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Ficha del autor 'HARRIS, Joel Chandler' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
HARRIS, Joel Chandler
Escritor norteamericano. 1845-1908. Nació en Eatonton, Georgia. Trabajó en una plantación durante su juventud. Fue periodista. Por su trabajo como recopilador y editor de relatos propios de las plantaciones del sur se le puede calificar de folclorista. Fallecio en Atlanta, Georgia.

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El tío Remus
(Uncle Remus, 1880)
Entre los libros que reúnen relatos y canciones del tío Remus, el narrador, algunos disponibles en la red son: Uncle Remus, his songs and his sayings (1880), Nights With Uncle Remus (1883), Uncle Remus and Brer Rabbit (1907). La primera edición en castellano de cuentos del personaje, que contiene los 34 cuentos del primer libro citado y 70 del segundo, es El tío Remus, Madrid: Páginas de Espuma, 2019; 534 pp.; col. Voces / Clásicas; trad. y prólogo de Jaime de Ojeda; grabados tomados de ediciones antiguas; ISBN: 978-84-8393-267-4. [Vista del libro en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Fantasía.
Tío Remus, un viejo negro de una plantación, cuenta historias a un niño blanco, hijo de su ama, sobre un espabilado y granujiento conejo, Mano Conejo (Brer Rabbit), y otros animales, unos que con frecuencia son sus rivales y enemigos aunque también pueden ser sus compinches, como Mano Zorro (Brer Fox) y Mano Lobo (Brer Wolf), y otros que también cumplen esos papeles aunque aparecen menos que los anteriores, como Mano Oso, Mano Buitre, Mano Galápago, Mano Caimán, etc. La narración va puntuada por reacciones del oyente, fascinado, ansioso de saber más, y que, como está tan atento, pide aclaraciones y hace notar las contradicciones al tío Remus, que siempre sabe salir hábilmente del paso y que, una y otra vez, le pide tranquilidad a su interlocutor. Algunos cuentos los narran otros personajes: un amigo del tío Remus, Papy Chak (Daddy Jack), y una sirvienta mayor, la tía Tempi.
Colección de relatos tomados de la tradición oral que, cuando se publicaron, primero en la prensa y luego en libros, fueron una revolución literaria y cultural: por el uso del dialecto propio de los negros de las plantaciones de Georgia; por el marco que soporta y da continuidad a las historias que se suceden; por el carácter astuto y tramposo, e incluso canalla, de los protagonistas, en la tradición de las fábulas y deudor de relatos picarescos y populares de origen africano. En no pocos resuenan acentos de cuentos populares, como el de Los tres cerditos, y fábulas conocidas, como la de la carrera entre la tortuga y la liebre.

La edición en castellano del año 2019 —no conozco ninguna previa— resuelve bien las muchas dificultades de traducción, enormes cuando entra en escena Papy Chak, un anciano negro que habla en dialecto Gulah, el propio de quienes habitaban la costa, una mezcla «confusa e intraducible de palabras inglesas y africanas». Es un acierto que expresiones como «brother» y «sister», transformadas en el original en «brer» y «sis», hayan sido vertidas al español de México: hermano y hermana, «mano» y «mana». En ocasiones la narración o los diálogos, que tienen ritmo y chispa, también contienen expresiones mexicanas.

Para otras opciones el traductor se ha dejado guiar por lo que le inspira espontáneamente la dicción del personaje. Por ejemplo, cuando el tío Remus está diciendo un monólogo que, en el original, dice «Ole Molly Har', W'at you doin' dar, Settin' in de cornder Smokin' yo' seegyar?», la traducción facilita las cosas y pone «Suave y blandita Liebre / ¿Qué estarás tramando? / fumándote un cigarro / sentadita en ese pesebre?». O cuando, al final de un cuento se habla de que «Brer Fox tu'n loose de tail, en Brer Tarrypin, he went down ter de bottom—kerblunkity-blink!», la versión en castellano indica que «el mano Zorro soltó su cola y el Manito Galápago se hundió hasta el fondo del manantial, ¡glub-glob-bluguigoblug!».

