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CLEARY, Beverly
Escritora norteamericana. 1916-. Nació en McMinnville, Oregón. Estudió en Berkeley y en Washington. Especialista en bibliotecas infantiles. En 1950 publicó su primer libro, Henry Huggins, y estableció el modelo que hará muy popular en el futuro: relatos humorísticos sobre chicos normales preadolescentes con problemas típicos de la edad. De un personaje secundario de aquella novela, Ramona, la hermana pequeña de la amiga de Henry, salió una serie de gran éxito.

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Ramona y su padre
(Ramona and Her Father, 1975)
Madrid: Espasa, 2004, 14ª impr.; 136 pp.; col. Espasa Juvenil; ilust. de Alan Tiegreen; trad. de Gabriela Bustelo; ISBN: 84-239-9020-6.
9 años: lectores niños.
Narrativa: Vida diaria.
Ramona tiene seis años. Su padre se queda sin trabajo, su madre tiene que trabajar por la tarde y está un tanto agobiada. Ramona quiere ayudar a su padre sin saber muy bien cómo. Toda su familia se revoluciona cuando se propone ir disfrazada de oveja a un belén viviente...
Querido señor Henshaw
(Dear Mr. Henshaw, 1983)
Madrid: Espasa, 1998, 12ª ed.; 139 pp.; col. Austral Juvenil; ilust. de Helena-Rosa Trías; trad. de Amelia Martín-Gamero; ISBN: 84-239-9013-3.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Vida diaria.
Leigh Botts tiene diez años. Escribe cartas a su escritor preferido, el señor Henshaw, quien le responde animándole a que lleve un diario. Leigh hace caso del consejo, redactándolo en forma de cartas al mismo señor Henshaw. En ellas, unas reales y otras que sólo están en el diario, van reflejándose las preocupaciones de su vida: que le roben la comida en el colegio, que sus padres estén divorciados, que casi no vea a su padre... Al final, comprende y acepta la decisión de su madre de vivir separada de su padre.
Cleary se caracteriza por saber presentar como interesante la vida ordinaria, por enfocar con realismo y buen humor los pequeños problemas cotidianos.

La novela en la que apareció Ramona por primera vez fue Henry Huggins (1950); Barcelona: Bruguera, 1970; 158 pp.; col. Héroes juveniles; trad. de Mariano y Rafael Orta; descatalogada. En este relato, ambientado en Oregón, se cuentan seis episodios protagonizados por Henry y sus amigos, Beezus y Ramona, cuando tienen ocho años, y un perro callejero, Pelanas, que al fin se queda con Henry. En novelas posteriores los protagonistas van creciendo.

La vida novelesca propia de Ramona se inició en Ramona la Chinche (Ramona the Pest, 1968; edición en Estados Unidos), cuando empieza su vida escolar en la guardería; y continuó con Ramona la valiente (Ramona the Brave, 1975), Ramona y su madre (Ramona and Her Mother, 1979), Ramona empieza el curso (Ramona Quimby, age 8, 1981), ¡Viva Ramona! (Ramona Forever, 1984), y El mundo de Ramona (Ramona’s World, 1999). Una idea básica es cómo, incluso en los casos donde todo se desarrolla con normalidad, también los chicos necesitan comprensión para sus inquietudes ordinarias.

Esto se ve bien en Ramona y su padre: una madre cansada y preocupada, una divertida rivalidad entre hermanas, un ambiente familiar cordial pero de cierta crispación por la situación laboral del padre, una disposición paterna elogiable por el tiempo que dedica a su hija. Al percibir la tensión ambiental, Ramona piensa que la suya no es una familia feliz, pero su padre se lo aclara:

«—Ramona, tengo que darte una noticia —dijo—. “Somos” una familia feliz.

—¿Seguro? —Ramona no parecía muy convencida.

—Sí, seguro —el señor Quimby no tenía ninguna duda—. Las familias no son perfectas. Convéncete de eso. Y las personas tampoco. Lo que pasa es que hay que intentarlo. Como nosotros».
Querido señor Henshaw, un relato más acerca de un chico víctima de la irresponsabilidad de sus padres, es diferente a los anteriores de Cleary por la temática y por el modo de narrar, realmente conseguido, en forma de cartas. Leigh Boots es un protagonista atractivo, sincero, espabilado... y preocupado:

«Pregunté a mi madre si creía (que mi padre) vendría para Navidad.

Ella me dijo: “Estamos divorciados. ¿No te acuerdas?”

Lo recuerdo muy bien. Lo recuerdo todo el tiempo».

Leigh se acaba dando cuenta de que su padre es inconstante e incapaz de asumir su responsabilidad como padre, y comprendiendo a su madre. Es de agradecer que la autora no recurra a un tramposo final esperanzador sin verdadero fundamento, aunque la única solución que pueda ofrecer sea esperar y aguantar sin más: «Sabes —dijo mi madre—, siempre que contemplo las olas, tengo la impresión de que por muy mal que nos parezca que van las cosas, la vida continuará.

Eso es lo que pensaba yo también, pero no hubiese sabido como decirlo, así que solamente dije:

—Sí».

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