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NOVELAS «HISTÓRICAS» (3)


En positivo, en las novelas históricas se ha de valorar, en las que se nota con mucha claridad cuánta es la huella de un autor y su tiempo —y pienso en relatos más antiguos que son muy artificiosos—, los méritos de su tirón narrativo y su interés aventurero, de que son el origen de muchos otros posteriores, y de que consiguen avivar la comprensión de otras épocas y otras gentes (luego es responsabilidad nuestra la de buscar una información que complete, y en muchos casos corrija, los defectos de sus aproximaciones a los temas que traten). En los casos en los que corresponda es de agradecer que los autores pongan, al final, un apéndice donde aclaran qué datos históricos son incontestables y dónde comienza la inventiva del escritor.

En negativo se ha de tener en cuenta que si una mala historia tiene una moraleja, una buena historia es ella misma la moraleja: hay escritores con mentes didácticas que no pueden dejar de dar lecciones a sus lectores. También conviene recordar que es mejor leer a escritores muertos hablar sobre temas vivos que a escritores vivos hablar sobre temas muertos: las afirmaciones feministas en boca de personajes de Jane Austen o George Eliot suenan bien; cuando quien las pronuncia es una heroína medieval reivindicativa creada por un escritor de ahora suelen resultar sospechosas. Y una tercera frase, chestertoniana como las previas, que clarifica cómo valorar un relato de tipo histórico, es la de que no es lo mismo exagerar una verdad que exagerar un error: no importa que un guerrero bárbaro sea muy bárbaro; sí es reprochable que se den datos o que se insista en estereotipos falsos sobre personajes o hechos históricos reales, o que los contextos del relato presentan como ciertos (en Imperiofobia y leyenda negra se dan ejemplos muy buenos).

En la siguiente selección haré unos últimos comentarios sobre este tipo de novelas.


1970. El águila en la nieve, Wallace Breem. Año 406, el general Máximo defiende la frontera en el Rin. Cuando sus peores temores se cumplen, pues el río se hiela, ha de hacer frente a las tribus bárbaras que desean imperiosamente ocupar la Galia. Cuenta la historia el mismo Máximo, cuando ya es un anciano. La historia tiene tres apoyos principales: la personalidad de Máximo, la presentación del conflicto fronterizo, los aspectos relativos a las operaciones y movimientos militares. La narración es pormenorizada pero ágil. Con diálogos magníficos, logra transmitir los sentimientos crecientes de desesperanza y desmoronamiento del mundo conocido que tenían personas de la época. La batalla final es trágica e intensa.

1973. Cruzada en jeans, Thea Beckmann. Relato de aventuras históricas a las que se accede a través de un marco de ciencia-ficción. Un chico holandés de quince años, Rudolf Hefting, es transportado mediante un alocado experimento al año 1212. Un error de cálculo lo sitúa en medio de la Cruzada de los Niños. Una vez allí, Rudolf acaba siendo el conductor de una expedición que atraviesa Europa. La trama es ágil, la reconstrucción histórica es respetuosa y los contrastes que van surgiendo entre la Edad Media y el siglo XX son equilibrados.

1974. Ángeles asesinos, Michael Shaara. Narración de los tres días de la batalla de Gettysburg, la más sangrienta y decisiva de la Guerra de Secesión norteamericana. No es, ni en la intención del autor ni en la edad de sus protagonistas, un relato juvenil, pero sí es una historia de jóvenes soldados. Novela poderosa y absorbente que intenta exponer, en lo posible, las razones para la guerra, las motivaciones de cada uno para luchar, el dolor de que miembros de la misma familia o amigos de toda la vida estén en bandos separados, la conciencia que algunos tienen de que estaba en juego el destino de la nación, el planteamiento casi místico de la profesión militar de algunos mandos…

1977. Huida al Canadá, Barbara Smucker. Relato que viene a ser una versión reducida de La cabaña del tío Tom. Sus heroínas son dos chicas que, junto con otros esclavos negros, huyen a Canadá usando el «Ferrocarril Subterráneo», un sistema creado para esas fugas. Es un relato más aceptable para los parámetros mentales de algunos lectores actuales que la obra de Beecher Stowe, pero eso también quiere decir que no da cuenta de la mentalidad de la época con total veracidad.

1978. Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, María Teresa León. Libro escrito en los años sesenta pero publicado años más tarde. Con una prosa rica, que respira entusiasmo, la autora reconstruye diálogos y dibuja escenas que pudieron inspirar a Cervantes algunos pasajes del Quijote.

