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Notas de diciembre de 2011 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
sábado, 31 de diciembre de 2011

En la página web seguiré, igual que dije un año atrás, introduciendo voces históricamente importantes e intentando que las secciones temáticas sean más homogéneas. Seguiré mejorando comentarios de obras ya introducidas y añadiendo informaciones sobre libros que, por la razón que sea, no han llegado al mercado español.

También continuaré con el «plan Chesterton»: aquí lo explico.

Mis proyectos de libros para el año que viene dependerán de la experiencia que, al final, tenga de los libros que colgué hace unos meses en amazon. Si todo va bien me gustaría preparar más libros en el mismo formato: tal vez uno acerca de Chesterton y tal vez otro con distintas cuestiones acerca de los álbumes ilustrados. Pero, de momento, toca esperar.

Feliz año.

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MiroHumoDormido.jpg
viernes, 30 de diciembre de 2011

Un libro de memorias infantiles con acentos líricos: El humo dormido, de Gabriel Miró. Se puede conseguir gratuitamente, como muchos libros antiguos ahora mismo, en amazon.es.

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jueves, 29 de diciembre de 2011

El niño, la golondrina y el gato
,
de Miguel Buñuel, un libro que se ha de conseguir ahora mismo en bibliotecas, es de esos valiosos libros extraños dentro de la literatura infantil: por sus acentos poéticos, por su contenido inquietante, por la época en la que se publicó.

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BrueghelInoc15652.jpg
La matanza de los Inocentes, óleo (detalle).
Brueghel el Viejo, 1565-1567.
miércoles, 28 de diciembre de 2011

José Jiménez Lozano: 
«Fiesta de los Santos Inocentes. Bien miradas las cosas, el rey Herodes dio algo así como una idea sobre los plazos para matar niños —de dos años para abajo—, y aquella matanza fue legal como todos nuestros abortos de plazos de hoy; pero si hubiera sido progresista del todo no hubiera andado con plazos: liquidación libre.

Y se ve que los césares de hoy siguen teniendo los mismos propósitos que los antiguos y, desde luego, son mucho más temibles porque tienen muchos más medios técnicos con apariencia de portentos o juegos mágicos. L., por ejemplo, que es un pianista polaco, contó a J. que el abuelo de un amigo suyo salió un día de su casa en un pueblo a arar la tierra y, cuando volvió, ya no había pueblo. Sólo unas cuantas huellas de él.

Y somos muy capaces de llamar a algo así “realismo mágico”, como el que se llevó a Hiroshima en medio de un hermoso hongo de color anaranjado. El mal de nuestro tiempo tiene estos poderes de las hadas de los cuentos, y el rostro de la inocencia. La culpa pasa a las víctimas».

José Jiménez Lozano. Los cuadernos de Rembrandt (2010). Valencia: Pre-Textos, 2010; 233 pp.; ISBN: 978-84-92913-52-7.

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martes, 27 de diciembre de 2011

Hace unas semanas mencioné, a propósito de Ciro Alegría, al poeta peruano César Vallejo. En su producción tiene un relato titulado Paco Yunque, de los que hoy llamaríamos «libros perturbadores»: un libro valioso en sí mismo, interesante para lectores adultos por distintas razones, más que dudoso para lectores niños por otros motivos. Y para quien desee saber más, aquí está una buena descripción de la obra de Vallejo.

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JonasRoundTrip.jpg
lunes, 26 de diciembre de 2011

Un álbum no editado en España que ningún admirador del ingenio para el diseño gráfico debe dejar de conocer: Round Trip, de Ann Jonas.

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domingo, 25 de diciembre de 2011

En fechas como estas siempre hay quienes afirman que las Navidades están llenas de costumbres anteriores al cristianismo, comentarios a los que Chesterton dedicó algunos artículos.

En uno señalaba que no es que haya costumbres paganas en Navidad sino que hay costumbres que han sobrevivido al paganismo, como sobrevivieron al industrialismo y como sobrevivirán al capitalismo. Todos fuimos paganos antes de ser cristianos pero eso no nos hace paganos.

En otro apuntaba que decir que las Navidades contienen muchos elementos del paganismo es otro modo de decir que contienen muchos elementos de humanidad. Ahora bien, la naturaleza de la combinación de todos esos elementos depende de la naturaleza de la selección y, por tanto, de la autoridad de quien los selecciona. Por ejemplo, hay quienes están siempre tratando de incluir la fe en un sistema de folclore en lugar de procurar incluir el folclore en un sistema de fe; quienes están empeñados en alargar el mito para cubrir muchas religiones, en vez de permitir a una religión que cubra muchos mitos.

