, transmiten bien el tono de la narración y refuerzan su impacto emocional en el lector.

Prosper Mérimee. Tamango (1829). Madrid: Gádir, 2013; 65 pp.; trad. de Elena del Amo; ilust. de Ximena Maier; ISBN: 978-84-941013-9-7.

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viernes, 7 de diciembre de 2012

Este verano me recomendó un amigo Morfina, de Mijail Bulgákov, y, en efecto, es un libro magnífico. Contiene ocho relatos acerca de un médico joven, ilusionado e inexperto, destinado en la provincia de Smolensk. Allí ha de hacer frente a todo tipo de dolencias: trastornos infecciosos, problemas quirúrgicos, partos complicados, etc. Morfina, una de la historias, es la descripción de una dependencia a la droga y parece ser parcialmente autobiográfica pues Bulgákov fue morfinómano una temporada.

Lo que el narrador cuenta es, sobre todo, su lucha interior para no ceder a la tentación de la huida, ni a la de una mediocridad irresponsable, y que se dice a sí mismo con frecuencia que «hay que aprender con humildad». Los relatos son directos, rápidos, y tienen una cierta dosis de ironía. Queda bien retratado el médico protagonista, inseguro pero también decidido, cuya dedicación a su trabajo tiene una irreflexiva pero indiscutible componente de heroísmo.

Mijail Bulgákov. Morfina (Morfi, 1927). Madrid: Anagrama, 1991; 174 pp.; col. Compactos; trad. de Selma Ancira; ISBN: 84-339-6707-X.

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jueves, 2 de febrero de 2012

En la línea, que ahora es común, de rescatar relatos cortos de calidad en ediciones cuidadas, que incluyen nueva traducción, excelentes ilustraciones, buena integración de texto e imágenes, y maquetación holgada, se publica de nuevo el que tal vez sea el mejor relato corto de Jack LondonEncender una hoguera. En la recopilación La quimera del oro se titulaba La hoguera. Al leerlo de nuevo he caído en la cuenta del problema de su protagonista, según afirma el narrador: «su falta de imaginación».

Jack London. Encender una hoguera (To Build a Fire, 1908). Madrid: El Rey Lear, 2011; 69 pp.; ilust. de Raúl Arias; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 978-84-92403-86-8.

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jueves, 15 de diciembre de 2011

Se ha publicado hace poco un relato cortito y medido de Truman Capote titulado Niños en su cumpleaños. Está considerado el mejor de la primera colección de relatos que publicó, A Tree of Night and Other Stories (1949).

Su argumento es que a un pueblo de Alabama, en 1947, llega una niña de diez años, Lily Jane Bobbit, cuya personalidad tan acusada no puede menos que provocar una conmoción en los chicos del lugar, en especial Bob Murphy y Preacher Star, y también, por motivos opuestos, en las chicas.

El comienzo es intrigante —«ayer por la tarde, el autobús de las seis atropelló a Miss Bobbit»—, el ambiente local está perfectamente cogido, las personalidades de los protagonistas quedan perfiladas con pocos trazos, y el paso narrativo es pausado pero firme.

Igual que dije a propósito de El niño perdido y Thomas Wolfe, en este caso Niños en su cumpleaños puede servir de buena introducción a otros relatos de Capote que tienen igual sabor nostálgico y sureño.

Truman Capote. Niños en su cumpleaños (Children on Their Birthday, 1948). Madrid: Nórdica Libros, 2011; 61 pp.; trad. de Juan Villoro; ISBN: 978-84-92683-36-9.

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martes, 8 de septiembre de 2009

Mil caballos,
de Roberto Piumini, contiene treinta relatos cortos. Unos tratan sobre caballos famosos: Pegaso; el primer unicornio; el caballo de Troya; Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno; Rocinante, el caballo de don Quijote... Otros hablan de caballos de distintos lugares: los caballos andaluces, los mustangs norteamericanos, los brumby australianos... Pero también hay historias sobre los caballitos de mar, unos caballitos de tiovivo, o los caballos que fueron en el arca de Noé... El autor usa distintos registros: humorístico, realista, fantástico. Libro ameno también para el que no tenga especial querencia por los caballos.

Roberto Piumini. Mil caballos (Mille cavalli, 2005). Madrid: Siruela, 2009; 144 pp.; col. Las tres edades; ilust. de Michel Fuzellier; trad. de Helena Lozano Miralles; ISBN: 978-84-9841-304-5.

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jueves, 11 de junio de 2009

Once cuentos para pasar un buen rato: Esto no es un cuento y otros cuentos, de O. Henry. Aunque unos son mejores que otros, todos son entretenidos y tienen los rasgos propios del autor —buena narración, buen humor, final con un giro sorprendente—, y en todos hay toques excelentes como, por ejemplo, éste: «su nombre sonaba como una llave cuando la introduces del revés, pero yo le llamaba McClintock, que era lo más parecido a ese ruido» (La oferta y la demanda). Si hubiera que optar por uno me quedaría con El momento de la victoria, con un protagonista que «tenía el aspecto decaído de un chico que se alimenta con leche desnatada» pero se termina comportando como un héroe arrollador por un motivo inesperado.