1980. El Sentinels, Peter Carter. Novela de iniciación y de aventuras marineras. En 1840, John Spencer, un huérfano inglés de quince años, es enrolado en un barco de la Marina Real cuya misión es perseguir el tráfico esclavista en la costa Oeste de África, la «Costa de los Esclavos». Se acaba uniendo a Lyapo, un nigeriano yoruba, con quien ha de aliarse para sobrevivir. Se presenta con viveza, y por momentos con tonos épicos, la lucha de los hombres de la marina británica por la libertad, mientras en su Parlamento hay quienes defienden que «libertad para comerciar en algo implica la libertad para comerciar en todo».

1985. Los ojos del ciego, Alison Morgan. Antiguo Israel, cuando la figura dominante era el profeta Isaías. En primera persona, es su nieto quien cuenta los conflictos: cómo hace amistad con un joven soldado asirio que intervino en el asedio en el que murió su padre, y cómo acaba siendo él quien interviene como mediador entre su abu

1988. El misterio Velázquez, Eliacer Cansino. Novela con elementos de fantasía en un marco histórico bien reconstruido. Nicolás Pertusato, un chico enano retratado en Las Meninas, escribe cómo llegó a figurar en el cuadro y los extraños incidentes de su realización. Su historia comienza cuando, con ocho años, es reclutado para servir en la Corte. Más adelante, Velázquez lo hace su protegido. Por voluntad de un extraño italiano llamado Nerval figurará en Las Meninas. Cuando Nicolás termina su narración, ocho días después de la muerte de Velázquez, tiene diecisiete años. Con un estilo preciso, ajustado a la época y a la persona que redacta, el autor construye una narración intrigante que abunda en el enigma de cómo Velázquez logró una obra tan poderosa que atrapa el tiempo.

1989. El aprendiz, Pilar Molina Llorente. Historia corta sobre las ambiciones y problemas de un chico en la Florencia del Renacimiento italiano. Otra novela de la autora es Pálpito de Sol (2001), una intriga cortesana en el escenario de pasillos y patios del monasterio de El Escorial, en época de Felipe II.

1991. Lyddie, Katherine Paterson. Lowell, Massachusetts, 1840. Historia de una chica que deja el campo para trabajar, en duras condiciones, en una fábrica textil. En contraste con las hermanas March de Mujercitas, Lyddie es una clase de protagonista que no aparecía en los libros decimonónicos ni en los de las primeras décadas del siglo XX: es una chica trabajadora, sensata, con afán de aprender…, pero a la que la obsesión de ganar dinero la vuelve egoísta y reticente a comprometerse en la lucha sindical, tal como intenta una compañera que haga.

1993. La espada y la rosa, Antonio Martínez Menchén. Baja Edad Media. Al monasterio en ruinas donde viven el ermitaño Martín y el joven Moisés, llega Gilberto, un caballero enfermo, antiguo cruzado. Recuperada la salud, Gilberto reemprende su peregrinación a Santiago acompañado por Moisés. Cuando Gilberto descubre el origen noble de Moisés decide desandar el camino para llevarle a sus posesiones. Jalonan el relato multitud de relatos cortos, contados por diversos personajes. Empleando el viaje como imagen de la vida y recurriendo a textos literarios de la época, el autor efectúa una creíble reconstrucción de aspectos de la vida en la Edad Media.

1994. El río y la fuente, Margaret Ogola. Relato que abarca cuatro generaciones en Kenia. Akoko Obanda, fallecida en 1973 con casi cien años, es la fuente del río. Viene después su hija Nyabera que, cuando se convierte al cristianismo, arrastra detrás a su madre. Su nieta Elizabeth se hace maestra y tiene siete hijos. La narración se centra entonces en los mayores: las gemelas Vera y Becky, los dos siguientes Aoro y Tony… Narración rica y fresca, llena de buen humor y de mucha información sobre costumbres y modos de vida. De modo positivo, pero sin ocultar la dureza de las vidas de sus personajes, se habla del papel de la mujer, de la influencia del cristianismo, de los cambios sociales que se han producido en el siglo XX…

1994. La Expedición del Pacífico, Marilar Aleixandre. Novela de aventuras científicas y marineras en el XIX cuyo protagonista y narrador es una chica que no deja de hacerse reflexiones sobre la condición de las mujeres de la época. En 1862 ocho naturalistas embarcan rumbo a Sudamérica. Entre ellos va, como polizón, Emilia Goianes, de trece años, cuyo hermano es uno de los científicos. Contra el fondo del paisaje político de la España de la época, la autora construye una trama verniana en la que, tomando pie de una expedición real, da descripciones científicas precisas y acertadas pinceladas sobre la maduración de la heroína.

1994. Corazón de Roble, Emili Teixidor. Cataluña del siglo XIX, al final de la tercera guerra carlista. Con lenguaje preciso se cuenta que un chico de pasado misterioso, que se queda cuidando la masía El Roble, va salvando situaciones comprometidas con ayuda de una niña valiente y deslenguada que trabaja como hilandera. De paso, averigua su pasado.