En un tercero subrayaba lo pedante que resulta intentar explicarle a un hombre por qué hace una cosa que tanto él como el mismo autor de la cosa pueden explicar muy bien y de forma muy distinta. Es lo que pretende quien nos habla de que el origen de la Navidad está en que algunos antiguos escandinavos celebraban una fiesta en mitad del invierno en la que quemaban unos troncos grandes y eso: vale, y ¿qué se podría esperar que hicieran los antiguos escandinavos en el invierno?, o, al revés, ¿es que alguien espera que quemaran los troncos más grandes en verano? O bien, es el caso de quien afirma que la Navidad recuerda que algunas tribus antiguas adoraban al sol o, más probablemente, que comparaban algún héroe o dios con el sol: ya, pero muchos poetas han comparado a su dama con el sol sin que eso quiera decir que la imaginasen algún mito solar. En cualquier caso, si de ahí alguien concluyese que las Navidades son una especie de adoración del sol, la única respuesta que se le podría dar es que no, es que es algo completamente diferente. Y si quien lo afirmara siente algo del espíritu que vive detrás de los símbolos, lo primero que cabría esperar de él es que apreciase la diferencia entre cosas tan opuestas como adorar al sol y seguir una estrella.

El primer párrafo es de «Christmas and the Peasant Traditions», The Illustrated London News, artículo del 24 de diciembre de 1921, Collected Works, volume XXXII; el segundo es de «A Christmas of Peace», artículo del 28 de diciembre de 1918, Collected Works, volume XXXI; el tercero es de «Christmas and the Progressive Movement», artículo del 1 de enero de 1910, Collected Works, volume XXVIII; versiones mías.

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LippiNavidad14672.jpg
Navidad, fresco.
Fra Filippo Lippi, 1467-1469.
sábado, 24 de diciembre de 2011

A diferencia del año pasado en esta misma fecha, no puedo decir cuantos visitantes únicos ha tenido la página desde el 1 de enero hasta el uno de diciembre: debido a un problema con el servidor no tengo datos de los primeros meses. Sí puedo indicar que tuvo 26456 el mes que más, este último noviembre, y 14909 el que menos, en julio.

Muchas gracias a todos los que la leen y, en especial, a todos los que la citan o enlazan, y a todos los que me ponen correos para decirme cosas que debería corregir o mejorar.

Feliz Navidad a todos.

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jueves, 22 de diciembre de 2011

Después de leer «esta se la tienen que apuntar. Háganme caso», cogí en la biblioteca El águila en la nieve, del inglés Wallace Breem (1926–1990). 

Año 406. El general Máximo defiende la frontera en el Rin con una sola legión. Cuando sus peores temores se cumplen, pues el río se hiela, ha de hacer frente a las tribus bárbaras (de alanos, cuados, marcomanos, alamanes y vándalos) que desean imperiosamente ocupar la Galia. Cuenta la historia el mismo Máximo, cuando ya es un anciano. Antes de llegar al momento cumbre de su relato, habla rápidamente de su familia, de su primo Juliano, con el que tendrá enfrentamientos más adelante, y de su época en Britania, donde se casó y donde murió su esposa, y donde hizo amistad con Quinto, un gran oficial de caballería que le acompañará ya siempre. Después el relato se ralentiza y se centra en todas las disposiciones que va tomando para cumplir la misión que le han encomendado.

La historia tiene tres apoyos principales. Uno, la descripción de la personalidad de Máximo: su carácter íntegro y su lealtad a Roma —ciudad que nunca pudo visitar—, su competencia profesional y su dureza casi sin paliativos, sus creencias religiosas mitraístas. Otro, la presentación del conflicto fronterizo, con el funcionamiento de la maquinaria burocrática del imperio en las ciudades lejanas, el juego canalla de las negociaciones entre romanos y bárbaros, el agobio de los pueblos del otro lado de la frontera, enemistados entre sí y presionados a su vez por los hunos, etc. Y un tercero, los aspectos relativos a las operaciones y movimientos de tipo militar, una cuestión que no se puede seguir bien en la edición española que conozco, pues no tiene mapas, un incomprensible fallo en un libro como este.

