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CARROLL, Lewis
Seudónimo del escritor inglés Charles Lutwidge Dodgson. 1832-1898. Nació en Daresbury, Cheshire. Era el tercero de once hermanos pero era el varón mayor, y siempre tuvo una particular habilidad para entretener a sus hermanos, componiendo revistas familiares para ellos. Estudió matemáticas, materia de la que fue profesor en Oxford y sobre la que publicó libros relevantes. También fue un fotógrafo pionero de gran calidad, en especial de niños. Fue ordenado diácono anglicano. Permaneció soltero. Escribió el primer libro de Alicia para una niña, Alicia Liddell, hija del decano de su Universidad, y tres años después salió publicado el mismo libro, modificado y con dibujos de John Tenniel. Murió en Guildford, Surrey.

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Il. de John Tenniel.
Alicia en el país de las maravillas
(Alice´s Adventures in Wonderland, 1865)
Madrid: Alianza, 2004, 11ª ed.; 184 pp.; col. El Libro de Bolsillo; ilust. de John TENNIEL; trad. y prólogo de Jaime de Ojeda; ISBN: 84-206-3626-6. [Vista del libro en amazon.es]
Hay otras ediciones en:
—Barcelona: Juventud, 1992, 9ª ed.; 150 pp.; col. Cuentos Universales; ilust. de Lola ANGLADA; trad. de José Fernández; ISBN: 84-261-0267-0.
—Barcelona: Lumen, 2003, 3ª ed.; 206 pp.; ilust. de Helen OXENBURY; trad. de Humpty Dumpty; ISBN: 84-264-3733-8.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Fantasía.
Una adormilada Alicia ve pasar a un conejo blanco de ojos rosados que se saca un reloj de bolsillo del chaleco y, «ardiendo de curiosidad», se puso a correr detrás del conejo, entró en su madriguera que, «de pronto torció hacia abajo, tan inopinadamente que Alicia no tuvo tiempo ni para pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecía un pozo muy profundo».
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Il. de John Tenniel.
Alicia a través del Espejo
(Through the looking glass and what Alice found there, 1871)
Madrid: Alianza, 2003, 5ª ed.; 223 pp.; col. El Libro de Bolsillo; ilust. de John TENNIEL; trad. y prólogo de Jaime de Ojeda; ISBN: 84-206-3625-8. [Vista del libro en amazon.es]
Hay otras ediciones:
—conteniendo Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo y titulado Las aventuras de Alicia, en Madrid: Anaya, 1988, 4ª ed.; col. Laurín; ilust. de John Tenniel; trad., apéndice y notas de Ramón Buckley; ISBN: 84-7525-171-4; agotado.
—conteniendo las dos Alicias y La caza del Snark: Barcelona: Plaza & Janés, 1997; 393 pp.; col. Ave Fénix; edición y trad. de Luis Maristany; 84-01-42187-X; agotado.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Fantasía.

También esta vez Alicia «estaba acurrucada en el rincón de una gran butacona, hablando consigo misma, entre dormida y despierta», jugando con un gato, al que habla de «qué bonito sería si pudiéramos penetrar en la casa del espejo [...]. Juguemos a que existe alguna manera de atravesar el espejo; juguemos a que el cristal se hace blando como si fuera una gasa de forma que pudiéramos pasar a través».

Los dos relatos de Alicia se consideran la cumbre del subgénero inglés por excelencia: el «nonsense», historias que arrancan de la lógica disparatada propias de los juegos y canciones populares de los niños. Además, si se piensa bien, los cambios de tamaño de Alicia no están muy lejos de los de su antecesor Gulliver. También se consideran el inicio de la moderna literatura infantil, pues Carroll fue el primer autor que adopta decididamente el punto de vista de los niños y que rompe con la tradición de los libros que les sermoneaban.

En otro sentido, la genialidad de Carroll para los juegos de palabras, lógicos y psicológicos, con un uso sobresaliente del monólogo interior, ha hecho que se le considere un predecesor de Kafka o Joyce, y que, por consiguiente, Alicia haya desbordado su inicial clasificación como cuento infantil. Sería engañoso pensar que Carroll construyó sus relatos dejándose llevar por el único fin de distraer y sorprender: sus obras tienen momentos en los que parece que lo inconsciente toma las riendas, pero su espontaneidad está muy trabajada para darnos a conocer mejor la realidad y, después de tantísimos imitadores posteriores, hoy sabemos bien que los relatos de «nonsense» son los que más sentido deben tener. Es también interesante pensar cómo, en una época que vibraba con noticias de nuevas conquistas geográficas y de aventuras en países exóticos, Carroll puso de manifiesto que los descubrimientos más decisivos están en el interior del hombre.