O. Henry. Esto no es un cuento y otros cuentos (No Story; The Higher Pragmatism; To Him who Waits; Rus in Urbe; The Rose of Dixie; Thimble, Thimble; The Moment of Victory; Supply and Demand; He also Serves; The Head Hunter; A Poor Rule). Sevilla: Barataria, 2008; pp.; col. Bárbaros; trad. de Pablo Manzano; ISBN: 978-84-95764-84-3. En inglés, todos ellos están en Options (1909).

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viernes, 20 de marzo de 2009

Una novela cortita de principios del siglo XIX: La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adalbert von Chamisso. Perder la propia sombra es más grave de lo que parece, según explica una excelente reseña.

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jueves, 16 de octubre de 2008

Para terminar, de momento, con las referencias a Varied Types, de Chesterton, señalo que uno de los ensayos que más me atrajo de ese libro fue el dedicado a la obra de Bret Harte, uno de los grandes autores norteamericanos de relatos cortos del XIX. Ese comentario se termina con una observación que bien pudiera estar en el origen de Un hombre bueno es difícil de encontrar, uno de los cuentos más famosos de Flannery O’Connor: en ella se afirma que, en el lugar más salvaje y áspero de la tierra, Bret Harte vio con claridad que, aunque sea muy difícil encontrar un hombre verdaderamente bueno, es más raro todavía, raro hasta el punto de la monstruosidad, encontrar un hombre que no desee ser bueno o que no imagine que lo es ya.

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martes, 10 de junio de 2008

Ha fallecido hace unas semanas Luigi Malerba, un autor con algunos libros de relatos cortos, unos infantiles  y otros no, que vale la pena conocer.

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viernes, 2 de mayo de 2008

En mi selección personal de grandes relatos cortos —El capote, La perla, El viejo y el mar, El estudiante, Los lisiados serán los primeros, Fiesta en el jardín, El silencio del mar, El perseguidor, La muerte de Iván Ilich...— ocupa un puesto de honor El amuleto, de Conrad Meyer, una impresionante historia de amistad y lealtad.

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viernes, 25 de abril de 2008

Michael Kohlhaas,
de Heinrich von Kleist, es un apasionante relato corto acerca de un honrado tratante de caballos que sufre una injusticia y que, como no logra la reparación adecuada, decide actuar por su cuenta. La historia engancha enseguida aunque su segunda mitad es un continuo vaivén de complejidades jurídicas y de intrigas cortesanas, narrado con claridad pero en sí mismo difícil de seguir.

Remito a la excelente reseña de Pablo d’Ors en ABCD de hace algún tiempo (aunque se refiere a otra edición), gracias a la cual yo anoté que debía leer esta novela. En mi opinión merece la pena también conocerla por lo que tiene de historia prekafkiana —como se la califica con acierto en la contracubierta de la edición de Alba—, que hace pensar en los límites y las insuficiencias de la justicia humana.

Heinrich von Kleist. Michael Kohlhaas (1810). Barcelona: Alba, 2007; 141 pp.; col. Alba clásica; trad. y notas de Isabel Hernández; ISBN: 84-8428-326-7. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 16 de diciembre de 2006

Nueva edición de algunos relatos de Flannery O’Connor que cuenta con el valor añadido de un prólogo-coloquio con José Jiménez Lozano acerca de la obra de la escritora norteamericana. Una de las muchas interesantes observaciones es esta: Flannery O’Connor «da el perfil policiaco del escritor que no se debe leer. Cuenta historias, no es moderna, por lo tanto; y además es católica, y se permitió declarar que era desde su fe desde donde narraba, y esto, en el mundo intelectual, un poco por todas partes, pero en España desde luego, es como llevar una estrella amarilla».

Flannery O´Connor. Un encuentro tardío con el enemigo. Madrid: Encuentro, 2006; 340 pp.; col. Literatura; trad. y notas de Gretchen Dobrott; prólogo-coloquio de Guadalupe Arbona con José Jiménez Lozano; ISBN: 84-7490-782-9.

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viernes, 3 de noviembre de 2006

Un relato corto, especialmente luminoso para tiempos consumistas, es La perla, de John Steinbeck, un autor de quien Mario Vargas Llosa, a propósito de otra novela, afirma: «era alguien que sabía qué contar (...), no era un gran creador de palabras ni de órdenes narrativos, pero sí un consumado relator, con un instinto certero de lo que se debe decir y lo que se debe ocultar para excitar la atención y prolongarla, y de qué medio valerse para, esquivando la inteligencia del lector, fraguar personajes, situaciones, acciones que golpearan directamente su corazón y sus instintos».

Mario Vargas Llosa. «Elogio de la mala novela», en La verdad de las mentiras (2002). Madrid: Alfaguara, 2002; 413 pp.; ISBN: 84-204-6430-9.

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viernes, 13 de octubre de 2006

El enorme talento literario de Katherine Mansfield, una escritora movida por «estímulos que resultan imperceptibles para el lector casual e incomprensibles para el novelista comercial», lo sintetizaba Willa Cather de la siguiente manera: «Solía abordar las fuerzas mayores de la vida mediante incidentes comparativamente triviales. Elegía un pequeño reflector para lanzar un rayo luminoso al sombrío reino de las relaciones personales».