La narración es pormenorizada pero ágil. Logra transmitir los sentimientos crecientes de desesperanza y desmoronamiento del mundo conocido que podían tener algunas personas de la época. La tensión va en aumento pues, en efecto, se sabe que lo inevitable se acerca, la batalla final es verdaderamente trágica e intensa, y el punto de vista narrativo es perfecto para comunicar al lector todos los vaivenes de pesimismo y optimismo del bando romano. Luego, tal como hacen otros escritores digamos que de la misma raza —yo compararía parcialmente a Breem con Rosemary Sutcliff, y he visto que otros le comparan con Robert Graves o Mary Renault, escritores que yo no conozco lo bastante—, los diálogos son magníficos, tal vez demasiado buenos, pero en cualquier caso es muy de agradecer tanto cuidado e inteligencia en cada intercambio dialéctico.

Wallace Breem. El águila en la nieve (Eagle in the Snow, 1970). Madrid: Alamut, 2008; 319 pp.; col. Serie histórica; trad. de Núria Gres; ISBN: 978-84-9889-015-0. [Vista del libro en amazon.es]

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UrdialesAlonsoMateo.jpg
martes, 20 de diciembre de 2011

Y ya, para terminar por este año de introducir relatos de Navidad, un álbum de formato grande de hace tiempo: Mateo y los Reyes Magos, de Alberto Urdiales y Fernando Alonso. Eso sí, ahora mismo es complicado conseguirlo en librerías.

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lunes, 19 de diciembre de 2011

Hay un tipo de álbumes, con ilustraciones pobladas, en donde se propone al lector que se fije bien para descubrir quiénes son y qué hacen los personajillos que pululan por ellos. Que haya citado ya, y que recuerde ahora, están Where's Wallace?, El viaje de Anno, los de la serie de Wally, ¿Dónde está mi hermana? A ellos se puede sumar El globo amarillo, de Charlotte Dematons, un álbum sin palabras que, comenzando en las guardas iniciales, de día, y terminando en las finales, de noche, presenta un coche azul cuyos ocupantes pierden un globo al que luego persigue un faquir en su alfombra: por el aire —entre pájaros, aviones, brujas en escobas y angelitos con alas…—; en una ciudad con edificios de todo tipo; en un paisaje campestre; por medio de montañas y desfiladeros; en el desierto; en las sabanas africanas; en el mar —entre portaviones, veleros, naves de combate de hace siglos, etc.—; en el polo; en las selvas amazónicas; en una ciudad playera que también tiene palafitos en un extremo; en una ciudad con un parque de atracciones infantil y un barrio de chabolas al lado; en un bosque nocturno con castillo misterioso y brujas alrededor de una hoguera… Son muchos los detalles en los que fijarse: hay que seguir al faquir, a un presidiario con el traje de rayas, a una camioneta con jirafas, por supuesto al globo amarillo…; hay muchos guiños a personajes conocidos (aparecen Batman, Mary Poppins, Caperucita, Papá Noel, etc.); quien desee motivos para criticar también los puede descubrir (pues hay escenas de caza políticamente incorrectas, otras de pillajes y de peleas con alfanjes, deportes de riesgo sin medidas de seguridad, una playa con una zona nudista, etc.), pero hace falta una buena lupa para enfadarse a gusto pues los personajillos son muy pequeños.

Charlotte Dematons. El globo amarillo (De gele ballon, 2003). Barcelona: Juventud, 2011; 28 pp.; ISBN: 978-84-261-3846-0.

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domingo, 18 de diciembre de 2011

No sé si a pesar de, o debido a, mi ignorancia musical he disfrutado con los artículos de Alessandro Baricco sobre música que se recogen en Barnum. Crónicas del gran show musical.

Pero la cita que quería poner aquí es de unos artículos un poco diferentes a los otros, «Gaude Mater Polonia I» y «Gaude Mater Polonia II», sobre la visita última que hizo Juan Pablo II a Cracovia y una ceremonia multitudinaria que tuvo lugar allí. Cuando todo termina dice Baricco que Juan Pablo II «se dio la vuelta y se fue con esos andares de agotamiento con que los abuelos pasan de la mesa a la butaca que hay frente al televisor. Sólo que él, con esos andares, se trilla el mundo. A pocos metros de la bambalina tras la cual debía desaparecer, se paró. Y podríamos apostar que miles, en ese momento, pensaron: ahora se da la vuelta, ahora va a mirarnos a todos por última vez y va a llevarse esa foto en la cabeza, para siempre.