Dentro de la fiebre revisionista de las últimas décadas del siglo XX, estos relatos han sido menospreciados y criticados debido a la figura típica del tío Remus, a la presentación amable de la vida de los esclavos —tal como la recordaba el autor de su infancia y juventud—, y debido al hecho de que fuera un escritor blanco y no uno afroamericano el recopilador de las historias. Conviene no perder de vista que, como se aprecia en la introducción que pone a su libro, el principal interés del autor era el folclórico e histórico: a veces recogía distintas versiones de la misma historia para escoger luego la mejor y al contar sus cuentos aclara términos y dichos propios de las plantaciones en notas al pie. A lo largo de su vida publicó 185 cuentos en total y su influencia y su popularidad fueron grandísimas: entre muchos otros los elogiaron e influyeron en autores como Mark TWAIN y Rudyard KIPLING —hay relatos del tío Remus semejantes a los de Solo cuentos—, en otros como MILNE y Beatrix POTTER, pero también en ELIOT o FAULKNER, entre muchos.

El prólogo del traductor explica y contextualiza bien la figura y la obra de Harris: señala sus indudables méritos históricos y literarios, recuerda que escribió sus cuentos justo después de la guerra de secesión y que, aunque sus relatos muestran unas relaciones afectuosas entre los amos blancos y los esclavos negros, fue una persona que condenó en su tiempo la esclavitud y sus perniciosas consecuencias. En él explica que un cuento, «La noche antes de Navidad», es particularmente ofensivo, pues presenta cómo los negros, después de venir atados desde el trabajo, bailan y cantan para sus amos que los escuchan emocionados; sin embargo, este cuento, el último de Cuentos de las noches con el tío Remus, el 71, no figura en la edición en castellano (¿tal vez porque la editorial decidió suprimirlo?).

Además, la editorial —como si pensase que los lectores naturales del libro no nos fuéramos a dar cuenta del asunto— no se conformó con ese prólogo y añadió al inicio una advertencia: «este texto contiene opiniones o ideas que leídas a día de hoy o desde una visión descontextualizada pueden resultar ocasionalmente rechazables», y a señalar que, por supuesto, la editorial en modo alguno las comparte, etc. También, en el primer párrafo de la contracubierta se presenta el libro como si fuera un retrato absolutamente necesario de la esclavitud, cosa que así formulada no es cierta y no es lo importante del libro en cuanto tal, y se vuelve a subrayar en el segundo párrafo que el libro ofrece «un panorama —no siempre agradable— del momento», aunque sí termina indicando, y ese mérito es el que un editor convencido del producto que ofrece debería subrayar más, que es «un inigualable testimonio filológico y cultural». Por otro lado, el gran trabajo del traductor brillaría mucho más con una revisión que corrigiese las erratas y que comprobase el uso consistente de algunos nombres: en concreto, Papy Chak aparece como Chack bastantes veces.
La otra cara de la moneda

Opinaba Chesterton que los libros de Uncle Remus fueron tan importantes como La cabaña del tío Tom pues ambos representaban la tradición política de los estados sureños de EE.UU.

Para explicarlo, y evitar malas interpretaciones, previamente subrayaba que la esclavitud es inmoral y que cualquiera debe estar siempre a favor de la emancipación. Pero, a la vez, decía, conviene observar la oscura debilidad y el peligro que se oculta en estas actitudes que nos parecen tan obvias y tan justas: el emancipador generalmente es alguien que trae su propia forma de comprender la emancipación, es alguien que trae una luz pero con sus propias bombillas patentadas y, naturalmente, retira todas las bombillas anteriores. Cuando liberamos a un hombre pobre queremos liberarlo para que aprenda de nosotros, pero también deberíamos querer liberarlo para aprender nosotros de él, y nos sentiríamos sorprendidos si él se pusiera a enseñarnos.

Pues bien: mientras el abolicionista o el norteño idealista decían, con generosidad y altura de miras innegables, que «daremos libertad y educación al negro», Chandler Harris en Uncle Remus da una respuesta indirecta, inesperada y convincente, del tipo «esta es la educación que el negro me ha dado a mí»: esta es la cultura primitiva de la humanidad, esta es la vieja sabiduría sin la cual cualquier otro aprendizaje no es más que esnobismo, estos son los cuentos que se han contado en la tierra siempre por las noches... Además, en la denominación que se dan todos los animales unos a otros como Brer, o Brother, se revela también una gran enseñanza: que los animales se consideran iguales entre sí, que si es cierto que el Zorro intenta comerse al Conejo y que el Conejo logra derrotar al Zorro, esto se ve como violencia o como engaño, pero no como desigualdad.

G. K. Chesterton. «American Slaves and Female Emancipation», The Illustrated London News, artículo del 1 de agosto de 1908, Collected Works, volume XXVIII.

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