1996. Un espía llamado Sara, Bernardo Atxaga. Guerras carlistas. El protagonista es un espía que consigue llegar al campamento del general Zumalacárregui para proporcionarle una valiosa información pero, una vez allí, debe desenmascarar a un espía de los liberales que actúa en el interior de las tropas carlistas. Como en muchas aventuras, el héroe no sólo descubre lo que busca sino, también, otras cosas más importantes: que su ideal era una luz que no le guiaba sino que le cegaba.

1997. El vendedor de noticias, José Luis Olaizola. España, siglo XI. Sebastián, 14 años, aspira a ser «vendedor de noticias», el trabajo de llevar mensajes e informaciones de un bando a otro, muy común entre los habitantes de Naciados, un pueblo de Cáceres. Se le presenta la oportunidad cuando ha de informar a la condesa Columba y a su hermano, el conde de Lácar, del paradero de su sobrina. Pero Sebastián va conociendo las intenciones de sus nuevos amos y, aconsejado por su abuelo y una ermitaña, acude al Cid para que intervenga. Relato bien ambientado históricamente con algo de novela de maduración.

1998. Puertas de fuego, Steven Pressfield. Narración larga del famoso episodio del paso de las Termópilas, el año 480 antes de Cristo, cuando trescientos espartanos al mando de Leónidas detienen al gigantesco ejército persa. El relato atrapa por la tensión de su argumento, por sus descripciones precisas de multitud de detalles, y por los vaivenes que sufren los personajes. Hay en la novela una defensa feroz de la libertad tal como la entendían los espartanos, una libertad propia de los privilegiados que tienen esclavos pero también una libertad que no acepta imposiciones externas.

1999. Querido Bruto, José Ramón Ayllón. Mediante supuestas cartas a Bruto, Julio César hace balance y rinde cuentas. Relato reflexivo en donde se presentan (muy favorablemente) los modos en que los romanos entendían el amor, la amistad, la política, etc. En ella son muchas las expresiones afortunadas y las máximas sabias: «El hombre de deseos insaciables es como un tonel agujereado: se pasa la vida intentando llenarse, acarreando agua en un cubo igualmente agujereado».

2001. Recordando a Lampe, José Luis de Juan. Martin Lampe, un exsoldado prusiano, después de haber sido criado de Kant durante casi cuarenta años, es despedido y sustituido por otro exsoldado llamado Kaufmann. Relato fluido, históricamente bien enmarcado, e irónicamente bienhumorado. El lector termina interesado en la historia del obtuso Lampe, del diligente Kaufmann, y, desde luego, en la del tan excepcional como singular Kant.

2002. Adara, Beatrice Gormley. Mediados del siglo IX antes de Jesucristo, antiguo Israel. Adara es una joven a la que capturan los ejércitos del general sirio Naamán y termina siendo una criada de su mujer. Cuando Naamán contrae la lepra, es ella quien le dice que hay un profeta en Israel que puede curarle. Relato básicamente fiel a un episodio del libro segundo de los Reyes de la Biblia. La narración está contada en primera persona por Adara, una chica curiosa, con inquietudes y el deseo de aprender a leer y a escribir. El lector se hace cargo de sus esperanzas y decepciones, y se alegra de que consiga por fin su sueño.

2006. Amo a Will Shakespeare, Carolyn Meyer. Apoyada en los pocos datos conocidos de la vida de Shakespeare y de la que fue su esposa, Agnes Anne Hathaway, la autora compone una novela que destaca por su empeño en presentar a su heroína como un personaje creíble y por huir de concesiones a la mentalidad actual. Están bien descritas las condiciones de vida de la época: trabajos del campo, hábitos de comportamiento social, enfermedades y muertes, amenazas que se cernían sobre quienes en secreto seguían siendo católicos, etc.

2007. Soy la hija de Rembrandt, Lynn Cullen. La narradora es la hija que el pintor holandés tuvo con su doncella. Su historia se centra en los aspectos del comportamiento de su padre que no comprende. La escritora desea ser fiel en su perfil de Rembrandt: áspero, independiente, consciente del valor de su propia pintura frente a la opinión de sus compradores contemporáneos, e incapaz de pintar para ganar reconocimiento y dinero.

2011. Ciudad de huérfanos, Avi. Nueva York, 1893. A Maks, un chico de trece años que vende periódicos, le amenaza una banda. Además, su hermana Emma es acusada de robar un reloj y la encarcelan. Con ayuda de una chica llamada Willa, Maks hará frente a los dos problemas. Argumento ameno y bien hilado. Los personajes atraen. Los momentos de acción tienen intensidad. El tono coloquial y explicativo, y el hecho de que todo se cuente en presente, sirve para dar viveza e inmediatez a los incidentes y a las descripciones, precisas y claras, de los ambientes de Nueva York en la época.



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