Es el cine el que nos ha echado a perder. En las películas siempre pasan esas cosas. Es una canallada si alguien sale de una habitación sin antes pararse delante de la puerta, girarse y decir algo buenísimo. El Papa no es una película. Sin volverse, desapareció».

Alessandro Baricco. Barnum. Crónicas del gran show musical (Barnum. Cronache dal grande show, artículos publicados entre 1993 y 1996). Barcelona: Nortesur, 2011; 256 pp.; selección y prólogo de Luca Chiantore; trad. de Romana Baena Bradaschia; ISBN: 978-84-937841-9-5.

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sábado, 17 de diciembre de 2011

Chesterton
:
 La más grande de todas las bendiciones es el boomerang. O, mejor, todas las grandes bendiciones son como el boomerang: todas las cosas sanas que conocemos son boomerangs, son cosas que regresan. El sueño es un boomerang: lo arrojamos fuera por la mañana y vuelve por la noche. La luz del día es un boomerang: la vemos desaparecer en la distancia por la noche y la vemos reaparecer por la mañana (si nos levantamos pronto, cosa que yo he hecho una o dos veces). La misma especie de sensacional curación se da con el continuo retorno de fiestas religiosas y sociales. Tener una institución como la Navidad es como una aventura recurrente y, en cierto sentido, interminable. Una costumbre como la de la Navidad es, por esto, la forma más práctica de resistir a la moda moderna de avanzar en una especie de niebla hacia un futuro sin forma alguna. [Tal vez es una bobada, pero me gusta más poner boomerang que bumerán, tal como dice la RAE, quizá por el boo del principio y porque la g final parece sugerir el movimiento de retorno]

G. K. Chesterton. «Christmas versus the Future», Illustrated London News, artículo del 20 de diciembre de 1913, Collected Works, volume XXIX, versión mía.

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jueves, 15 de diciembre de 2011

Se ha publicado hace poco un relato cortito y medido de Truman Capote titulado Niños en su cumpleaños. Está considerado el mejor de la primera colección de relatos que publicó, A Tree of Night and Other Stories (1949).

Su argumento es que a un pueblo de Alabama, en 1947, llega una niña de diez años, Lily Jane Bobbit, cuya personalidad tan acusada no puede menos que provocar una conmoción en los chicos del lugar, en especial Bob Murphy y Preacher Star, y también, por motivos opuestos, en las chicas.

El comienzo es intrigante —«ayer por la tarde, el autobús de las seis atropelló a Miss Bobbit»—, el ambiente local está perfectamente cogido, las personalidades de los protagonistas quedan perfiladas con pocos trazos, y el paso narrativo es pausado pero firme.

Igual que dije a propósito de El niño perdido y Thomas Wolfe, en este caso Niños en su cumpleaños puede servir de buena introducción a otros relatos de Capote que tienen igual sabor nostálgico y sureño.

Truman Capote. Niños en su cumpleaños (Children on Their Birthday, 1948). Madrid: Nórdica Libros, 2011; 61 pp.; trad. de Juan Villoro; ISBN: 978-84-92683-36-9.

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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cuentos para niños no tan buenos,
de Jacques Prévert, es un libro muy bien editado que, me parece, conserva las ilustraciones-dibujos que tuvo, no sé si la edición original de 1947 u otra posterior de 1963. Son ocho relatos, todos ellos sobre animales, todos con parecidos rasgos formales e iguales acentos irónicos y críticos contra los comportamientos humanos crueles o desconsiderados.

Como libro tiene un problema: el de que, al yuxtaponer relatos que golpean en el mismo lugar, se produce una impresión de insistencia (que es más que impresión), que resulta contraproducente. Luego, en algunos relatos hay generalizaciones abusivas que, por mucho que puedan tener parte de verdad, son eso, abusivas, e impiden la confianza en el narrador. Un ejemplo es este momento de Escena de la vida de los antílopes: «Los habitantes de África son los hombres negros; pero también hay hombres blancos. Aunque están de paso, los hombres blancos hacen negocios y necesitan que los hombres negros los ayuden; pero los hombres negros prefieren bailar en vez de construir carreteras o líneas de ferrocarril, porque es un trabajo muy duro para ellos que a veces los mata».

