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CASAS, Borita
Escritora española, seudónimo de Liboria Casas Regueiro. 1911-1999. Nació y falleció en Madrid. En la posguerra trabajó como locutora y guionista de radio hasta que la creación de Antoñita la fantástica la dio fama y recursos económicos. A finales de los cincuenta se casó y se marchó fuera de España unos años.

Antoñita la fantástica
(1948)
Madrid: Edaf, 2000; 202 pp.; ilustr. de Mariano Zaragüeta; reproducción facsímil de la edición de Gilsa de 1948; ISBN: 84-414-0794-0. Existe otra edición en: Madrid: Castalia, 1989; 277 pp.; edición, introducción y notas de Ramiro Cristóbal; ISBN: 84-7039-548-3.
9 años: lectores niños.
Narrativa: Vida diaria.
Antoñita, nueve años, vive con su familia en el madrileño barrio de Salamanca. Desde junio de 1947 hasta el día de Reyes de 1948, ella misma va narrando los sucesos de su vida cotidiana y presentando a las personas con las que se relaciona. En especial, sus padres, su abuela, su hermano Pepito, su tía Carol, la criada Nicerata y la asistenta Remigia.
Después de aparecer el año 1946 en la radio, estas historias se convirtieron en colaboraciones semanales en la revista Chicas (paralelo de la revista Chicos, donde aparecía Cuto, de Jesús BLASCO), que al cabo de un año compusieron un libro. A lo largo de una década fueron saliendo títulos sucesivos, hasta doce, en los que Antoñita y los personajes de su entorno van creciendo. Su popularidad se debió, sobre todo, al talante simpático y natural de la protagonista, que habla y habla (como más tarde lo hará Manolito Gafotas, personaje que también tiene un origen radiofónico) y, a la vez que transmite una visión cordial de la vida, va señalando las contradicciones entre lo que se pide a los niños y lo que ellos ven que hacen los adultos. Pasados los años, estas historias conservan interés, más que por lo que tienen de reconstrucción de la psicología infantil, por su carácter documental indirecto sobre la educación que recibían entonces las niñas, y, más aún, por ser un buen retrato de conjunto de la clase media madrileña, y contener un amplio muestrario de tipos y ambientes, de aquel momento.
¡Cómo está la juventud!

Un ejemplo de suave ironía puede verse cuando, en la fiesta de cumpleaños de su primo Paquito, un mimado hijo único con mucho dinero, Antoñita cuenta que «la tía Cárol apareció en la puerta con otra señorita de su edad.

Dijeron que venían sólo un momento para felicitar a Paquito; pero desde luego les dio tiempo a hincharse de jamón y pasteles, que las vi yo muy bien...

—¡Qué delicioso es sentirse niños! —decían mirándonos las muy hipócritas cuando ya se hartaron de comer de todo. Y después de fumarse un cigarrillo se marcharon corriendo, porque dijeron que estaban citadas a tomar el aperitivo.

—¡Cómo está la juventud! —suspiró la señora de la papada mirando a su vecino, el de la cara de zapatilla.

—¡Horrible, señora, horrible! —le contestó él, llevándose las huesudas manos a la boca para disimular un eructo».

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