Willa Cather. Para mayores de cuarenta (Not Under Forty, 1936). Barcelona: Alba, 2002; 147 pp.; col. Alba clásica; trad. de Alejandro Palomas; ISBN: 84-8428-138-8.

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viernes, 6 de octubre de 2006

He aquí el juicio de Willa Cather sobre Sarah Orne Jewett, una escritora poco conocida entre nosotros, autora del excepcional relatito corto titulado Una garza blanca: «Cuando, dentro de cincuenta años, un estudiante lea las mejores muestras de la obra de la señorita Jewett, encontrará en ellas el sabor característico, el espíritu y la cadencia de una escritora norteamericana de primer orden, y de una nueva Inglaterra que para entonces formará parte del pasado».

Willa Cather. Para mayores de cuarenta (Not Under Forty, 1936).Barcelona: Alba, 2002; 147 pp.; col. Alba clásica; trad. de Alejandro Palomas; ISBN: 84-8428-138-8.

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jueves, 28 de septiembre de 2006

Henry James
incita continuamente a sus lectores a preguntarse por la fiabilidad de quien narra la historia. Así el narrador acaba siendo el protagonista principal: esto lo ejemplifica extraordinariamente bien Otra vuelta de tuerca, un formidable relato corto. Y, en general, es interesante pensar la honradez que supone que un autor sepa desaparecer detrás de sus personajes y que los deje ser como son, sin manipularlos como títeres.

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viernes, 30 de diciembre de 2005

Hace poco se ha publicado otro de los libros que no deben faltar en una buena biblioteca: una edición de los Cuentos completos de Flannery O'Connor en Barcelona: Lumen, 2005; 842 pp.; col. Narrativa; ISBN: 84-264-1511-3. Al respecto recomiendo los comentarios que, sobre la escritora norteamericana, figuran en el blog Compostela. En particular, los comentarios a los muy imprecisos textos que vienen en la cubierta y en la solapa. Aunque no, no estoy de acuerdo con la oportunidad del prologuista.

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viernes, 8 de julio de 2005

A propósito de George Orwell, en uno de sus ensayos C. S. Lewis explica cómo «en las obras de ficción es fatal ese principio de que cualquier palo es bueno para golpear a un villano», y que algo así le pasa en sus libros largos como 1984. Por el contrario, en un libro cortito como Rebelión en la granja el autor inglés «usa su emoción sin que le inhabilite» y «la intensidad de su odio no le hace balbucear ni le embota», con lo que consigue una enorme claridad e intensidad, y el más acabado ejemplo literario de la relación entre la corrupción del lenguaje con la corrupción política y social.

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viernes, 27 de mayo de 2005

Un conmovedor relato sobre la figura del padre es La mano suprema, del egipcio Yúsuf Idris. Y, como ya he observado en otra ocasión, en los cuentos donde los escritores árabes hablan de la vida cotidiana es interesante caer en la cuenta de qué cosas se dan por supuestas.

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miércoles, 16 de marzo de 2005

A veces son los libros más sencillos los que causan mayor impacto. A mí por lo menos me pasó eso con El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono, un relato sobre un pastor que planta cientos de miles de árboles a lo largo de su vida. El escritor francés manifiesta un inmenso respeto por ese hombre sencillo que, con plena conciencia de su propia pequeñez, consigue a su alrededor una transformación gigantesca.

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jueves, 3 de marzo de 2005

Al comienzo de la segunda Guerra Mundial, el francés Jean Bruller escribió y publicó en París, con el seudónimo de Vercors, un relato corto titulado El silencio del mar. En él cuenta cómo un cultivado y cortés oficial del ejército alemán se aloja en casa de un anciano y su sobrina e intenta convencerles de los beneficios que se seguirán de la fusión de las culturas alemana y francesa: no es nuevo esto de la complicidad de personas «buenas» en comportamientos nefastos, ni tampoco lo es la decepción posterior, «la inevitable muerte de cualquier esperanza desesperada». De todos modos, supongo que peor aún es haber sido cómplice y ni haberse dado cuenta.

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jueves, 3 de febrero de 2005

Más recuperaciones recientes interesantes: dos obras de William Saroyan, La comedia humana y la recopilación de cuentos titulada El joven audaz sobre el trapecio volante. El tema de ambas es el mismo pero personalmente prefiero La comedia humana, un relato con un encanto particular, aunque ciertamente algunos de los cuentos tienen un gran tirón. Entre otros, un relato como Setenta mil asirios representa magistralmente la época de la Gran Depresión, cuando «en todos los cines de Estados Unidos se proyectaba, una y otra vez, una película de dibujos animados en la que había una canción titulada "¿Quién teme al lobo feroz?", y que trata de eso, precisamente, de la gente con dinero que se ríe de la muerte agazapada, (...) agazapada y riéndose en los cines calientes». Y quienes hayan visto en cine Mar adentro no deberían perderse Amor, muerte, sacrificio, etcétera.

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