En una primera y rápida lectura, el relato que me ha dejado mejor impresión es El elefante marino: «Ese es el elefante de mar, pero él no lo sabe. Ser un elefante de mar o un caracol de jardín, para él no tiene ningún sentido. Se burla de esas cosas, no quiere ser nadie importante».

Jacques Prévert. Cuentos para niños no tan buenos (Contes pour enfants pas sages, 1963). Barcelona, Madrid: Libros del Zorro Rojo, 2011; 68 pp.; ilust. de Elsa Henríquez; trad. de Juan Manuel López Guix; ISBN: 978-84-92412-91-4.

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martes, 13 de diciembre de 2011

Marco Polo,
de Demi, es otro buen álbum de tipo histórico que la ilustradora publicó antes que Tutankamón.

Al principio ella misma explica que se inspiró en el arte oriental del siglo XIII para sus ilustraciones y que pintó las imágenes con tinta china y láminas de oro. Cada página narra un momento de la vida de Marco Polo y de sus expediciones: con un párrafo de texto y con una imagen recuadrada con unos marcos ornamentales —cada uno distinto, pintados sobre seda y preparados a partir de bordados chinos e indios— que a veces se ven como desbordados —por un personaje, o una montaña, o un edificio...—; además, en algunas páginas se añaden ilustraciones pequeñas con algún motivo más. Y, cuando el relato ha terminado, en la última doble página aparece un gran mapa con los recorridos de Marco Polo.

Demi. Marco Polo (2008). Barcelona: Juventud, 2010; 60 pp.; trad. de Teresa Farran; ISBN: 978-84-261-3761-6.

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lunes, 12 de diciembre de 2011

He añadido dos álbumes más de Navidad, de hace tiempo, en las voces de sus autores. Uno, rompedor y humorístico, es Un mensaje para Papá Noel, de Tony Ross y Hiawyn Oram. Otro, tradicional y cálido, es Der allererste Weihnachtslied, o La primera canción de Navidad, un álbum magnífico y no traducido al castellano de Józef Wilkoń y Hermann Moers. Como he dicho algunas veces, lo interesante ahora con álbumes agotados o no disponibles en castellano, para quien los desee comprar, es que pueden adquirirse fácilmente y a buen precio (y en el idioma original, o en inglés, Lullaby for a Newborn King en el caso del segundo citado) en librerías virtuales.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

Dos aproximaciones filosóficas valiosas a la obra de BorgesEl centro del laberinto y La eternidad de lo efímero, de Juan Arana.

Una idea del primer libro: «la literatura de Borges es incomparablemente variada y multiforme, pero no está tan carente de unidad como a primera vista parece: “Unos pocos argumentos me han hostigado a lo largo del tiempo; soy decididamente monótono”. Si alguna palabra hay que elegir para caracterizarla entre las que forman sus leitmotivs más notorios (laberinto, espejo, biblioteca, infamia, rosa, tigre, espada, etc.), yo escojo “eternidad”. La ha puesto en el título de uno de sus libros, pero en el fondo es el tema y el objetivo de todos ellos. Lo prueba la insistencia con que escudriña todas las doctrinas que la prometen; la tenacidad y optimismo con que combate a su enemigo, el tiempo; el denuedo con que modela, con el barro de sus versos y la colaboración de los protagonistas de sus cuentos, una idea de ella que quiere ser de todos, universal, hospitalaria, serena».

Una idea del segundo: apunta la concepción metafísica de la literatura que tenía Borges, su deseo de llegar a la verdad de las cosas a través de la verdad del arte, y afirma que la actividad literaria, que para «muchas personas puede representar un mero pasatiempo, un entretenimiento (…) o una forma de evadirse de las urgencias y angustias de la vida», para «otro colectivo, del que Borges forma parte, es mucho más que eso: una fuente de alegría, un camino por el que tal vez se encuentre la felicidad y el sentido de la existencia».

Juan Arana. El centro del laberinto: los motivos filosóficos en la obra de Borges (1994). Pamplona: Eunsa, 1994; 183 pp.; serie: Biblioteca NT, Lengua y literatura; ISBN: 84-313-1275-0.
Juan Arana. La eternidad de lo efímero: ensayos sobre Jorge Luis Borges (2000). Madrid: Biblioteca Nueva, 2000; 155 pp.; prólogo de Arturo Echavarría; ISBN: 84-7030-858-0.

