MacDonald ha sido llamado el «padre de la fantasía moderna», nombre que merecería sólo por la gran influencia que tuvo en
TOLKIEN y en
C. S. LEWIS. El primero confesó que
La princesa y los trasgos fue su libro favorito de la infancia, y el segundo cuenta en su autobiografía que, cuando tenía dieciséis años, compró un libro de MacDonald titulado
Phantastes que le cautivó: «Aquella noche mi imaginación, en cierto sentido, recibía las aguas del bautismo». Todo el mundo subterráneo en el que viven los mineros y los trasgos contra los que pelea Curdie, está en la base de tantas escenas que viven los héroes de Tolkien dentro de pasadizos y cuevas angustiosas. Y los acentos razonadores y convincentes del narrador que usa MacDonald son los mismos que usará Lewis en las
CRÓNICAS DE NARNIA.
At the Back of the North Wind fue el primer libro infantil del autor. Lo publicó primero por entregas en 1868 y luego como libro en 1871. Está considerado una de sus obras maestras a pesar de que, para muchos, hoy resulte difícil no tanto leerlo como aceptar su planteamiento y el tratamiento que hace de la muerte de un niño.
Por un lado, merece grandes elogios la viveza del estilo de MacDonald, su talento para la creación de personajes extraordinarios, y su gran ambición a la hora de abordar temas difíciles. Sin embargo, su argumento tiene altibajos: alterna momentos de gran interés con otros pasajes que parecen innecesarios o, al menos, prescindibles. La narración incluye también canciones de cuna que canta Diamond a su hermano pequeño y relatos cortos, que a veces se han publicado por separado, como
Little Daylight.
La princesa y los trasgos es quizá la mejor de las novelas de MacDonald. Tiene un cierto ritmo de novela policíaca, se alternan distintos escenarios, se narran los sucesos al modo de la tradición oral con un tono sencillo y poético. Son frecuentes los diálogos, abunda el sentido del humor, y en todo momento el narrador precisa, aclara, tranquiliza, y consigue involucrar al lector en la historia. MacDonald apoya la esperanza de sus héroes en su continua lucha y, a la vez, en su confianza en la intervención de fuerzas providenciales más poderosas.
La princesa y Curdie tiene la misma calidad en las descripciones, diálogos igualmente inteligentes, un hilo argumental directo que atrapa, un personaje singular como Lina, y escenas de gran intensidad como cuando Curdie mete las manos en el fuego y, a través del dolor, obtiene una particular sabiduría para el futuro. De todos modos, tiene menos encanto que La princesa y los trasgos: debido a la mayor preponderancia de lo fantástico-inexplicable sobre lo aventurero y debido a su coda final pesimista, que refleja la desconfianza en la naturaleza humana que fue acentuándose a lo largo de la vida del autor.