A pesar de su gran dependencia de las peculiaridades culturales británicas y de las dificultades de la traducción para lograr mantener la viveza de los juegos de palabras «la lectura de Alicia tiene una fuerza hipnotizante, a la que contribuyen el estilo rápido, la secuencia inesperada de situaciones, la intensidad de los ambientes y, sobre todo, la seguridad con que el lector se va cerciorando poco a poco de un extraño sentimiento, de una especie de “reconocer” un mundo que él también ha vivido» (Jaime de Ojeda). El estilo de Carroll es breve y rápido, sus diálogos entrecortados permiten asociaciones de ideas y de imágenes sin freno alguno, y su ingenio y capacidad para ensartar los sucesos y transformar cualquier situación produce unos efectos sorprendentes.

Movido por el éxito de Alicia en el País de las Maravillas, Carroll escribió una segunda parte en la que Alicia no se verá envuelta en un juego de naipes sino en una partida de ajedrez. Es como si Carroll quisiera indicar que las reglas de cualquier juego no son muy distintas de las que rigen el lenguaje y de las que ordenan la vida social. Suele afirmarse que Alicia a través del espejo está más elaborada y es más ingeniosa que Alicia en el País de las Maravillas, pero no tiene su frescura y quizá por eso su éxito entre los chicos es menor. Ahora bien, también a ellos les fascinan personajes como Humpty Dumpty, un inolvidable tipejo con forma de huevo que procedía de las canciones infantiles populares inglesas, y al que la caracterización de Carroll lo ha dejado para siempre como el representante de los fatuos con poder, inconscientes de su tontería y de su fragilidad. Él es quien habla de los «regalos de incumpleaños», quien conoce perfectamente las «palabras-maleta» o «palabras-baúl», «dos significados metidos en una misma palabra», como viscovivos, viscosos y vivos, o misébeles, miserables y débiles...
Siempre llegarás a alguna parte

Una de las escenas más conocidas de Alicia en el país de las maravillas es la de su diálogo con un misterioso Gato al que Alicia, perdida y angustiada, pide ayuda:

«¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí? Eso depende de a dónde quieras llegar, contestó el Gato.

A mí no me importa demasiado a dónde..., empezó a explicar Alicia.

En ese caso da igual hacia donde vayas, interrumpió el Gato.

...siempre que llegue a alguna parte, terminó Alicia a modo de explicación.

¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte, dijo el Gato, si caminas lo bastante».
Decir lo que piensas y pensar lo que dices

Y valga el siguiente pasaje como ejemplo de los juegos de palabras que recorren todo el libro:

«Entonces, continuó la Liebre, debieras decir lo que piensas.

Pero ¡si es lo que estoy haciendo!, se apresuró a replicar Alicia. Al menos..., al menos pienso lo que digo..., que después de todo viene a ser la misma cosa, ¿no?

¿La misma cosa? ¡De ninguna manera, negó enfáticamente el Sombrerero. ¡Hala! Si fuera así, entonces también daría igual decir “Veo cuanto como” que “como cuanto veo”.

¡Qué barbaridad, coreó la Liebre de Marzo. Sería como decir que da lo mismo afirmar “me gusta cuanto tengo”, que “tengo cuanto me gusta”.

Valdría tanto como querer afirmar, añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños, que da igual decir “respiro cuando duermo” que “duermo cuando respiro”.

Eso sí que te da igual a ti, exclamó el Sombrerero; y con esto cesó la conversación».
Más información biográfica

Morton N. Cohen, biógrafo de Carroll, profesor emérito de la City University de Nueva York y autor de libros dedicados a otros autores victorianos, dibuja a Carroll como «un hombre alto y erguido, vestido de negro, ceremonioso, meticuloso, exigente y correcto en su comportamiento. Pero su exterior severo encubría una imaginación de altos vuelos, un ingenio a raudales, una valoración amplia y de gran alcance de la condición humana, y la habilidad para conmover a otros, para persuadirlos, para hacerlos reír». Su figura ha suscitado siempre una enorme curiosidad, muchas veces morbosa, debido al enorme atractivo que sabía despertar en los niños y las niñas pequeñas, a pesar de su tartamudez. Cohen es un biógrafo riguroso que, sin embargo, emplea el curioso procedimiento de asumir las suposiciones turbias para concluir que, si de algo hay constancia fehaciente y probada es de la integridad del comportamiento de Carroll. En fin, más allá de las disquisiciones para psicólogos más o menos enfermizos, la biografía de Cohen da también unas reveladoras y sugerentes explicaciones de los dos libros de Alicia como de unos cuentos sobre el costoso proceso de hacerse mayor y la difícil búsqueda de identidad del niño que debe enfrentarse a un desconcertante mundo adulto.

Morton N. Cohen. Lewis Carroll (1995). Morton N. Cohen. Barcelona: Anagrama, 1998; 698 pp.; col. Biblioteca de la memoria; trad. de Juan Antonio Molina Foix; ISBN: 84-339-0780-8.

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