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sábado, 10 de diciembre de 2011

Una mayoría de los artículos que Chesterton publicó en el The Illustrated London News entre 1917 y 1922 trata sobre las cuestiones que se discutían entonces, según se acercaba el final de la primera Guerra Mundial y según se desarrollaban las conversaciones posteriores para establecer reparaciones y fijar nuevos tratados de paz. En unos seguía subrayando la maldad del anarquismo prusiano y decía que, para el futuro, la cuestión más práctica era la de preguntarse si había sido una interrupción o si era un precedente (6 de enero de 1917). En otros, donde insistía en la legitimidad de haberlo combatido y la satisfacción por haberlo vencido, indicaba que no era cuestión de defender o no la guerra sino de que hay un momento en el que la autodefensa es casi el único curso de acción, por lo que es superfluo decir si es el correcto o no (14 de abril de 1917). A los mismos contrincantes dialécticos les decía que aceptaría la visión pacifista de la guerra si pudiese aceptar también su visión de la paz (10 de mayo de 1919) que, entre otras cosas, pedía a los países pequeños que no luchasen para ser libres y, por tanto, a todos los efectos, que abandonasen la esperanza de serlo (3 de agosto de 1918).

Luego, cuando la guerra va quedando atrás, Chesterton aborda muchas cuestiones como con la intención de recordar lecciones de lógica básica. Así, decía, no debemos dejarnos engañar por los nombres: hay muchas cosas más espirituales que el espiritualismo, hay muchas cosas más ocultas que el ocultismo (12 de abril de 1919). O, a propósito de la popularización de la teoría de la relatividad, uno de tantos descubrimientos científicos cuyo alcance real se desconoce pero que termina en boca de todos como algo ignorado pero indiscutible, señalaba que sólo podemos observar la relatividad a partir de la razón: quien, a partir de los cálculos sobre las estrellas y el espacio, duda de toda medida y proporción, es como quien, a través de un telescopio poderoso, indica que ha visto que es ciego (13 de diciembre de 1919). O advertía contra la curiosa manía de algunos de intentar explicarnos lo que comprendemos por medio de algo que no comprendemos: como si el carácter expansivo del irlandés quedase aclarado si lo llamamos «temperamento Céltico», como si no pudiéramos hablar de hombres que viven en marismas sino de hombres cuya manera de ser está curiosamente afectada por el hecho de vivir en marismas (21 de octubre de 1922).

Por supuesto, no faltan descripciones de algunos males de la sociedad en la que vivimos. Una, cuando señala que quienes son lo bastante poderosos para hacer las leyes no necesitan romperlas (14 de enero de 1922). Otra, cuando habla de que una marca especial de nuestro mundo es su dogmatismo inconsciente: muchos que, para burlarse, dicen que los viejos devotos creían sin conocer por qué creían, creen sin conocer lo que creen y sin siquiera saber que lo están creyendo, actúan como quien asume un credo y después olvida que lo ha asumido, sacan conclusiones pero no pueden decir nada sobre sus principios pues han olvidado los hechos o las suposiciones de las cuales depende su teoría completa (15 de marzo de 1919).

G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXXI, The Illustrated London News 1917-1919. San Francisco: Ignatius Press, 1989; 596 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-232-I.
G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXXII, The Illustrated London News 1920-1922. San Francisco: Ignatius Press, 1989; 607 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-244-5.


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viernes, 9 de diciembre de 2011

Han cambiado un poco las cosas que dije, semanas atrás, en Aduanas en internet: a fecha de hoy, los precios de esos libros siguen siendo 4$ (2,98€) o 7$ (5,22€) si se compran en EE.UU.; de 4,47$ y 7,81$ si se compran en amazon.com desde España; y de 3,34€ y 5,83€ si se compran en amazon.es.

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jueves, 8 de diciembre de 2011

El niño perdido,
de Thomas Wolfe, es un relato corto, distribuido en cuatro partes, acerca de Grover, un hermano del autor que falleció en 1904, antes de cumplir los doce años, cuando la familia vivía en Saint Louis durante la Exposición Universal. En la primera parte se describen escenas de la vida de Grover en el vecindario hasta que acaba teniendo un choque con los tacaños Crocker, los propietarios de una tienda de la que sale una embriagadora fragancia de chocolate caliente que no puede resistir. En la segunda figuran los recuerdos que tiene la madre, donde afirma que, de todos sus hijos, Grover era el más brillante. En la tercera es su hermana Helen, dos años mayor que Grover, la que lo rememora unos treinta años después, cuando «nada ha resultado como esperábamos…». Y la cuarta es una visita del escritor a la calle y a la casa donde vivían todos cuando murió Grover.

Quien desee acercarse a Wolfe, un escritor siempre autobiográfico de prosa torrencial que, cuando logra remansarse un poco y enfocar bien un objetivo concreto, logra escenas y capítulos verdaderamente inolvidables, puede probarlo en una obra como esta. Por un lado, contiene sus temas característicos: la nostalgia indefinible de cosas inalcanzables, los deseos que se vuelven imposibles y resultan dolorosos con el paso del tiempo, el fulgor como trascendental de muchos momentos de la vida cotidiana… Por otro, revela su increíble capacidad para, por medio de asombrosas descripciones sensoriales, con adjetivos y frases que se repiten y van encabalgándose, dejar constancia de la inmensidad de Norteamérica, un mundo que se presenta como familiar e inabarcable al mismo tiempo, donde viven tantos hombres insatisfechos que, como el narrador, son o se ven como un «átomo sin nombre, un átomo perdido en el vacío, una cifra irrisoria y llena de polvo que gira alrededor de un tiempo incontable».

Thomas Wolfe. El niño perdido (The Lost Boy, 1937). Cáceres: Periférica, 2011; 93 pp.; col. Largo recorrido; trad. de Juan Sebastián Cárdenas; ISBN: 978-84-92865-41-3. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Por contraste con tantos libros infantiles circunstanciales, El hombrecito vestido de gris, de Fernando Alonso, que cité con ocasión de libros de Peter Bichsel y de Pedro Antonio Urbina pero que no había incluido aquí todavía, se puede poner como ejemplo de libro de calidad duradera.

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martes, 6 de diciembre de 2011

El autobús de Rosa,
de Maurizio A. C. Quarello y Fabrizio Silei, es un álbum muy bien hecho de los que podrían recomendarse sin vergüenza en una asignatura como «Educación para la ciudadanía».

Un abuelo va con su nieto a Detroit, al museo Herny Ford, para enseñarle un viejo autobús y contarle una historia: la de Rosa, una mujer negra que, un día de 1955, se negó a dejar su sitio a un pasajero blanco y fue detenida, suceso con el que comenzó un boicot a los autobuses hasta que una sentencia del Tribunal Supremo declaró ilegal la segregación racial en el transporte público.

Es un acierto que sea un abuelo quien cuenta las cosas a su nieto, lo que permite mostrar escenas del presente y otras, sin color, del pasado. También es apropiado el tono con el que recuerda las cosas: dolido hacia su propio comportamiento y admirativo hacia el de Rosa. Las imágenes, inspiradas en Edward Hopper, van perfectas con la historia. La lección de valor que cuenta la historia circula en todas las direcciones: de Rosa al abuelo, del abuelo al nieto, de los autores a los lectores...

Maurizio A.C.Quarello. El autobús de Rosa (L’autobus di Rosa, 2011). Texto de Fabrizio Silei. Granada: Barbara Fiore, 2011; 40 pp.; trad. de Celia Filipetto; ISBN: 978-84-15208-09-9. [Vista del libro en amazon.es]

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HillsRoc2.jpg
lunes, 5 de diciembre de 2011

Roc aprende a leer,
de Tad Hills, es un álbum para prelectores acerca del descubrimiento del alfabeto y de la lectura.

Los protagonistas son Roc, un perro al que le gusta jugar, y un pequeño canario (tal vez familia de Piolín) que se propone enseñarle a leer. Al principio Roc se resiste pero el canario es insistente y un día en que lee en voz alta la historia de Buster, un perro, indica que cavó «y notó algo conocido». Roc esperó pero el canario no dijo más y se marchó. Al día siguiente, Roc le dice al canario: «me gustaría oír el final de la historia»…

Sin duda el autor sabe llegar al corazón de sus lectores (y no sólo al de los niños) con sus figuras supertiernas. Pero el argumento está bien y el álbum está compuesto con destreza: las guardas sintetizan la evolución del personaje, cambia el ritmo narrativo al combinar ilustraciones de doble página completa con otras en las que los personajes aparecen en viñetas ovaladas, perfila bien los modos de ser de Roc y del incansable canario.

Tad Hills. Roc aprende a leer (How Rocket Learned to Read, 2010). Barcelona: Juventud, 2011; 34 pp.; trad. de Élodie Bourgeois Bertín; ISBN: 84-261-3828-6.

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domingo, 4 de diciembre de 2011

Como muchas veces se ha encontrado con aspirantes a escritores que le piden consejo, P. D. James da, en sus memorias, cuatro principios que considera importantes:

«El primero es leer mucho, no para copiar el estilo de otro sino para aprender a reconocer y apreciar una buena redacción y para ver cómo otros escritores consiguen el resultado. La mala redacción, por desgracia, es contagiosa y debería evitarse el contacto con ella.

Practicar la escritura en todas sus formas; el oficio se aprende practicando, no hablando de él. A algunas personas les ayudan los cursos de escritura o los círculos de escritores, pero no son para todo el mundo.

Aumentar el vocabulario; la materia prima del escritor son las palabras y, cuantas más tengamos a nuestra disposición y podamos usarlas con efectividad y seguridad, mejor.

Agradecer toda experiencia. Eso significa vivir la vida con todos los sentidos alerta: observar, sentir, relacionarse con otras personas. Nada de lo que le pasa a un escritor cae en saco roto».

P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) (Time to be in Earnest, 1999). Barcelona: Bruguera, 2008; 347 pp.; col. Bruguera ensayo; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-84-02-42056-5.

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sábado, 3 de diciembre de 2011

He añadido textos de Chesterton en las voces de Aubrey Beardsley y Joel Chandler Harris.

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FarahEslabones.jpg
viernes, 2 de diciembre de 2011

Eslabones,
de Nuruddin Farah (1945-), un escritor somalí con una larga trayectoria, es una novela centrada en Jeebleh, un profesor de Universidad norteamericano de origen somalí que, dejando a su mujer e hijas en Nueva York, vuelve a su país, por primera vez después de veinte años, justo cuando hay guerra civil en Mogadiscio y poco después de la desgraciada intervención de los Estados Unidos en ella. Los motivos para el viaje son varios: desea conocer cómo fueron los últimos momentos de la vida de su madre y dónde fue enterrada; desea hacer las paces con su viejo amigo Bile, cuya sobrina ha sido secuestrada; y también se plantea matar a su hermanastro Calossha, un poderoso y repulsivo jefe de la guerra en ese momento.

La narración tiene fuerza, el hilo argumental interesa y las descripciones ambientales sobrecogen; los personajes malvados o, sencillamente, desquiciados, resultan inquietantes; el mundo interior del protagonista está bien dibujado, aunque resulta sobrecargado, pues tanto él como sus amigos Bile y el norirlandés Seamus, fueron compañeros cuando estudiaban sus carreras universitarias en Europa y eso añade un peso intelectual excesivo a las conversaciones. Por otra parte, las consideraciones que van haciendo distintos personajes sobre la intervención, primero de paz y luego de guerra, de Estados Unidos en Somalia parecen acertadas.

Los defectos de la novela son que contiene muchos pormenores descriptivos que no aportan nada; sueños o parábolas alegorizantes que cansan al lector y quitan vigor a la narración; imágenes artificiales desafortunadas que parecen pensadas para el consumo de lectores occidentales —«más contento que un yuppie celebrando su primera fiesta como anfitrión en su casa nueva»—; y no pocos momentos muy enfáticos, en especial los que se refieren a Raasta, la sobrina de Bile, una «una niña milagrosa» que «cuando vino al mundo ya había madurado plenamente». Luego, la novela tiene cinco partes y cada una se inicia con una cita del Infierno, de Dante: tal vez una lectura más cuidadosa de todas ellas, o un experto en el escritor italiano, puedan descubrir más ecos en la novela, aparte de que la Somalia en la que se adentra el protagonista sea un mundo laberíntico y amenazante.

Nuruddin Farah. Eslabones (Links, 2004). Madrid: Siruela, 2011; 416 pp.; col. Nuevos Tiempos; trad. de Miguel Martínez-Lage con la colaboración de Eugenia Vázquez Nacarino; ISBN: 978-84-9841-434-9.

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jueves, 1 de diciembre de 2011

En Nace un niño en los Andes, de Ciro Alegría, se contienen ocho evocaciones de infancia del escritor peruano. Si alguien necesita un pretexto para leerlos ahora, buscando el libro en bibliotecas pues creo que no está en el mercado, lo tiene en sus dos magníficos relatos de Navidad y fin de año.

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